Capítulo XXVII

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Daiki se levantó de la cama para ir a darse un baño, su cabeza le retumbaba y esperaba que el baño lo mejorara. A pesar de su cabeza estaba decidido a separar a Sam de ese chico del cabello púrpura.

Fue a ducharse y salió del baño todo mojado con solo una toalla envuelta en su cadera. Salió de la habitación y fue a donde se encontraba Sam.  No vio al chico de antes solo estaba Sam en la cocina muy concentrado preparando el desayuno.

Daiki se le acercó por detrás, lo abrazó por las caderas y le dio un beso en la mejilla.

— ¿Qué haces? — preguntó incrédulo con una sonrisa pícara mientras acercaba a Sam más a su pecho desnudo y húmedo.

— ¿ Y tú qué se supone que estás haciendo? — pregunta algo nervioso y lo aleja. — Ponte algo de ropa, si Gakupo te ve de esa manera se va a enojar — dijo bajando el tono de voz para que su prometido no se fuera a despertar.

—¿Y crees que eso me importa? — le responde con una sonrisa acercándose a él. — ¿ Acaso tienes miedo de que él se entere de que es a mi a quien amas? — pregunta muy cerca de él acorralándolo en la meseta de la cocina.

— Eres demasiado engreído ¿cómo asumes que te amo? Ha pasado tiempo Daiki — contesta Sam sin escapatoria y mirando hacia otro lado para no verlo de frente.

— Sam, porque ha pasado tiempo es que lo sé. Solo de tenerte de esta manera puedo sentir tu corazón latiendo rápidamente, tu cuerpo está temblando, tu respiración esta agitada y te estás mordiendo el labio — comenta y le rosa los labios con las yema de sus dedos para que dejara de morderlo — ¿Cuándo él está así de cerca, también reaccionas así? — pregunta en un susurro casi rosandole los labios. — Dudo que sea así ya que yo te conozco mejor que nadie. No te vas a casar con ese cara de uke. Eres completamente mio — Dice muy seguro y le da un pequeño beso en la comisura de los labios.

Sam en verdad se había sorprendido antes aquellas palabras, no podía decir nada ya que sabía que era cierto. Su cuerpo solo reaccionaba a Daiki y eso le molestaba. No sabía que iba a pasar pero tenia que casarse con Gakupo ya que era la única forma de olvidarse de Daiki.

Daiki le sonrío al ver que no dijo nada, solo sentía el cuerpo de Sam calentarse y temblar bajo el de él. Eso era algo que lo ponía feliz al darse cuenta que Sam aún le pertenecía, a pesar de todo lo que había pasado ambos se sentían atraído por el otro.

Daiki se alejó y salía de la cocina para ir a ponerse su ropa. Para su sorpresa se encontró a Gakupo escuchando detrás de la puerta, Daiki le dio una sonrisa de victoria y se dirigió a la habitación donde se había quedado seguido por Gakupo.

— Así que tú eres aquel chico que hizo sufrir a Sam en el pasado — dijo cruzado de brazo recostado en el marco de la puerta. Daiki no dijo nada solo se dedicaba a tomar su ropa. — Quiero que dejes a Sam en paz, no quiero que vuelvas a acercartele. — dijo en forma de orden y muy decidido.

Daiki no pensaba contestarle pero al escuchar eso perdió la poquita paciencia que tenía, dejo la ropa en la cama y caminó hasta el marco de la puerta hasta acercarse lo suficiente a él.

— ¿Quién me va a impedir que me acerque? ¿tú y cuantos más? — le dice dándole una mirada de desprecio y con una voz firme.

— No te creas que Sam está solo, conmigo basta para mandarte al infierno — dice Gakupo decidido a alejarlo de Sam, su mirada era fría y decidida.

Daiki comenzó a reír a carcajada al escucharlo y verlo de esa manera. Gakupo se sorprendió ante su comportamiento tan irracional, pensaba que se había vuelto loco.

— Escúchame atentamente niño bonito — dice Daiki poniéndose serio de repente y lo acorrala contra la pared — Quien esta metiéndose en donde no lo llaman eres tú, te recomiendo que desaparezca o te desapareceré yo — dice amenazante, acercando su rostro al de él — Aunque mirándote bien, eres bastante atractivo para ser mi uke —le sujeta las manos a la cabeza y una de su rodilla la coloca en medio de las piernas de él. — ¿Qué tal si lo hacemos ahora? — le susurra sonriente pero con una mirada de despreció hacia él.

— ¡Suéltame! — exclama enojado — Eres un maldito demonio — dice y se libera del agarre empujando a Daiki para alejarlo de él.

— Soy el mismo diablo — comenta furioso, era como si lo rodeará un aura demoníaca pero tenia ganas de matar a aquel sujeto frente a él.

Gakupo no vaciló ante él y le devolvió la mirada, pero no dijo nada más ya que sabía que era imposible razonar con este tipo. Salió de allí y se dirigió al cuarto de Sam, cerró la puerta y dio un gran suspiro. Miró sus manos y estaba temblando, Daiki le había hecho temblar. Sabía que no podía acercarse a él o sería hombre muerto, pero por Sam no le importaba morir así que no le iba a dar el gusto de alejarse.

Daiki estaba furioso, nadie se había atrevido a retarlo de es manera, quería golpearlo hasta que ya no respiraba más. Se vistió enojado y decidió salir de la habitación. Antes de salir del apartamento vio a Sam, se acercó a él y lo besó en los labios, se alejó y le dio una sonrisa.

— Te veo en la Mansión está noche — le dijo Daiki y salió del lugar rumbo a La Mansión.

A Sam no le dio tiempo a negarse, aunque una parte de él lo deseaba. Él estaba en una lucha consigo mismo, no sabía a quien hacerle caso si a sus sentimientos que gritaban que fuera tras de él y le dijera que lo amaba o a su razón que le gritaba que se alejará ya que Daiki lo había rechazado antes.

Gakupo salió de la habitación y miró a Sam, lo veía perdido en sus pensamientos. Él se había dado cuenta de los sentimientos de Sam, sabía que no lo quería a él y a pesar de que tenía eso muy claro quería casarse con Sam. Quería que Sam olvidará a Daiki y que solo pensará en él. Pero por otro lado sabía que no lo iba a conseguir y que Sam iba a ser infeliz a su lado.

— ¿Estás bien? — pregunta sacando a Sam de su mundo de pensamiento.

— Si lo estoy — contesta rápidamente fingiendo una sonrisa — He preparado el desayuno, siéntate y te sirvo — dice desviando su mirada al desayuno y terminando de prepararlo.

— ¿Por qué no me dijiste que ese hombre que traje anoche era Daiki, la persona que amas? — dice de repente y Sam se sorprende ante su pregunta.

— Y-yo lo siento... — se disculpa con la cabeza baja — No pensé que fuera importante — dice avergonzado por lo que había hecho.

—¿Aún lo amas verdad? — pregunta serio, aunque ya sabía la respuesta quería escucharla de él.

—Sí — dijo sin vacilar y sin voltear a verlo.

— Ve y búscalo, se feliz con él y no estés perdiendo el tiempo conmigo — dice dándose por vencido y dándole una sonrisa sincera. A pesar de que le dolía sabía que no tenía oportunidad y prefería alejarse.

— Perdóname, no debí mentirte — dice Sam y se voltea a verlo — Yo pensé que lo iba a olvidar pero me equivoque, no quería hacerte sufrir. Te juro que esa no era mi intención — se disculpa sinceramente.

— Tranquilo, esa ya lo sé, si algún día me necesitas sabes donde encontrarme — se acerca y le da una cálido beso en la mejilla — Cuídate mucho Sam — lo abraza y Sam corresponde para luego salir del apartamento. Ya tenía planeado regresar a su país.

Sam estaba triste por Gakupo pero por otro lado estaba feliz de que él lo entendiera. Sam estaba decidido y a pesar de que quería a Daiki no se la iba a poner nada fácil. Él había sufrido por el rechazo de Daiki, ahora era su turno de hacerlo sufrir a él.

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