Todo está claro

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El telefonillo no dejaba de sonar, sacando a Blas de la cama sólo en calzoncillos y camiseta, arrastrando los pies. Tomando en el trayecto una cerveza, pinchó el botón para quién fuese entrara, dio un largo sorbo esperando en la puerta hasta que oyó que tocaban y abrió.

- Oh, Dani, eres tú... - alejándose de la puerta, caminando hacia el sofá lleno de botellas vacías de cerveza, envases vacíos de comida, fotos rotas y objetos tirados -, ¿qué es lo que tiene despierto a estas horas?

Su amigo miró lo mal que vivía Blas. No se le veía mal, sólo pare a que los quehaceres domésticos no eran lo suyo, tampoco se veía destrozado por la pérdida de Leo, pensaba que en cualquier momento él mismo volvería por su propio pie y le pediría perdón. Era cuestión de tiempo.

- ¿Qué dices? Sí es medio día... - tomando una cerveza y parándose frente a su amigo para ver lo decadente que se veía.

- Sigue siendo una pregunta válida... - insistió Blas.

- ¿Sabes algo de Leo?

- No - dando otro sorbo, viendo la nada -, seguro ha ido con su padre...

- Pues yo lo he encontrado.

- ¿Qué, dónde?

- En Alcalá de Henares. Con un moreno barbado.

Blas recordó haberlo visto en el teatro cruzar miradas con él. No se lo esperaba, creyó que había educado bastante bien a Leo como para no creer nada. Eso sí lo había hecho enojar, "mira sí tendrá días..." pensó.

- Así que sí está con el idiota ese... - sentándose en el sofá, pensando en qué iba a hacer.

Dani lo miró, estaba realmente preocupado por su amigo.

- ¿Qué puedo hacer por ti? - preguntó Dani acercándose a Blas, quién lo vio y decidido y sin miramientos le respondió: quítate la ropa.

Dani se fue acercando lentamente, quitándose la camiseta de tirantes que llevaba, dejando ver su excelente cuerpo, lleno de tatuajes, eso conseguía que Blas se empalmará rápidamente. Sacó su miembro para masajearlo mientras el rubio le hacía desearlo más con esa lentitud al despejarse de sus vaqueros. Cayó a los pies de Blas, que le mostraba su miembro totalmente erecto, jalándolo a él para que lo introdujera en su boca, para que lo repasara con su lengua, que saboreara los líquidos que de este emanaban al ritmo que Blas le marcan a con su mano en su nuca. Sabía hacerlo bien.

- Venga. Arriba - indicó Blas poniéndolo de un tirón de pie, sacándole el bóxer a Dani y sintiendo su culo, dándole palmadas que lograban excitar la rubio.

Una vez desnudo, Dani se sentó en Blas para comerse los morros del peli-blanco y este recorrerlo con sus manos; lo levantó y el rubio tomó el miembro de su amigo y lo guió hasta su hoyo y poco a poco se fue bajando. Pero Blas no esperó y tomó sus caderas y lo sentó, logrando que Dani se encorvara de placer, haciéndolo reír y volviéndolo a besar, a disfrutar esa invasión a su persona.

Genidos, movimientos suaves, rápidos, besos, guerra de lenguas, placer me su máxima expresión. Dani lo cabalgó hasta que Blas se corrió dentro de él. Dani se corrió poco después de sentir como Blas lo había dado vuelta con su miembro todavía dentro y volvía a hacer su faena de embestirlo, una experiencia que no creyó tener jamás, lo volteó de nuevo y miró el placer que le provocaba a Dani tal acto, con sus piernas en sus hombros, masturbándose él mismo mientras Blas seguía en lo suyo, haciendo que se encorvara de placer. Empujando el culo de su amigo para que fuera más adentro.

Después de todo, era lo único que Blas hacía bastante bien y así conseguía lo que quería y le había funcionado para conseguir todos sus trabajos. Era lo bueno de sus viajes, si no conseguía el empleo, un buen polvo estaba garantizado. Nadie se le escapaba, estaba claro. Ni Dani se salvó de que se corriera en su rostro y que limpiara bien su miembro al finalizar, quedando exhausto, tirado en el sofá, respirando agitadamente, tratando de asimilar lo que había ocurrido, llegando a la conclusión de que sin duda querría más.

- Quiero que lo encuentres... - ordenó Blas desde la ventana, tomando cerveza, viendo el paisaje urbano de la capital.

Dani buscó su bóxer negro y sé lo puso y se acercó a su amigo.

- Cuenta con eso.

Blas lo vio y le sonrió - Y... - acercándose a su amigo que seguía sin ponerse la camiseta, acercándolo, dándole una nalgada que hizo sonreír a Dani, metiendo su mano en él -, sí lo consigues, esto se pude volver a repetir - dándole un beso en la boca, de nuevo dejándose llevar por la lujuria -. Ahora vete. Tengo cosas qué hacer.

Chance My MindDonde viven las historias. Descúbrelo ahora