28-Sacrificios.

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15 de Septiembre.

—Ya queda poca comida, así que a disfrutar cada pedazo—la rubia cabellera bajo el sombrero de aquel hombre estaba sudorosa y sus ojos azules parecían cansados.

Los tres guardias se postraron frente a el al ver que de su mochila extraía unos pedazos de pan y una cantimplora de agua. El hombre alto de las dos pistolas estaba exhausto y sin mas, se dejó caer a lado del doctor.

El pan con sabor a moho les caía de maravilla después estar  en ese lugar donde habían perdido el sentido del tiempo, sus cuerpos estaban exhaustos.

—¿Cual es el siguiente plan Onan?—el doctor miró al grandulon de las dos pistolas.

—Francamente no lo sé doctor, hemos revisado las pirámides y no hay mas que garabatos... Nada que nos indique la salida, es como si esta maldita ciudad se empeñara en no dejarnos salir—Onan dejó cerrar sus ojos un momento, perdido en el recuerdo.

Sus demás hombres habían sido asesinados por grandes bestias parecidas a los felinos, ya extintos, dientes de sable que dentro de aquél lugar merodeaban.

El doctor extrajo de su gran mochila varios aparatos de pilas, los encendió y en uno solo se escuchaba un chillido estático, en los demás, un pitido monótono.

—Este lugar cuenta con un gran campo magnético que bloquea cualquier frecuencia. En todo caso estoy seguro que antes de llegar aquí todo funcionaba bien, es como si desde que entramos a las ruinas hubiéramos entrado a un lugar sin salida—.

—¿Que sugiere entonces doctor?—Onan estaba preocupado.

—Tenemos que entrar a la pirámide central, es la única que no hemos revisado y tal vez ahí encontremos como salir de este lugar que bien puede llegar a convertirse en nuestra tumba ¡vamos!—.

Los tres guardias se pusieron de pie después de ver que no habría otra manera, el suelo entero estaba cubierto por algo parecido al cemento y solo donde había arboles un circulo de tierra pura sepultaba las raíces, como si hubieran sido sembrados por alguien en particular, el piso estaba agrietado y con maleza creciendo entre las fisuras, a lo largo y ancho de lo visible se distinguían grandes cabezas de piedra de dos metros de altura.

Las grandes pirámides estaban desgastadas por el sol que parecía que nunca se movía de un punto a la altura de las cabezas de piedra.

Llegaron hasta la entrada de la gran pirámide central. Las paredes estaban cubiertas por varias columnas de signos pictográficos y figuras. El doctor sacó de su mochila un pequeño libro y con sus dedos recorría los extraños símbolos al tiempo que leía la traducción.

El camino de la oscuridad asciende. El Míctlan en nuestro mundo entrada tiene y en su corazón oscuro la salida se oculta. La tierra su prisión es y el cielo su morada es el lugar al que nunca podrá volver. La luna y las sombras su refugio son y sus verdugos la  luz y el sol enemigos naturales que consumiran su corazón. Si regresa su perfeccion traera fin y oscuridad como una sombra que se agita en la tempestad—el doctor quedo desconcertado al ver al final una figura peculiar: un circulo con un triangulo dentro y otro circulo mas pequeño dentro de este, parecía un molde para introducir algo con esa forma dentro de la ranura. Se volvió hacia los demás.

—¿Es una sentencia para que no entremos?—dijo uno de los hombres que estaban junto a el.

Brain no dijo nada y su mirada se desenfocó en algún punto de la piedra que se interponía entre el y la entrada.

—Se lo que está pensando doctor—exclamó Onan al ver que el doctor contemplaba las posibilidades—. Sea como sea, vamos a entrar ¡abran la puerta!—.

Imperio De Sombras: El Origen De La Oscuridad. (En Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora