Prólogo.

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Hace millones de años existió una raza de seres supremos a los que las generaciones venideras llamarían dioses. Su origen nunca fue revelado, sin embargo, se cree que llegaron desde la estrella del norte y descendieron del firmamento para gobernar desde aquella esfera dorada que se mantenía en el aire por encima de la ciudad y a la que los seres inmortales de aquél mundo llamaban: la morada de la eterna sabiduría. Desde ese lugar sagrado, donde solo los nobles tenían acceso, podía verse la grandeza de aquella ciudad celestial.

Había miles de pirámides de proporciones colosales comunicadas por calzadas y avenidas. Los materiales con las que estaban construidas eran de un color negro brillante que cuadraba con las flores cristalinas y la luz eterna de ese lugar.

Los inmortales que habitaban aquel mundo fueron capaces de sentir la presencia de cinco de ellos dentro de la esfera por varios milenios en los que solo el grupo de nobles pudo verlos, comenzando así una jerarquía que parecía inextinguible.

Pasaron los años, muchos Eones del calendario divino y entonces, cuando todos se habían acostumbrado a los extraños visitantes y a su reinado, entonces la esfera dorada del eterno conocimiento se oscureció, la ciudad tembló con desesperada fuerza de destrucción, las pirámides se resquebrajaron y la luz blanca del entorno se redujo a opacidad, trayendo consigo un enfrentamiento jamás presenciado.

Los inmortales se vieron mezclados en la guerra de aquellos seres supremos y fueron testigos de como ésta mataba a cada uno de los suyos, como un nuevo factor llamado muerte, al que nunca se habían enfrentado, se llevaba la luz de sus ojos y sus cuerpos se volvían objetos inertes. Ellos, que nunca habían conocido el miedo, por primera vez lo sintieron mientras contemplaban impotentes como todo era arrasado.

La vida en aquel mundo se extinguió totalmente y con ella, a lo largo de muchos milenios, toda la perfección que existía: la esfera del eterno conocimiento que se alimentaba de la luz eterna, al opacarse su pureza, perdió la gravedad que la mantenía en el aire y se desplomó por toda la superficie terminando por destruir así, lo que quedaba de la ciudad y de ella, con el pasar del tiempo, nació un gran árbol de titánicas proporciones que nunca dejó de crecer en los Eones venideros...

Pasaron milenios,  muchos Eones de eterna soledad en aquel páramo fantasmal donde lo único que había era frío y el recuerdo de lo que un día había sido aquel lugar habitado por inmortales... Milenios en los que la guerra de aquellos seres se había extendido a otros lugares y entre ellos, a un lugar que parecía ser el planeta tierra, una tierra joven por la que caminaban grandes dinosaurios: cuellos largos, bípedos, enormes cuernos, así como también animales alados que surcaban el cielo y justo ahí en una llanura cubierta por un inmenso bosque, ahí se desató una explosión luminosa. La onda expansiva dejó una densa capa de polvo que tardaría varias décadas en desaparecer y que causaría la muerte de muchas especies de plantas y animales que no murieron en la explosión...

La guerra continuó a lo largo de los años terrestres y un nuevo enfrentamiento se libró en aquel tiempo donde pequeñas criaturas llamadas hombres comenzaban a poblar el globo, esa batalla fue decisiva...

El ser supremo sacrificó su vida y con ello, el ser oscuro fue destruido y su alma dividida por todo el mundo en diez partes. Cada pedazo fue desterrado a un lugar frío, a un lugar donde siempre era de noche, donde la poca luz que había era la de un astro que emitía una débil luz roja sin dirección: en ese lugar fue condenado para siempre, pero, el ser supremo que lo condenó cometió un error. Su peor error fue confiar en que los humanos, pequeñas bestias salvajes, para ese entonces, jamás descubrirían aquel secreto que dejó en este mundo, pero se equivocó...

El pasado sangriento de aquella estirpe divina trascendió en el tiempo, el gran árbol absorbió las memorias y perpetuó el ADN de miles de generaciones en aquella especie primitiva para que lograra evolucionar a pasos agigantados sobre el tiempo y varios millones de años después poblaron la tierra hasta convertirla en un hermoso paraíso de desigualdades dominado por tiranos y farsantes...

El frío y oscuro destino de la humanidad siguió su ambicioso curso entre guerras y sangre sin que nadie fuera capaz de ver ni augurar lo que se aproximaba desde aquel mundo de sombras, cuando lo descubrieran sería demasiado tarde y por primera vez la humanidad sería testigo de como la oscuridad se alzaría por los cielos trayendo consigo una interminable guerra por el dominio del mundo...

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Imperio De Sombras: El Origen De La Oscuridad. (En Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora