(LGBT+) Las vidas de Romeo y Julián están llenas de problemas.
Sus familias se odian.
Sus hermanos, Romero y Juliana, se fugaron juntos.
Tienen tres días para encontrarlos antes de que se casen.
Ellos están listos para detener una boda, pero no par...
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Julian tomó a Romeo del rostro, correspondiendo el beso ¿Qué más le quedaba? Ya había hecho el ridículo declarándose la noche anterior. Mínimamente iba a comportarse como un adulto y tomaría la responsabilidad por sus palabras. Durante un segundo, le hizo caso a sus anhelos, se dejó llevar por los impulsos hasta que su cabeza lo detuvo. Aquella relación era, según sus estándares, defectuosa. Llevaban demasiado tiempo peleando, se habían lastimado demasiado como para pretender que todo estaba bien a su alrededor.
A pesar del deseo que amenazaba con consumirlo, no pudo abandonarse al mismo. Estaba ansioso por besar y tocar, llevaba mucho tiempo esperando por aquel momento. Su corazón estaba latiendo a mil por horas, sin embargo, al final no logró deshacerse de sus preocupaciones y cortó el contacto de golpe.
—Romeo, ya basta —murmuró bajando la vista.
—¿Qué pasa? —preguntó frunciendo el ceño
—¿No crees que es un poco raro? –Gruñó, poniendo mala cara—. ¿Se supone que de repente nos gustamos y nos besamos? —Sus labios se fruncieron en desacuerdo, mientras su rostro tomaba aquella expresión típica de cuando estaba enojado.
—Bueno —Romeo se encogió de hombros—. Nosotros comenzamos a pelear porque sí, entonces, no veo problemas para dejar de hacerlo con una excusa similar —cansado de darle vueltas al asunto, esperaba poder poner fin a todo eso lo más pronto posible y si podía obtener unos besos en el camino, mucho mejor.
—No comenzamos a pelear porque sí —espetó Julian, levantando la barbilla, mientras adoptaba una expresión retadora.
—¿Entonces por qué? —cuestionó Romeo alejándose. Había un montón de cosas de su pasado que él no entendía, estaba hecho un lío por problemas que en su adolescencia eran importantes y ahora le parecían nimiedades.
Ellos eran buenos amigos, salían juntos, iban a pescar a lago regularmente, veían películas de terror en el cobertizo de la casa de Julian, a escondidas de sus padres, y correteaban por la ciudad viviendo pequeñas aventuras que para ellos eran los más increíbles e inolvidables viajes en el mundo.
Los recuerdos de su niñez eran como joyas guardadas en un cofre cubierto de polvo y telarañas, mientras que su presente era un abandonado y descuidado sótano, demasiado difícil de limpiar.
—Porque era lo que debíamos hacer —musitó, recordando la manera en que su familia le había apoyado cuando les habló sobre su sexualidad. Se habría sentido como un desconsiderado hijo de puta si les pagaba yéndose con un Cortez en una relación perecedera.
Porque estaba muy seguro, que lo suyo no superaría la universidad y la distancia. En ese entonces eran bastante inmaduros y ahora lo seguían siendo.
—Nosotros no debíamos hacer nada —respondió Romeo—. Pero eso ya pasó, ahora estamos aquí y al menos podemos intentarlo ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que no funcione?