Manos traviesas

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Mi puerta se azoto con fuerza, asustándome y haciéndome pegar un brinco en la cama.

-Hoooola guapa – dio dos pasos y cayo de rodillas al piso – me jaces falta.

Con otro brinco me levante de la cama completamente adormilada. Pestañee varias veces ubicando al dueño de la voz, no necesitaba ser iluminado por nada para poder reconocerlo.

Lo encontré en el piso echo una bolita, estirando una botella y llevándosela a la boca dándole gruesos tragos. Envidiaba la facilidad con la cual el alcohol les hacia entrar a un mundo paralelo, donde nada importa, donde todos ríen, donde las amarguras se dicen sin vergüenzas por primera ves.

Maldito y liberador alcohol.

-Pero si me acabo de ir – musite levantándome de la cama. Me resultaba tierno desde esa posición, tirado en el piso haciéndome pucheros y casi incapaz de sujetar la botella – vamos levántate.

Me lanzo una mirada que pretendía ser molesta, pero con todo ese alcohol en las venas solo consiguió una mueca lastimera.

-Ashudame – estiro su mano hacia mi. Me mordí un labio con nerviosismo. Tenia el pecho cubierto con una delgada franelilla blanca y unos pantalones negros – no puedo, stooy esho mierrrrdaaaaa.

Sonreí con ganas mientras me descruzaba de piernas y bajaba de la cama.

Me sentía ligera. Era el, su presencia.

Oh mi Dios... ¡que debilidad la mía!

Llegue hasta el luego de haber avanzado un par de pasos -mi habitación era minúscula- lo tome de los brazos e intente arrastrarlo hacia arriba. Tire y tire pero no se movió.

-Mierda, como pesas Matias -gruñí, tirando de nuevo hacia arriba. Era inútil- ¿que se supone que comes, cemento?

-¡Pfff! Es que sho soooy un semental. Un vaco.

Fruncí el ceño. No solo me costaba entenderle, sino que también decía incoherencias.

-¿Un vaco? - cuestione.

-Seee

-¿No querrás decir que eres un toro? - lo arrastre por el piso, renunciando a la tarea de levantarlo.

-Esa mierda esh lo mishmo.

Me reí de nuevo. Olvidándome por un segundo de todo la locura de conquistarlo, de Melissa, de la confusión con Mauricio y los sentimientos que tenia por el, de lo que pensaba hacer Franco con el envase de LUBRITEX.

Si, sobre todo de eso.

Por esos escasos minutos, aunque fueran pocos, quise recuperar a mi amigo. Volver a ser como antes, alborotarle el cabello y bromear sobre cualquier cosa estúpida. Extrañaba a mi mejor amigo y a la felicidad que me brindaba su compañía, a no tener que pensar que ponerme o que decir.

Amaba lo que teníamos, era una complicidad que no tenia con nadie mas, su presencia me calma y relajaba mas que nada y eso era algo que extrañaba, calma y tranquilidad. ¿Desde cuando mi vida era tan desastrosa?

La verdad yo tenia la respuesta a eso y era tan sencilla como estúpida: desde el momento que me plantee conquistarlo y no seguir callando este amor que me quemaba por dentro. Y no me arrepentía de esa decisión pero indudablemente mi vida se había vuelto un desastre, y no olvidando la repentina atracción que ejercía sobre la mala suerte y las desgracias. Solo faltaba que un perro llegara así sin mas a mearme las piernas.

Volví de aquel lugar lejano donde estaban mis pensamientos cuando sin esperarmelo los labios de Matias se posaron en mi cuello calientes y húmedos.

Aprendiendo a Seducir (Editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora