Los días pasaban y todo estaba tranquilo en La Mansión, más tranquilo de lo normal.
Solo se dan cuenta cuanto se quiere a una persona cuando se va lejos. Y ese era el caso de Daiki, extrañaba a Sam, no había hablado con él desde el día que se fue. Ni siquiera una llamada o un mensaje, Daiki solo sabía lo que le decía Kury, que había llegado bien y que haría su vida allá.
Daiki también vivía su vida con Asahi pero no sabía si eso iba a durar, cada día que pasaba se alejaban uno del otro y Daiki sabía que las cosas no iban bien pero tampoco hizo nada para arreglarlo. Era como si no le diera importancia a lo que sucedía en su alrededor.
Daiki no sabía donde estaba Asahi, tenia dos días que no sabia de él, le preguntaba a los de la mansión y nadie sabía nada. No le sorprendía que Asahi desapareciera así ya que eso se le había hecho costumbre. Daiki decidió no darle importancia ya que él tarde o temprano iba a aparecer.
Esa noche Daiki decidió ir a dar una vuelta para despejar sus pensamientos y sabía quien lo iba a acompañar, tomó su celular y le envío un mensaje a Irving para que se vieran en el lugar de siempre.
Irving siempre lo animaba y le daba muy buenos consejos ya se habían hecho amigos.
Salió de la Mansión y se dirigió al bar donde estaba Irving esperándolo, era muy puntual en cuanto a sus cita y eso le agradaba a Daiki.
- No deberías mandar mensajes en forma de orden a las personas, no sabes si tienen otros planes - se quejo Irving al verlo llegar y sentarse a su lado en la barra.
- ¿Qué planes tu podrías tener mas importante que verme? - le dijo Daiki algo prepotente pero a la vez divertido lo que hizo reír a Irving.
- Pues podría tener algún amor ¿no crees? - le comentó Irving ordenando dos tragos por señas.
- Si eso fuera cierto no estarías aquí, así que tomo que vinieras como una señal de amor hacia mi - Dice coqueto acercándose a la mejilla de Irving en la cual dejo una leve mordida.
- ¡C...callate! - dijo él algo avergonzado por lo que le había dicho el mayor y tomó su trago el cual bebió de un sorbo. - ¿Qué ha pasado con Sam? ¿has sabido algo de él? - le pregunta con curiosidad, ya sabía toda la historia entre Sam y Daiki y quería saber como se encontraba Daiki al respeto de esa situación.
- No se nada - dice algo triste el mayor y tomó su trago de un sorbo al escuchar el nombre de Sam. Eso era algo que lo ponía nostálgico.
Irving al ver la cara que puso decidió cambiar de tema, pidieron otra copa y charlaban, reían y tomaban mientras pasaba la noche.
Sam en el extranjero se había puesto a terminar su carrera universitaria, había conocido a un hombre que era doctor con el cual comenzó una amistad o algo así.
Sam pasaba todo el tiempo ocupado para avanzar en sus estudios y no pensar en cosas que no debía, a veces cuando dormía él volvía a su cabeza y hacia que Sam lo extrañara pero aun así no quiso llamar a la mansión solo para poder olvidarse de él.
Kury se llevaba muy bien con Kou, Kido salia todo el tiempo por asuntos de trabajo y pues era lógico que Kury necesitaba con quien entretenerse.
De Deru no se sabía nada, pero quien ocultaba algo era Jun y al parecer esos dos tenían una relación, no era seguro pero era lo que los demás sospechaban. Le preguntaban a Jun pero siempre encontraba como evadir las preguntas. Para eso si actúa como un adulto.
Un nuevo chico llamado Carlos se integró a la mansión. Un chico alto, cabello negro y corto, una voz algo gruesa que sería divertido escucharlo gemir. Este chico era Seme (según él) cosa que como siempre Daiki no le creyó. Para Daiki todos eran ukes hasta que le mostrarán lo contrario, cosa que nunca paso.
A Daiki no le caía muy bien ese chico, algo en él no le agradaba, no sabia lo que era pero no le gustaba.
Más días pasaban y no se sabía nada de Asahi, era como si se lo hubiese tragado la tierra. Daiki le preguntaba a todos por él pero no consiguió ninguna pista, lo llamaba y le dejaba mensajes pero nunca contestaba. Daiki se había preocupado pero no podía hacer nada, era como si Asahi no quería que lo encontraran.
Ya eran meses los que habían pasados, todos vivían sus vidas. Unos por un lado y otros por el otro.
Era fin de semana y Daiki había llegado a la mansión, estaba agotado de su trabajo y quedó en verse con Eiichi más tarde pero no tenía ganas. Le envío un mensaje diciendo que no se sentía bien y que no iría. Quería quedarse en casa y descansar por lo menos por esa noche.
Se dio un baño y se puso su pijama, salió de su habitación para ir a la cocina a buscar algo para cenar. Pero no había nada hecho, suspiró ya que no tenía ganas de cocinar pero igual se puso a hacerlo ya que el hambre era mas grande.
Mientras preparaba un filete de pescado con papas salteada y ensalada no se dio cuenta que alguien lo estaba observando desde atrás.
- ¿Me dejaras probar lo que estás cocinando? Eso huele muy bien - dice esa persona que estaba de espalda a él.
Al escuchar esa voz se sorprendió y la cuchara que tenia en su mano se le calló por la sorpresa ya que reconocía esa voz. No se giro a ver a esa persona ya que se puso algo nervioso, intento calmarse y se bajo a recoger la cuchara que se le había caído.
- Puedo cocinar para ti también si así lo quieres - contesta disimulando que estaba nervioso.
- ¿Y ni siquiera me dirás hola? - pregunta el chico acercándose a Daiki.
Daiki al escuchar eso dejo de hacer lo que hacía y volteó a mirarlo. Allí estaba él, con una cálida sonrisa. Seguí igual o mas lindo que antes.
- ¡Hola, Sam! - exclamó dándole una cálida sonrisa - Me alegra volver a verte - comenta y se acerca a él dándole un fuerte abrazo a lo que Sam correspondió.
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La Mansión
Fiksi Penggemar( Advertencia: este contenido contiene relaciones chicoxchico si no te gusta este genero por favor no lo leas) La historia se centra en una hermosa mansión donde los hombres homosexuales van a divertirse, pasan muchas cosas a los que viven allí...
