Un escudo impenetrable avanzaba al rededor de las grandes personalidades. El murmullo de tantas voces y exclamaciones eran solo para admirar la grandeza de aquel proyecto al que acababan de asistir.
Sin duda era el inicio de un gran avance científico otros decían que era un gran salto para conseguir la inmortalidad que el ser humano ambicionó desde tiempos inmemoriales ya que la regeneración celular del chico parecía un factor de juventud ligado al envejecimiento retrasado.
Desde un octavo piso William sonreía complacido al ver tantas mentes inferiores hablar sobre lo que denominaban casi un milagro de la ciencia y que para el era solo un proyecto mas para hacerse con buenas sumas de dinero.
En un momento le agradó aquel rumbo que habían tomado las cosas y lo disfrutó, tanto, hasta que la puerta de su oficina se abrió dando paso aquel hombre alto de piel blanca y ojos azules.
—Todo está listo. Lo dejaremos congelado, al menos hasta que descubra como controlarlo ¿estamos?—.
—Haslo a tu manera Alfredo—.
—Así esta bien, entonces, ¡Asegúrate de cumplir tu parte que saliendo de aquí me reuniré con José para afinar detalles!—.
—Esta bien. Pero antes de eso. Ordené detener las actividades después del último trabajo de esta madrugada. Luke debería estar ya aquí con informes. El próximo cargamento lo pasaremos a fin de mes—.
—Perfecto. Yo estaré el fin de sem...—.
De pronto, se escucho el sonido de una explosión, seguido de una onda expansiva contra los gigantescos cristales y a lo lejos una columna de fuego y humo se levantó sobre el cielo entre un centenar de edificios, varias personas abajo cayeron como fulminados por un rayo y los militares corrieron en la dirección que se vió la columna de fuego.
—¡Que fue eso?—interrogó el hombre con sus manos aun cubriéndose en señal de defensa, William no contestó y sus ojos sorprendidos fue lo único que Alfredo necesitó para darse cuenta que tampoco sabía nada.
★★★★★
El contingente armado avanzaba como un escudo impenetrable alrededor del regordete gobernador, el general Santiago iba a su izquierda y los demás distribuidos en una formación bastante estratégica y a la vez ordenada cuando de pronto y sin dar tiempo a nada todos cayeron al suelo tras una onda expansiva y el sonido de una explosión muy cerca de ahí.
El general Santiago estaba consciente de todo y sin perder un segundo habló fuerte y recuperó la compostura.
—¡Dos grupos dirijanse al lugar y dos mas cubran el frente!—apenas dio la orden y todos corrieron por todas partes.
Los francotiradores en las azoteas esperaban nerviosos a ver algo. Al llegar a la camioneta, en menos de un segundo, tres camionetas negras se emparejaron disparando con armas de grueso calibre tratando de destruir todo a su paso.
—¡Abajo. Detrás de mi señor! ¡cubrase!—gritaba frenético Santiago tratando de repeler el ataque y proteger al gobernador.
Sin embargo, nada fue suficiente. Desde la primera ráfaga de balas vio caer a varios soldados, uno tras otro. Ahora sabía que aquella explosión fue para distraerlos. Seguía disparando contra sus atacantes. Cubierto de dos autos miró hacia los edificios cercanos.
No podía creer lo que veía al preguntarse como sucedió todo en un abrir y cerrar de ojos: Los francotiradores estaban muertos. Del equipo especial solo quedaban seis hombres y toda la guarnición de soldados sin duda recorrían los alrededores buscando lo que causó la explosión, lo que le extrañaba es que no estuvieran ahí apenas al oír los disparos.
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Imperio De Sombras: El Origen De La Oscuridad. (En Edición)
Science FictionHace millones de Eones existió una raza de seres supremos, su origen nunca fue revelado, sin embargo, se cree que llegaron de la estrella del norte... Su llegada aquel mundo y la guerra entre ellos por el dominio de los inmortales fue sólo el comien...