Al llegar a la casa, descubrimos que solo tenía tres habitaciones. Todos en la sala, con los bultos y demás cosas que habían traído, hablando en desorden y sin saber qué hacer. Jean inmediatamente, decidió arreglar el problema; ya que algo tan pequeño lo habían convertido en un caos.
"Gente! Cálmense! Ya sé lo que haremos. Rodrigo, Manuel y yo, compartiremos una habitación. Thais, Johanna y Marie, compartirán la otra..." Jean no dijo más, en realidad, no necesitó. Era obvio que éramos la única pareja entre todos, así que nos dejarían dormir juntos, y solos, en una habitación.
"Buena idea, Jean!" comentó Thais guiñándonos un ojo a Arnaldo y a mí. Por un instante, me sentí algo sonrojada. Entre Arnaldo y yo aun no había ocurrido nada íntimo, y creo que este no era el fin de semana indicado para esto. Aun así, la mente de mis amigos correría a mil por hora.
Sin decir más, todos comenzaron a acomodarse en sus habitaciones. Estaríamos casi cuatro días allí; así que era conveniente ponernos cómodos y disfrutar al máximo; esto no se daba todos los días.
Tomé mi pequeña maleta, y caminé de la mano de Arnaldo, quien llevaba sus cosas también, hasta la que sería nuestra habitación por los próximos días. Acomodamos todo lo que pudimos, cuando de repente, el malestar me atacó de nuevo.
"Quieres ir a nadar un rato?" preguntó Arnaldo lleno de emoción.
Me sentí mal al saber que no podía conceder su deseo, por lo menos no en la próxima hora. Necesitaba mi medicamento, y recostarme un rato en lo que se me pasaba.
"Creo que me quedaré aquí un rato...no me siento bien..." le comenté mientras lo miraba algo triste.
"Qué te sucede, Natalia?" cuestionó este lleno de preocupación.
"No es nada que no pueda soportar. Después de todo, estoy acostumbrada...Probablemente en una hora estaré bien; en lo que los medicamentos actúan en mi sistema" sonreí llena de esperanza de que luego podría compartir con él.
"Ya entiendo... Ya sé lo que te sucede. Que mala ocasión para eso..." el rostro de Arnaldo estaba lleno de simpatía.
"Pero, no te quedarás aquí por mi culpa. Ve con los demás, disfruta, yo luego los alcanzo" fueron mis palabras mientras me quitaba mis sandalias y buscaba en mi bolso los medicamentos, acomodándome luego en la cama.
"No, señorita. Hoy es su día, y vine a pasarla con usted. Así que me tendrá que soportar lo que queda del día..." la reacción de Arnaldo me tomó por sorpresa, quitándose sus zapatos y acomodándose a mi lado en la cama.
"De veras, mi vida. Estaré bien... Encenderé la televisión, o leeré un libro. La pasaré bien..." había alguna manera de hacer cambiar de opinión a este hombre?
"No me importa lo que digas. Tengo que asegurarme que estés bien. Tengo planes luego..." la sonrisa maliciosa en su rostro, me llenaba de preocupación.
"De acuerdo, tú ganas, Arnaldo" y acurrucándome a su lado, varios minutos luego, quedé dormida sobre su pecho. El viaje había sido algo largo, y los medicamentos que estaba tomando, me causaban algo de sueño.
Al abrir mis ojos, noté que había perdido la gran mayoría del día. Por la ventana, podía observar la luna en todo su esplendor. No había estrellas en el cielo, pero la luna brillaba lo suficiente como para no necesitar luces adicionales.
Arnaldo no estaba a mi lado. Seguramente se aburrió de verme dormir, y se fue a la playa con los demás. Me levanté, buscando entre mis cosas un traje corto, perfecto para una noche en la playa, y caminé hasta el baño de la habitación. Luego de una ducha que me despertara mejor, salí a peinarme y a ponerme algo de maquillaje.
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Duele ser infiel
RomanceNatalia, una hermosa chica, sin familia, pero exitosa. Sus padres fallecieron en un aparatoso accidente y no tenía más familia. Vive un romance con Orlando, un hombre que podría ser su padre. Pero quien despierta en ella sensaciones que jamás imag...
