38.

1.2K 107 21
                                        

𝐂𝐄𝐒𝐀𝐑 𝐏𝐀𝐑𝐑𝐀.

Carlos:¡Te lo juro, no lo veía sonreír así desde hace semanas! —rió, lanzándo una pelota pequeña mientras esta daba vueltas por la sala.

Cristhian:¿Qué te pasa, gemelita? —añadió, levantando una ceja— Hace días estabas que ni tú te soportabas. ¿Ahora qué pasó?

-Nada —le contesté, encogiéndome de hombros, aunque no podía ocultar la sonrisa que se me escapaba.

Carlos me miraba con los brazos cruzados, medio sonriendo. No le podía mentir, es mi gemelo, me conoce más que nadie, para que ocultarlo.

Atrape la pelota para hacer tiempo, sonriendo de oreja a oreja.
—Tn me escribió. Quiere que hablemos. Ella… ella lo pidió. Solo nosotros.

Carlos soltó un silbido, impresionado.- Vaya. ¿Después de tantos pedos? Eso suena bien popreno.

Cristhian: ¿Crees que lo arreglen? —preguntó, un poco más serio.

—Eso espero —conteste, dejando caer la pelota al sofá—. Solo quiero que hablemos de verdad, sin gritos, sin puertas cerradas. Siento que por fin me está dando ese espacio

Cristhian: Suerte, hermano —añadió—. Solo… no vayas tan acelerado, ¿sí? A veces las cosas no son como uno espera.

No quise detenerme en eso. No hoy. Hoy solo quería creer que todo iba a salir bien.

Nunca pensé que volvería a sonreír de esa manera.

Era casi ridículo lo fácil que un mensaje suyo podía levantarme del pozo.
Llevaba semanas apagado, tirando los días como quien arrastra los pies, contando solo los momentos en que trabajaba con mis hermanos para no sentirme vacío. Pero hoy… hoy algo cambió.

Esas  palabras, saliendo de ella, fueron como oxígeno directo a los pulmones.
Me levanté del sillón con una energía que no recordaba tener, peinándome rápido frente al espejo del pasillo, buscando las llaves con una torpeza tonta.

Mientras bajaba las escaleras, escuché la voz de mi ama desde la cocina:
-¡César, hijo! ¿A dónde vas tan sonriente? ¡Qué milagro verte así!

Me asomé solo para regalarle una sonrisa rápida.
—Voy a arreglar algo, ma’. Después te cuento.

Ella sonrió también, aunque su mirada quedó un poco preocupada mientras me iba.
No importaba. Cuando regresara, iba a poder contarles que todo se había arreglado. Que Tn y yo habíamos encontrado la forma de volver a ser nosotros.

Ese pensamiento me sostuvo todo el camino.

Con el corazón latiendo rápido, maneja hasta nuestra casa, repasando mentalmente qué decir, qué no decir. Quería pedirle perdón. Quería escucharla. Quería volver a mirarla a los ojos y sentir que podíamos recomenzar.
Que todavía somos nosotros.

Cuando llegué a la casa, la vi esperándome en el patio.
El viento movía apenas su cabello atado en alto.
Llevaba esos jeans que tanto me gustaban, con esa camiseta amplia que solía ponerse los días que quería estar cómoda.
Me acerqué con una sonrisa genuina, sintiendo cómo el pecho me latía con fuerza.

—Hola —saludé, casi con un nudo de emoción.

Tn: Hola —respondió ella, con una voz tranquila, demasiado tranquila.

Me detuve a un metro de distancia, tratando de leer su expresión. No era fácil.
No sonreía. No tenía los ojos brillantes.

—Gracias por escribirme —dije, intentando mantenerme positivo—. Te juro que he querido hablar contigo desde hace tanto. Extraño que podamos simplemente sentarnos, mirarnos… hablar, sin pelear.

𝙎𝙞,𝙎𝙞 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩𝙪 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora