Capítulo XXXVII

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—¿Qué te pasa? No te ves muy animado— le dice Kou levantando su mano para acariciar la mejilla de Kury que lo miraba fijamente.

—Kido se acaba de ir — dice con un suspiro ladeando su rostro para sentir el rose de la mano del contrario.

—¿Tardará mucho en regresar? — pregunta con curiosidad.

—No lo sé, pero dijo que regresará lo más pronto posible— comentó totalmente desanimado.

—Tranquilo, no estarás solo. Yo te cuidaré — le dice para tranquilizarlo y acerca el rostro de Kury más hacía él.

Kury estaba perdido en sus pensamientos y no se percató de las intenciones de Kou. Reaccionó cuando los labios de Kou besaban los de él. Antes de que aquel beso se profundizará Kury lo apartó con sus manos en un auto reflejo. Se puso de pié y le pegó una cachetada a Kou el cual ladeó su cabeza al sentir el golpe.

—No vuelvas a hacer eso— dijo furioso Kury y se fue de ese lugar.

Kou se quedó con una sonrisa en su rostro, no podía creer que lo halla golpeado. Posó sus dedos en sus labios acariciandolo, sintiendo los labios de Kury juntos a los de él.

—Esto será divertido— dice para si mismo.

Se recuesta hacía atrás y mira al techo. Sus pensamientos vuelan. Las cosas que le provocó Kury no lo había sentido con nadie más y eso hacía las cosas más interesante para él.

Daiki se había encontrado con Kar en el jardín, ambos habían pasado muchas horas hablando. Reían y se contaban cosas. Ya al anochecer sabían todo uno del otro. En definitiva eran compatibles, tenían muchas cosas en común y una de esas cosas eran que a ambos les gustaba Sam.

—¿Cómo le hiciste para que ese gatito Tsundere te quiera de ese modo?— preguntó riendo Kar mientras tomaba un trago de su vaso.

—A lo mejor fue porque lo viole cuando lo conocí— dice Daiki riendo a carcajadas mientras recuerda lo sucedido.

—¿Qué...? ¿Cómo que lo violaste? ¡Explicate!— dice sorprendido mirando a Daiki.

—Así como lo oyes, él era “seme”— dice levantando los dedos haciendo comilla en la última palabra —Entonces yo no me tragaba ese cuento y pues lo viole. Y desde ahí ya es uke, me odiaba al principio o eso era lo que yo creía. Pero terminamos casado. ¿No es cómico? — ríe mirando hacia el horizonte donde ya no se veía el sol.

—No lo puedo creer, no me imagino al gatito como seme— ríe de igual manera Kar —Quiere decir que si lo violo a lo mejor me quiere a mi... — comenta con una sonrisa perversa.

—¡Ni se te ocurra tocarlo!— exclama Daiki poniéndose serio. —además él me pertenece y como dices, sí es como un lindo gatito pero es ¡MI GATITO!— dice resaltando la última palabra para dejar en claro que le pertenece.

—¿Quieres apostar? Apostemos que lo hago mío— dice serio mirando fijamente a Daiki. —Si en verdad él te ama como dices no se dejará llevar por mis intrigas, será como una prueba de amor que le haremos.

Daiki se sorprende y baja la mirada, piensa un momento ya que no sabe que hacer. Por un lado le parecía intrigante la propuesta de Kar, pero por otro lado, Sam no era un objeto por el cual apostar. Sabía eso pero la duda ya estaba sembrada en él. Levantó la cabeza y le devolvió la mirada a Kar. Dio un gran suspiro.

—Si Sam se entera de esto estaré muerto pero... — murmura casi para si mismo — ¡Acepto! Acepto tu propuesta Kar pero, solo tendrás una oportunidad. Y si le haces daño no te lo perdonaré ¿¡entiendes!? — dice serio, pone sus manos en los bolsillos y se retira dejando a Kar en ese lugar.

Kar sonrió al ver la mirada amenazadora de Daiki, en verdad le hablaba enserio. No quería averiguar de que Daiki era capaz pero lo que sí iba a averiguar era como tener a Sam entre sus brazos.

