45.

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𝐍𝐀𝐑𝐑𝐀𝐃𝐎𝐑 𝐎𝐌𝐈𝐂𝐄𝐍𝐓𝐄.

La noche había caído con un peso extraño, como si el aire supiera que algo importante estaba a punto de romperse… o de salvarse.

Tn estaba sentada en el sillón, con las manos entrelazadas sobre las piernas. No lloraba. Ya no.
Pero le dolía todo.

Le dolía el pecho, como si respirara con dificultad.
Le dolía la garganta, cargada de frases que había ensayado una y otra vez.
Y le dolía el silencio de la casa, que se sentía más ruidoso que cualquier grito.

Había pasado los últimos minutos mirando un punto fijo en la pared, respirando hondo, repitiéndose que tenía que hacerlo. Que tenía que hablar.

Habían pasado algunas horas desde que Carlos y Cristhian se fueron, después de aquella charla que la dejó con el corazón temblando.

No la juzgaron.
No le reprocharon.
Pero sus palabras fueron sinceras… y eso dolía más.

“César no está bien.”
“Te ama, pero está roto.”

Su cuerpo se movía solo, impulsado por la necesidad de ponerle fin al silencio que los estaba consumiendo a los dos. No sabía si quería arreglarlo, si quedaba algo por rescatar, pero necesitaba hablar. Necesitaba verlo.

Cuando llegó frente a la casa, el portón estaba entreabierto. Las luces del interior estaban encendidas, y desde la ventana podía distinguir sombras moviéndose: seguramente su mamá o Luna. Tragó saliva antes de tocar el timbre, con el corazón acelerado.

La puerta se abrió lentamente. Era Luna.

—¿Tn? —dijo sorprendida, sin malicia.

—¿Está César? —preguntó Tn con voz baja.

Luna dudó unos segundos antes de responder. —Déjame ver… espera aquí.

Tn asintió y dio un paso atrás. El sonido de la puerta cerrándose le pesó. Pasaron unos minutos que se sintieron eternos. Desde dentro se escuchaban murmullos, pasos, y luego el silencio.

Cuando la puerta volvió a abrirse, Luna la miró con los ojos tristes.

—Dice que no quiere ver a nadie.

—Luna, por favor —suplicó Tn, con la voz quebrada— Solo necesito hablar con él un momento.

Luna bajó la mirada, dudando. —Voy a intentar otra vez.

Tn esperó. Esta vez fue la madre de César quien salió. Tenía el gesto cansado, la expresión de quien ya no sabe cómo ayudar.

—Hija… —suspiró suavemente— No sé qué pasó entre ustedes, pero desde que volvio a esta casa no ha sido el mismo.

—Solo quiero hablar con él —repitió Tn, casi en un hilo de voz— No me iré sin hacerlo.

La mujer asintió con comprensión.

—Está en el patio, sentado desde hace rato. Si el quiere hablar, entra, solo háblale con calma, por favor.

Asentí.

Luna regresó.

—Dijo que… que salieras —dijo— Está en el patio.

Tn cruzó el pasillo con el corazón en la garganta. Al fondo, en la penumbra del patio, lo vio. César estaba sentado en una silla metálica, la cabeza gacha, los codos apoyados en las rodillas.

Parecía más cansado de lo que recordaba.
Más delgado.
Más roto.

Sus ojos estaban rojos. Cansados.

𝙎𝙞,𝙎𝙞 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩𝙪 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora