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𝐓𝐍 𝐆𝐀𝐌𝐄𝐙.

La casa estaba en silencio, mi mente no.

No era solo culpa.
Era una sensación rara, como cuando sabes que algo importante ocurrió y tú no estuviste consciente de ello hasta después.

Desde hace unas horas, las palabras de Luna no me dejaban en paz. No porque me acusaran, sino porque no tenían sentido… al menos no completo.

“Salió nervioso.”
“Quería arreglar las cosas.”
“Regresó distinto.”

No podía dejar de repetirlo.

Me senté en el sillón con las piernas cruzadas, el celular olvidado sobre la mesa. Intenté convencerme de que no significaba nada, de que César simplemente había salido a despejarse, de que el tiempo nos tenía a los dos sensibles. Pero mi mente no me dejaba en paz.

Porque había detalles que no cuadraban.

La puerta abierta.
La hora.

Y esa sensación extraña de que algo había pasado sin que yo lo supiera.

Me llevé las manos al rostro y respiré hondo. No quería pensar en eso. No quería imaginar escenarios que me hicieran sentir peor. Pero era imposible no hacerlo cuando todo apuntaba hacia el mismo lugar.

¿Y si César estuvo ahí?

La idea apareció tímida, como si mi mente la probara antes de aceptarla. Me enderecé en el sillón, sintiendo cómo el corazón me empezaba a latir más rápido.

No.
No podía ser.

Si me hubiera visto… ¿no me habría dicho algo? ¿No me habría reclamado? ¿No se habría enojado?

Pero César no era así.
César era de callarse.
De tragarse las cosas.
De cargar solo.

Me estremecí.

Recordé su mensaje: “Ahora no.”
Frío. Correcto. Lejano.

No sonaba a alguien que no sentía nada. Sonaba a alguien que sentía demasiado.

Me levanté y empecé a caminar por la sala, incapaz de quedarme quieta. Cada paso era una pregunta sin respuesta. Cada recuerdo se reacomodaba con un matiz distinto.

Luis acercándose.
Mi reacción tardía.
El empujón.

Yo sabía lo que había sentido. Sabía que no había querido ese beso. Pero también sabía algo peor: desde afuera no se veía así.

Y si César solo había visto una parte…
Si solo había llegado a ese segundo exacto…

El estómago se me revolvió.

El sonido del timbre me sobresaltó.

Me detuve en seco.

Miré el reloj. No esperaba a nadie.

Volvió a sonar.

Caminé hasta la puerta con el corazón acelerado y la abrí.

Carlos y Cristhian estaban ahí.

Carlos: Hola —dijo, con una media sonrisa que no logró ocultar la preocupación en su rostro — ¿Podemos pasar?

Asentí de inmediato y me hice a un lado. Cerré la puerta detrás de ellos y el ambiente se llenó de una incomodidad espesa, como si los tres supiéramos que esa conversación no iba a ser fácil.

Nos sentamos. Nadie habló durante unos segundos.

Cristhian: No venimos a pelear —dijo al final— Ni a reclamarte nada.

𝙎𝙞,𝙎𝙞 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩𝙪 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora