El velo negro de la noche poco a poco fue cubriendo Los Cimientos al tiempo que una gran nube cubría la luna. La lluvia no tardó en mojarlo todo. Los relámpagos y el viento estremecían el gran bosque de cedros al punto que chocaban sus ramas las unas con otras.
En medio de la tempestad una sombra se movía saliendo por la entrada oeste internándose en el bosque hasta perderse entre los gigantescos cedros.
Caminaba con paso firme y al llegar a un lugar preciso, donde el suelo pedregoso estaba cubierto por una gruesa capa de hojas secas superior al resto y los arboles formaban un circulo perfecto, ahí en el centro, la persona vestida de negro se detuvo.
De un movimiento se quitó la capa dejando al descubierto una espectacular belleza bien conservada a través de los años, se arrancó la ropa completamente dispuesta a comenzar su trabajo.
Armida estaba dispuesta a ver con sus propios ojos lo que su facultad le mostró por la mañana. Un brillo rojizo cubrió su silueta dándole un efecto espeluznante entre la lluvia y los relámpagos, sin perder tiempo, en cuatro brincos trazó una cruz, siendo el ultimo, en que saltó al centro y en el aire su cuerpo entero se deformo en una luz escarlata que se apagó al contacto con el suelo.
Su nueva forma: un felino enorme de color negro con ojos rojos y una boca siniestra por la que asomaban un par de colmillos blancos afilados.
El extraño animal corrió en zigzag rodeando con suma delicadeza aquellos colosales arboles. Al llegar a la muralla, de un gran brinco la salteó y se internó en Los Cimientos.
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A media noche el silencio sepulcral se veía interrumpido por la lluvia con relámpagos y viento.
El frío obligaba a los perros a ladrar por todas direcciones, los ladridos alcanzaban distancias muy grandes y el eco de las gotas de lluvia se repetía una y otra vez, en una monotonía sin igual, de pronto, el ruido espectacular se fue transformando en un gran coro de aullidos que avanzaba por toda la calle principal, los gatos con los pelos erizados huían frenéticos al sentir cerca su presencia dejando un chillido en el aire como eco de su terror.
Un borracho caminaba por la solitaria calle, con una botella en la mano, los pelos revueltos y todo empapado por la lluvia que no paraba ni un poco, su visión se veía opacada por los efectos del alcohol haciéndolo caer cada cuando.
A unos cuantos metros su borrosa visión pudo distinguir un par de ojos rojos que avanzaban frente a el, un escalofrío le recorrió de pies a cabeza, su mente ebria reconoció el terror como nunca lo había sentido y movido por su instinto estrelló la botella contra la cabeza de aquel monstruo que al contacto se hizo pedazos.
Vio brillar con mas intensidad aquellos ojos que se acercaban mas y mas. Un grito desesperado surcó el viento mezclado con el aullido de los perros hasta callarse poco a poco.
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De su lado de la cama dándole la espalda a su mujer, que estaba dormida, Santiago repasaba tantas cosas que no lo dejaban dormir, de pronto, escuchó un ruido en el establo, los caballos se inquietaban, un terror los invadía al relinchar desesperados, inmediatamente prendió la lampara y se desenvolvió de las sábanas a medio vestir, se asomó por la ventana y casi podría jurar que vio como un animal saltaba del techo del establo al de la casa principal.
No le dió tanta importancia y se tiró en la cama abrazando muy fuerte a su esposa, casi al instante despertó y lo miró a los ojos, ella jamas fue capaz de resistirse a esa mirada, a esos ojos verdes que la acariciaban con solo mirarla, lo besó con tanta fuerza como la primera vez, sus manos recorrieron aquel cuerpo perfecto que tanto la enloquecía, sus labios se deslizaban por el cuello, el disfrutaba cada rose de su cuerpo con los labios de esa mujer a la que tanto adoraba, la miró a los ojos una vez mas y la tomó en sus brazos.
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Imperio De Sombras: El Origen De La Oscuridad. (En Edición)
Ficção CientíficaHace millones de Eones existió una raza de seres supremos, su origen nunca fue revelado, sin embargo, se cree que llegaron de la estrella del norte... Su llegada aquel mundo y la guerra entre ellos por el dominio de los inmortales fue sólo el comien...