Daiki caminaba a su habitación para darse un baño pero decidió ir primero a ver a Sam. Se había portado de manera fría con él y tenía que disculparse.

Tocó la puerta, cosa que nunca había hecho con Sam, hasta que escuchó la voz de él que le dijo que entrara. Entró y lo vio sentado en la cama con dos maletas a un lado y mirando a la puerta.

—¿Donde estabas?— le pregunta Sam al verlo entrar.

—En el jardín... Hablando con Kar...— dice algo bajo como si no quisiera que lo escuchara. Cerró la puerta y se acercó a él.

—Ya veo...— dice Sam tratando de disimular que le interesaba, se imaginaba que de seguro terminaron peleando. —Ya terminé de empacar mis cosas.— dice para cambiar el tema.

—Mañana tengo que preparar algunas cosas temprano, cuando esté todo listo vendré por ti.— dice sentándose a su lado —¿Esta bien?

Sam asiente y mira a su amado directamente a los ojos, no entiende porque todo se vuelve confuso cuando está cerca de Daiki. Acerca su rostro al de Daiki para besarlo pero el mayor lo evita. Sam se da cuenta que él aun sigue molesto.

—Duerme conmigo esta noche— le pide Sam levantando una de sus manos y acariciándole él rostro al mayor.

Daiki seguía totalmente serio y le sonrió, a lo que el rostro de Sam se puso de ese color carmesí que hace que se vea mas lindo. El mayor lo tumbó con algo de brusquedad en la cama colocándose sobre él.

Sam se sorprendió y su respiración comenzó a agitarse al ver a Daiki sobre él.

Daiki le sujetó con una mano la barbilla y le obligó a girar él rostro a un lado.

Sam sentía la respiración de su amado en su cuello lo que lo hacía estremecer. Dio un pequeño grito al sentir los dientes del mayor clavados en su cuello. No sabía que tramaba, trato de callar el grito ya que le dolía, la mordida fue algo fuerte y pensaba que sangraría.

Daiki se separó de él y lo miró serio, una sonrisa de sastifación se dibujó en su rostro al ver la marca que había dejado.

—Es tu castigo—  comentó al ver la mirada de Sam confundida —Por dejarme solo estos días y por dejarte besar por alguien más. También es para que sepas que eres mío— dijo mostrando en su mirada el deseo que tenía de monopolizarlo.

Lo que en verdad sentía eran celos, estaba enojado por como los labios de Sam tocaron a los de otro, aunque sabia que no era su culpa que Kar lo besara aún así no podía apartar ese pensamiento de su cabeza.

Sam no dijo nada, su corazón palpitaba muy rápido al escuchar a Daiki. Lo hacía feliz saber lo que Daiki pensaba. Sabía que él mayor lo deseaba tanto como él. Tenían el mismo sentimiento de monopolizar al otro y eso era algo que le alegraba sentir.

—Soy completamente tuyo— dijo al final abrazando a Daiki por el cuello atrayéndolo más a él, sus labios se unieron en un apasionado beso en el cual Sam dejaba salir todo de él.

Daiki se sentía acalorado solo con besar a su amado de esa manera, y como no sentirse así si lo había extrañado en esos días. Lo deseaba con todo su ser pero se iba a aguantar solo para hacer enojar a Sam.

Se separaron de aquel apasionado beso jadeando por falta de aire. Daiki le mordió el labio inferior y se alejó de él.

—Tendrás que esperar si deseas mas que un beso— le dijo al ver la excitación de Sam, le sonrió algo malicioso y salió de la habitación.

Sam no podía creer que el muy maldito le haya hecho eso, sabía que Daiki también lo deseaba ya que sintió su erección mientras lo besaba. Fruncío el ceño enojado y se levantó de la cama. Se dirigió al baño en el cual iba a calmarse él mismo.

—¡Te odio Daiki!— exclamó mientras jadeaba y su cuerpo temblaba del espasmo que sentía mientras se masturbaba pensando en su amado...

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