Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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Ojoloco Moody, ¿un completo lunático?
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A la mañana siguiente, la tormenta que había azotado la noche anterior parecía haber desaparecido, dejando nubes grises en el cielo que se veían reflejadas en el techo del Gran Comedor, dándole un aspecto deprimente. Lilith y el trío de oro se habían sentado en la mesa de Slytherin, leyendo junto a su grupo (a excepción de Daphne, Astoria, Dhalia y Bianca, como se había vuelto costumbre).
-Hoy no está mal: afuera toda la mañana. -Lilith levantó la vista de su propio horario, dándole a Ron su atención-. Botánica con los de Hufflepuff y Cuidado de las Criaturas Mágicas con Slytherin.
-Y luego dos horas de Adivinación -gruñó Harry, observando su propio horario. Era claro que Adivinación era su materia menos favorita.
-Tendrían que haber abandonado esa asignatura -habló Hermione, agradeciéndole a Leo cuando le entregó una tostada con manteca-. De esa manera estudiarían algo sensato como Aritmancia.
-Estás volviendo a comer, según veo -observó Ron.
-¿No estabas comiendo, libritos? -preguntó Leo, con preocupación.
-Estaba luchando contra lo que los elfos domésticos querían -bromeó el pelirrojo
.-¿Cómo estás seguro de que no lo quieren? -le preguntó Lilith, bebiendo de su té-. No se puede saber si no quieren algo que nunca han tenido.