Matias Belly
Camine pasando por la cancha de fútbol y vi a los muchachos entrenar. Aun recordaba cuando yo estaba en ese equipo, estos inútiles no lograban nada y tampoco lo harían sin mi. Era patéticos.
Aun recordaba cuando el drogadicto de José había metido su marihuana en mi bolso en una de las practicas para que no se la atraparan en la revisión de ese día. Todos sabían que había sido el y muy cabrón se quedo callado cuando, al revisar los bolsos su mercancía apareció el mio. Lo mas lógico ocurrió y fui expulsado como un reverendo imbécil. Lo peor fue que luego de eso se corrió el rumor de que yo vendía, y me llegaban comprándome droga.
Los molí a golpes por cabrones.
¿A quien se le ocurriría pensar que vendía droga? Fue un milagro que no me expulsaran del instituto. Después de ese día me encargue de daré una paliza a José. Cuando lo espere afuera a la hora de salida estaba tan drogado que ni siquiera podía conectar un buen golpe. Tuve que esperar que se le bajara el subidon monumental que se había dado. Al día siguiente lo espere en la mañana a la entrada, estaba segura que a las 8am no estaría drogado y así fue. Le di y le di hasta que la rabia e impotencia habían desaparecido de mi cuerpo, me lleve un par de golpes en respuesta pero desde ese día no se me volvió a cruzar.
Como siempre lo hacia, el día que fui expulsado fui a casa de mis padres y ellos solo se limitaron a mirarme para decir que debía ir a un laboratorio para hacerme la prueba Antidopi o Antidopaje. Era de esperarse que pensaran que la hierva era mía.
Me fui a mi refugio, donde siempre era recibido con las manos abiertas y una barra de chocolate.
Natalia abrió la puerta de su casa y se me lanzo a los brazos. Ella siempre era mi lugar seguro, no importaba lo que pasara siempre podría ir a su casa y tendría sus brazos para refugiarme y la barra de chocolate para endulzar mis amarguras.
Había enloquecido cuando la había visto con puto de Mauricio. ¡¿Como se le ocurre?! Hacia tan solo una semana lo había visto tirándose a Karla detrás de las gradas del campo de fútbol y ahora quería venir a dárselas de indignado con Natalia. Ella era tan estúpidamente inocente y crédula que al verlo con su pinta de niño bueno ya le creía todas las cursilerías que escupía por la boca de lagarto que tenia. Una ira desconocida me corrió por las venas cuando lo vi con ella, como tantas veces yo había estado con otras. Enesemismobaño.
Oír su gemido casi me dejo congelada en el sitio, si bien he escuchado y hecho gemir a algunas chicas oírlo de labios de Natalia me heló la sangre. Verla allí con la cara roja, los labios rojos y abiertos dejando escapar sus jadeos mas sus manos apretando la espalda del imbécil me enloqueció. Quise arrancarle las pelotas y hacérselas tragar. Cuando ella me vio casi pude palpar su miedo, luego el bastardo se volteo y clave mis ojos en su entrepierna. El desgraciado lo tenia parado. Es obvio a Natalia se le veían las piernas y la ropa interior, por no nombrar que sus senos redondos y cremosos estaban a la vista.
¡Maldita sea! Me enfurecía la idea de que sus manos asquerosas pudieron tocarla. Me quemaba por dentro recordar que el la había hecho gemir, el no la quería, solo se la cogería y la botaría y ahí yo lo reventeria a palos, por tocar a la mejor persona que he conocido. Ella es una de las pocas personas puras que realmente me quieren a pesar de saber la mierda de persona que soy. No puedo dejar que una basura como ese cabrón la dañe. No me llamaría hombre si dejase que eso ocurriera.
Una mano traviesa se introdujo por el bolsillo trasero mi pantalón sacándome de mis pensamientos. La mano se curvo y pellizco suavemente mi nalga derecha. Le sonreí encantador a Melissa que caminaba junto a mi.
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Aprendiendo a Seducir (Editando)
Teen FictionHace dos años que lo conocí y caí inevitablemente en sus redes. Y, como es natural en estos casos, fui a dar a la Friend Zone. Si, amigos, Friendzone. Aquel lugar reservado para almas en pena y condenados a muerte lenta. Nunca pensé que descubrir e...
