La llamada de Silvia

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Caminaba por el patrio trasero del instituto. Me había convertido en la visión humana de un león enjaulado, dando vueltas inútiles de un lado a otro, zanjando el piso. Desesperándose. Desde el mismísimo instante en el cual mi cerebro acepto el hecho que quería a Matias conmigo había entrado en un estado de conmoción e inestabilidad total. No podía estar quieta en una misma posición por mas de 5 minutos, padecía de un subido de adrenalina de forma permanente, era incomodo e infructuoso, como tomarse un Red Bull e intentar quedarte sentada como buena niña, es decir, algo imposible.

Ahora que sabia que lo quería me sentía nerviosa por la idea de verle, de abrazarlo o que se quede en mi casa algún día. Me había convertido un estúpido saco de nervios. Creo que esa actitud viene programado en el código genético de las féminas, seguro es un cromosoma bastardo de nombre extraño e impronunciable que nos hace actuar como estúpidas sin materia gris cuando alguien que nos gusta esta a menos de dos metros.

Teníamos una suerte de mierda. ¡Hasta la genética nos quería joder!

Mire el techo de un aula en la que me encontraba, como era de esperarse había huido del pequeño patio donde me encontraba escondida, era una cobarde y contra eso no había nada que hacer. Ya casi era hora de volver a casa y yo ya me mataba la cabeza y exprimía cada neurona pensando en como lograr cumplir la enorme -y suicida- misión de enamorarlo.

No sabia porque pero algo me decía que la técnica de “te ignoro para que te enamores” no iba a funcionar con el. Además había un gran factor que debía tener en consideración. Era de senos grandes, piernas largas y una vagina disponible para todo publico las 24 horas al día: Melissa.

Estaba 100% segura que la muy perra seria una piedra en el zapato y haría hasta lo imposible por mantener a Matias entre sus piernas.

Debía pensar con mente fresca. ¿Que tenia yo para combatir contra ella? Por un lado, yo era su mejor amiga y el confiaba en mi. Conocía todo de el y para bien o para mal, yo era su amiga y ella... ella solo era un capricho de momento. Estaría embobado con ella hasta encontrar alguien con mejor cuerpo o que se lo tire mejor, mi misión era tenerlo a mis pies antes de que eso pase.

Era una tarea malditamente difícil.

Una idea cruzo por mi mente. ¿Ellos tenían una relación monógama? Dudo seriamente que alguien como Melissa sepa o al menos sospeche lo que es la fidelidad. ¿Resistirse a un hombre atractivo que le coquetee? ¡Imposible! Sus labios bien formados se subirían involuntaria en una sonrisa que dice “soy fácil, hagámoslo en un baño”. Era una puta de lo peor.

Y no decía que era una puta por hacerlo en un baño porque bueno... no todas las personas que tienen sexo en un baño son unos putos de lo peor... son circunstancias distintas. Pero para ella ese era uno de sus hoteles mas clásicos. Me preguntaba si algún día yo tendría sexo en un baño, carro o algo asi. Ya sabia que era algo tremendamente indecente pero eran experiencias, eso no me haría una completa perra... verdad? Si es bastante malo...aunque solo una ves... si nadie me veia yo podría.. Arg!! Esto no tiene que ver.

¡Concéntrate Natatalia! Pensé con fuerza tratando de volver al tema importante en este momento: Matias Belly.

Existía ahora otra complicación con mi plan -no desarrollado- para atraer a Matias y era el hecho de que yo no podía perdonar tan fácil lo que me había hecho. Por mas que lo amaba enloquecidamente no podía dejar pasar esta falta, me había hecho algo terrible y seria insólito y una falta de dignidad y amor propio que lo olvidara o lo dejara pasar así como así.

Lo trataría con indiferencia por algunos días, ayudaría muchísimo a mi autoestima verlo pedir seguir siendo amigos -yo quería mas que eso obvio- y le daría un mensaje directo a Melissa.

Aprendiendo a Seducir (Editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora