Daiki estaba en su habitación de la Mansión poniéndose ropa. Se había despertado muy temprano ya que tenía algunas cosas que resolver antes de irse de viaje.
Tomó la llave de su auto y su celular disponiéndose a salir de la habitación. Antes de irse decidió pasar por la habitación de Sam. Después de lo que pasó la noche anterior deseaba verlo, no iba a seguir aguantando por mucho más tiempo las ganas de poseerlo.
Entró a la habitación sin hacer ruido ya que no quería despertarlo, se acercó con cuidado a él y le dio un pequeño beso en la frente, sonreía al ver a su amado dormir. De verdad que estaba enamorado de él. Cada día que pasaba se daba cuenta que lo quería más.
Le acarició ese hermoso cabello azul con suavidad en forma de despedida. Salió de la habitación al igual que como entró, sin hacer ruido y se fue de La Mansión.
Daiki pensó que no había despertado a Sam pero no era así, él se había despertado cuando sintió el beso en su frente, pero al darse cuenta de que era Daiki se hizo el dormido.
Cuando el mayor se fue, Sam se sentó en la cama, se abrazó así mismo mientras sonreía, se había puesto muy feliz al ver la acción de Daiki. A pesar de lo que pasó la noche anterior, se dio cuenta que el mayor no estaba enojada con él.
Sam tomó su celular y vio la hora, aún era temprano pero decidió levantarse. Sabía que Kury se levantaba temprano a preparar el desayuno. Se entró al baño y al cabo de un rato ya estaba bajando las escaleras.
Para la sorpresa de Sam se encontró con Kar antes de entrar a la cocina. Kar lo miraba coqueto y el rostro de Sam se puso rojo al ver fijamente esos ojos.
—¡Buenos días gatito!— le dijo con su peculiar sonrisa.
—¡Buenos días! — contestó a regañadientes —Deja de llamarme así, mi nombre es Sam — comentó enfureciéndose.
Kar no dijo nada, simplemente se le acercó y lo tomó por las caderas acercándolo más a él. Sam intentaba alejarse pero era inútil el esfuerzo. Kar acercó sus labios al cuello de Sam, iba a darle un mordisco pero se detuvo al ver la marca que tenía. Frunció el ceño y se dio cuenta que eso fue Daiki para advertirle. Sonrió mientras miraba a Sam.
—Veo que te casaste con un hombre muy posesivo— comenta casi rozando sus labios a los del contrario.
—¡Que te importa! ¡sueltame!—dice Sam intentando escapar del agarre.
—Te haré mío— le susurra y lo besa. Sam intenta no corresponder pero algo en él se enciende y su boca se abre dándole paso a la lengua juguetona de Kar.
Al poco segundos del beso Sam lo empuja lo mas fuerte que pudo, estaba jadeando y limpió sus labios con sus manos. Kar lo miraba divertido mientras sonreía.
Sam salió corriendo de ahí con el rostro enrojecido, entró corriendo a la cocina y vio a Kury preparando café. Kury al verlo se sorprendió y solo abrazó a Sam ya que él se había abalanzado contra él.
Kury sabía que algo había pasado pero no se atrevió a preguntarle ya que pensó que no era el momento.
—Te serviré una taza de café, siéntate — le dice separándose de él a lo que Sam obedeció. Se sentó en silencio mientras Kury le ponía la taza de café en frente.
—Gracias... — murmuró y tomó su café.
—¿Están bien las cosas con Daiki? Lo vi irse muy temprano— dice Kury sentándose al lado de Sam en el desayunador.
Sam solo asiente y le cuenta a Kury que se irá a vivir con su esposo pero no menciona lo sucedido con Kar. Kury le cuenta que eso es genial y le desea suerte.
Ambos preparan desayuno y se pasan toda la mañana juntos. Hablan de Kido y de cuanto lo extrañan. También de como se iban a extrañar cuando Sam se fuera.
Al llegar la tarde Sam estaba sentado en la antesala con Kury. Kar se les unió un poco más tarde. Sam se sentía incomodo por la mirada que Kar le daba. Kury se fue a su habitación a descansar un rato.
Sam se puso de pié listo para irse a su habitación igual que Kury, pero, antes de que comenzará a subir las escaleras, Kar lo sujetó de un brazo halándolo hacia él.
Los nervios de Sam aumentaron, el rostro de Kar se acercaba más al de él hasta que sus labios rosaban con los del contrario.
—¡¡Aléjate!!— le gritó mientras lo empujaba con sus manos en el pecho de Kar.
—Se que me deseas gatito— le susurro en los labios con una sonrisa.
—¡No me jodas, simplemente aléjate de mí ¡Déjame en paz!— seguía gritando cuando sus palabras fueron calladas por las caricias de Kar debajo de su camiseta. Lo miró sorprendido y bajó la cabeza rechinando los dientes. Kar era más fuerte que él y no podía alejarse. —N-no me toques... — dijo en un susurró apenas audible.
Kar hacía caso omiso mientras su mano bajaba y le acariciaba su miembro por encima de la ropa.
—Dices que te sueltes pero, se está poniendo duro aquí — comenta el mayor con ese tono de voz pervertido que hace jadear a Sam.
Mientras ellos dos seguían en el acto, Daiki llegó hasta ellos. Como estaban muy concentrados en lo suyo que no se dieron cuenta de que un enfurecido Daiki estaba al lado de ellos.
Daiki no dijo nada, simplemente le sujetó la mano que Kar tenía sobre la parte inferior de Sam, le apretaba la muñeca con fuerza que Kar se alejó al ver la mirada de Daiki y sentir la presión que este ejercía en su muñeca.
Sam miró a Daiki asustado, pensaba que él se iba a enojar otra vez y sus ojos se humedecieron. Las lágrimas amenazaban con salir pero se hizo el fuerte e intentó controlar el llanto antes de que se hiciera audible.
Ninguno de los tres dijeron nada en ese momento, Daiki miraba furioso a Kar. Kar le devolvía la mirada con una sonrisa perversa y Sam miraba hacia abajo nervioso.
Daiki tomó a Sam por una mano y lo llevó escalera arriba dejando a Kar ahí. Sam lo siguió sin decir nada hasta que llegaron a la habitación de este y el mayor le soltó la mano. Sam seguía nervioso y solo vio a Daiki tomar las maletas mientras, el comprendió lo que su esposo iba a hacer y simplemente lo siguió hasta salir de La Mansión.
Para suerte de ambos no se encontraron con nadie al salir y se dispusieron a entrar al auto que lo esperaba en la salida.
El chofer subió las maletas y condujo. Daiki y Sam no se dirigieron la palabra en todo el camino al aeropuerto. Pero lo que más le preocupaba a Sam era que Daiki ni lo había mirado a los ojos desde que salieron.
En el aeropuerto le entregaron los boletos a Daiki, el cual agradeció mientras que otro joven llevaba las maletas de ambos hacía el avión. Sus boletos eran de primera clase pero Sam no lo estaba disfrutando. Daiki no le hablaba y eso era para él como si lo estuvieran apuñalando en el corazón, como si lo estuvieran enterrando vivo y se le acababa el oxígeno.
Por lo menos quería saber que pensaba el mayor, quería que lo insultara o que lo golpeara si así eso lo iba a ser sentir mejor, pero el silencio del mayor era más desgarrador mientras más pasaba el tiempo y el avión se elevaba...
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La Mansión
Fanfiction( Advertencia: este contenido contiene relaciones chicoxchico si no te gusta este genero por favor no lo leas) La historia se centra en una hermosa mansión donde los hombres homosexuales van a divertirse, pasan muchas cosas a los que viven allí...
