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-𝐍𝐀𝐑𝐑𝐀𝐃𝐎𝐑 𝐎𝐌𝐈𝐂𝐄𝐍𝐓𝐄-

La mañana llegó envuelta en luz dorada y olor a mar. Tn abrió los ojos despacio, desorientada un segundo, hasta que sintió el calor familiar pegado a su espalda y los brazos de César envolviéndola desde atrás, su respiración lenta y pareja contra su nuca. Sonrió antes de poder evitarlo.

Ahí estaba. Real. Suyo.

No lo despertó. Se quedó quieta un rato más, escuchando el mar afuera y el latido de él contra su espalda, grabándose ese momento en algún lugar donde no se pudiera borrar nunca.

Fue César quien se movió primero, apretándola más fuerte antes de abrir los ojos.

—Buenos días, mi chula —murmuró con la voz ronca de recién despierto, besándole la nuca.

—Buenos días, mi amor —respondió ella, girándose para mirarlo.

Tenía el cabello revuelto y los ojos todavía pesados de sueño, y aun así era el hombre más guapo que había visto en su vida. César sonrió al verla mirarlo así y le robó un beso corto, luego otro, luego uno más largo.

—Tengo que levantarme —dijo él contra su boca, aunque no hizo ningún movimiento para hacerlo—. Quedan tomas.

—Ya sé —respondió ella, enredando los dedos en su cabello—. Pero todavía no.

Él se rió bajito y la abrazó más fuerte.

—Todavía no —repitió.

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El yate era grande, blanco y ridículamente bonito bajo el sol de la mañana. El equipo ya estaba montado sobre el yate, las cámaras listas, el sol pegando perfecto sobre el agua. Y ahí, apoyados sobre la barandilla como si fuera lo más normal del mundo, estaban todos.

Cristhian con el brazo sobre los hombros de Valen. Carlos con Lillian pegada a su lado. Luna con los audífonos colgados al cuello mirando todo con curiosidad. Ramón y Paola tomados de la mano. Y Claudia con esa sonrisa tranquila que Tn reconocía desde siempre.

Carlos fue el primero en verlos. Naturalmente.

—¡Aaah, miren quién apareció! —anunció, abriendo los brazos como si fuera una celebración oficial—. Los tortolitos. Buenos días, o lo que queda de ellos.

—Son las nueve de la mañana, Carlos —dijo César sin inmutarse.

—Ya sé. Y ustedes llegando ahorita. Interesante.

—No es interesante.

—Muy interesante.

César puso los ojos en blanco pero no pudo evitar la sonrisa. Tn se escondió un segundo detrás de su hombro antes de saludar.

Saludó a todos con besos tratando de ignorar la sonrisita que Carlos no se molestaba en esconder. Cristhian la saludó con un abrazo y luego la miró de arriba abajo con esa cara de cuñado chismoso que lo sabe todo.

—¿Dormiste bien? —le preguntó, inocente como él solo.

—Perfectamente, gracias.

—Qué bueno —dijo, asintiendo despacio—. Qué bueno.

Tn lo miró mal. Él le sostuvo la mirada con una sonrisa de santo. Valen, a su lado, le dio un codazo discreto.

—Ya —le murmuró.

—Si no dije nada.

—Tu cara dice todo.

Paola abrazó a Tn con genuino cariño y le dio un beso en la mejilla.

𝙎𝙞,𝙎𝙞 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩𝙪 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora