CAPITULO 22.
Había pasado una semana desde que todos se enteraron de quién era yo, y en todo este tiempo nadie me había dirigido la palabra. A excepción de los profesores o los murmullos que levantaba a mi paso, lo llevaba bien excepto cuando me encontraba con Clara, Sophie, Max, James o alguno de mis primos, estos me miraban entre odio y dolor, por lo que siempre intentaba cruzarme con ellos lo menos posible. Por desgracia en el comedor me era imposible evitarlos, así que comía lo más rápido posible para poder salir.
Volvía a ser sábado y estaba como siempre sentada debajo de uno de los arboles más alejados en los terrenos del colegio. Por allí solo paseaban los alumnos de Durmstrang y Beuxbatons y estos no me miraban con odio alguno, si eso alguna amenaza de que me era imposible ganar el torneo, pero a mí esto no me importaba pues no tenía ningún interés en ganar, ni siquiera quería participar.
De repente note una mirada cercana puesta en mí, pero la ignoré seguro que era algún interesado en cotillear sobre mi mentira y no me apetecía discutir, hasta que su voz me hizo dar un brinco.
-Jennifer, quiero hablar contigo. –allí estaba plantada ante mí Sophie con una triste mirada.
-Por supuesto siéntate, si quieres… -ella dio un largo suspiro y tomo asiento enfrente de mí.
-¿Por qué? –dijo tras darle muchas vueltas, estaba claro que esto no era fácil para ella.
-Supongo que te refieres a por qué os oculte mi verdadera identidad.
-¿A qué si no?
-No quería tener que enfrentarme a Harry y al resto de…
-De tu familia. –concluyó ella por mí.
-Supongo que se le puede llamar así.
-Pero, ¿Por qué nos lo ocultaste a Clara y a mí? – dijo mirando al suelo.
-Porque… supongo que porque tenía miedo.
-¿De qué?, ¿De qué lo contáramos, no confiabas en nosotras? Nosotras te contamos cosas que no sabe nadie más.
-No, claro que confiaba en vosotras. Pero… supongo que me daba miedo que me dierais de lado, yo ya os había mentido, y temía que me odiarais por no haberos lo dicho, yo nunca había tenido amigas y no quería perderos. –dije a la vez que agachaba la cabeza, de repente el suelo me parecía tremendamente interesante. – Pero de verdad que os lo iba a contar, pero…
-Jamás te habríamos dado de lado. –dijo ella alto y claro, haciéndome mirarla a los ojos. –Eres nuestra amiga, nos importas.
-¿Os importo? –dije dubitativa.
-Claro que sí, si no nos importaras no nos habría molestado. ¿Me contaras toda la verdad?
-¿De verdad quieres saberlo? No es una historia nada divertida.
-Sí, de verdad que quiero saberlo. – dijo muy segura.
-Está bien te contare una versión resumida.
-Pero no te saltes ningún detalle importante.
-Cuando tenía cinco años Harry y yo fuimos a comprarle un regalo a mi madre por su aniversario, él siempre me llevaba a mí porque elegía mucho mejor que James, el hecho es que estábamos en un mal barrio caminando en un callejón cuando de repente, oímos un gritó a nuestra espalda y yo me desmayé. Cuando recuperé el conocimiento solo veía como Harry se alejaba y yo le gritaba suplicándole que no me dejará allí, le llamaba con todas mis fuerzas, pero el mundo aun me daba vueltas y no era capaz de enfocar bien mucho menos de levantarme. Le estuve llamando durante horas, pero no volvió, jamás. –hice una breve pausa, pues aquel recuerdo aún era doloroso. – Me encontró un hombre el cual me llevo a un orfanato cercano, pensando que era una huérfana, allí todo era horrible, pues nadie me creía. Todos me veían como una niña abandonada *lo cual era*, algunos niños mayores me empujaban cada vez que yo decía que mi papa vendría a por mí y me gritaban que asumiera que eso jamás iba a pasar. Un día un hombre llego al orfanato y me adopto, al principio era majo conmigo pero luego… -sentí un escalofrió al recordarlo – cambió. Me pegaba durante horas, si algo no le salía como quería, me obligaba a limpiar y a ser su cenicero personal –al ver la cara desconcierto de Sophie expliqué- el fumaba, mucho. Y le parecía muy divertido apagar sus cigarrillos sobre mi piel. Viví con él un año, hasta que una de sus palizas me dejo muy herida y me abandonó, después de esto fui a otro orfanato. Esta vez uno de monjas, creí que todo sería mejor pero me equivoqué. Aquello era horrible, las monjas te obligaban a trabajar de sol a sol y si no lo hacías como ellas querían te azotaban con un rosario o te obligaban a ponerte una biblia en cada mano en forma de cruz mientras te daban con una regla. Allí estuve tan solo seis meses hasta que llegó otro hombre el cual decidió adoptarme. Este fue el peor de todos –dije sin mirar a Sophie, no la había mirado durante toda mi historia- no solo me pegaba durante horas, él… -me tembló la voz pero tras un hondo suspiro continué – me metía en una bañera llena de agua hasta que casi perdía el conocimiento por la falta de oxigeno, para luego electrocutarme con unos cables y ver cómo me retorcía de dolor. Lo peor era que él a diferencia de los otros lo hacía por mera diversión, porque le encantaba oírme gritar y suplicar que parara. Según él contra más suplicaba más fuerte debía ser castigada, pues tenía que aprender a no quejarme. Al final ya nunca lloraba ni gritaba, hacia todo lo posible para ignorar el dolor por muy fuerte que este fuera. Con 11 años un día intento abusar de mí, - al oírlo Sophie ahogo un gemido- pero yo me defendí e incendie su casa, por medio de la magia, con el paso de los años había aprendido a controlarla casi a la perfección pero no la utilizaba.
ESTÁS LEYENDO
Jennifer Lily Potter
Fanfiction#PremiosWatty #FinalistaPremiosWatty 2014 Jennifer siempre fue la típica niña de los suburbios de Londres, donde vivió todo tipo de abusos después de que su padre Harry Potter, la abandonara a su suerte. Este año ha vuelto a Howarts a sus quince año...
