Capítulo XL

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Cuando una persona pierde el control de sí mismo hay que preocuparse. Este es el caso de Daiki, el cual se encontraba besando con lujuria a su amado, lo sostenía entre sus brazos completamente desnudos, mientras el menor le quitaba la cinta que le sujetaba la bata de baño. 

Las caricias se hacían presentes y el deseo se desbordó. Todo se volvió más intenso y con desesperación por poseerse uno con el otro.

Con los dos desnudos, era algo inevitable lo que sucedería después.

Daiki levantó a Sam por las caderas y este lo rodeó con sus piernas, se aferraban uno con otro como si no hubiese mañana.

El mayor posicionó a Sam en una esquina de la mesa, en donde momentos antes estaban cenando tranquilamente. Sam se aferraba al cuello de este y sentía la erección del mayor rosar con la suya.

Los labios del mayor le recorrían el cuello con anhelo, sabía que le iba a dejar marcas por todo el cuerpo pero no dijo nada, solo se dejó embriagar por el deseo y el placer que sentía.

Daiki lo anhelaba aún más y lo mordía y chupaba por el cuello dejando algunas marcas sin darse cuenta, bajaba hasta el pecho de este, le mordía y succionaba los pezones, le acariciaba el abdomen y luego le masturbaba el miembro con una de sus manos.

Sam jadeaba y gemía al sentir las mordidas, su cuerpo se estremecía al sentir aquellas caricias que lo envolvían. Se sujetaba de los bordes de la mesa al sentir al mayor bajar sus labios a su miembro el cual palpitaba con más intensidad.

La lengua escurridiza de Daiki le acariciaba el glande y lo lamía como si de un dulce se tratase, le recorría todo el alrededor mientras empujaba levemente el cuerpo de Sam hacia atrás para poder tener buena vista de la entrada de este la cual humedecía con su lengua, deslizaba sus dedos dentro de esta, primero uno, después fueron dos, hasta que el tercero entró sin problemas. Los movía de adentro hacia afuera y le encantaba como los gemidos de Sam subían de tono.

Sam gemía tratando de contenerse pero le era imposible, cada vez que Daiki movía sus dedos y jugaba con su miembro en su boca gemía aún más. Sentía su orgasmo y cerraba sus ojos con fuerza hasta que sintió esa liberación al correrse en la boca de su amado.

El mayor tragó aquel líquido espeso y lamió sus labios con su lengua, se dibujaba una sonrisa de satisfacción en él al ver a Sam en ese estado. Se posicionó abriendo un poco más las piernas del menor, su miembro palpitante de la excitación rosaba la entrada de Sam y entró de una sola embestida la cual le provocó un grito a Sam.

— ¿Pu-puedes...ser un poco...más amable?— preguntó por fin Sam entre jadeos pero el mayor no le contestó.

Daiki lo miraba con una lujuria interminable, simplemente le sonrió pervertido y comenzó a moverse, lo hizo lento pero de un momento a otro sus embestidas eran más rápidas y profundas.

Sam gritó ya que le había dolido pero también le gustaba, aunque pidiera que parara ya sabía que no le haría caso, desde el principio Daiki le advirtió que no lo haría. Sí que cumplía su palabra de que lo iba a destrozar. Sus embestidas eran fuertes y con sus manos sujetaba las piernas del menor para evitar que escapara.

Daiki jadeaba de placer, sabía que se correría rápido ya que tenía varios días aguantándose, sujetó el miembro de Sam con una de sus manos y lo masturbaba al ritmo que lo embestía fuertemente.

Sam gemía más y más, su cuerpo sentía un espasmo tras otro y se corrió nuevamente, esta vez ensuciando su abdomen. Sintió algo caliente dentro de él y se dio cuenta que el mayor se corrió dentro de él.

Ambos jadeaban cansados y liberados, aunque Daiki no se sentía satisfecho. Sacó su miembro de la entrada de Sam y miraba como salía su semen de su interior, eso se veía muy provocar antes sus ojos. Miró a Sam con esa mirada coqueta y el rostro del menor estaba todo rojo. Bajó su cabeza y sacó su lengua, limpiaba el abdomen de Sam con ella.

Sam simplemente no dijo nada, sabía que sus palabras serían ignoradas en esos momentos. Dejó que terminara de limpiar su abdomen y trató de bajarse de la mesa.

—Yo te ayudo— dijo está vez Daiki y lo cargó en brazos.

— ¡Bájame! Iré a darme otro ducha— dijo algo tímido ya que esa mirada de Daiki lo intimidaba y sospechaba que esto sería para largo.

—Yo te bañarédespués— contestó sentándolo en un sillón —Claro, después que te haga el amor en cada rincón de este cuarto— comentó algo siniestro y Sam rió alto. Daiki lo miró travieso y también rió con él.

—Creo que no tengo más opción que aceptarlo gustoso— dijo coqueto Sam y halo a Daiki de la mano haciendo que se sentara a su lado.

—Hoy todo es un sí o si — dijo el mayor mientras sujetaba las caderas de Sam cuando esté se sentó sobre él.

—Entonces déjame jugar contigo también— le susurró rosando sus labios con los del mayor, no dejó que este contestará simplemente se apoderó de sus labios en un apasionado beso.

Daiki correspondió gustoso, se recostó hacia atrás dejando a Sam sobre él, los dos se excitaban nuevamente. Esta vez Sam llevaba el control, acariciaba el torso del mayor mientras sus labios se separaron de él y le besaba el cuello, lo mordía con anhelo y desesperación.

Sus labios bajaron hasta el miembro del mayor, lo besó con una sonrisa pervertida y Daiki solo lo observaba. Sam colocó el miembro de este dentro de su boca y lo succionaba mientras hacía movimientos de sube y baja con su cabeza.

Daiki jadeaba de placer, en verdad Sam lo hacía muy bien, sentía su cuerpo vibrar de excitación y se dejaba llevar. Puso una de sus manos en la cabeza del menor ayudándolo con el movimiento de sube y baja. Mientras más Sam lo masturbaba con su boca más le encantaba.

Sam se detuvo y lo miró con esa peculiar sonrisa que solo él sabía darle, subió sus labios a los de su amado y lo besó con lujuria, mientras colocaba el miembro del mayor dentro de su entrada. Gimió al sentirlo dentro y se comenzó a mover, no había necesitado lubricación ya que aún quedaba rastro del semen de Daiki en su interior.

Se movía lento y eso desesperó a Daiki, presionó a Sam más contra él, haciendo que su miembro entrara en lo más profundo, haciendo que el menor gimiera más alto. Sam entendió lo que su amado deseaba y se sentó sobre él. El sube y baja de sus caderas era más rápido mientras se masturbaba así mismo.

Verlo de esa manera Daiki enloquecía, no pudo resistirlo más y en un movimiento rápido tenía a Sam debajo de él. Le dio la vuelta dejándolo de espalda con el trasero levantado y lo penetró con fuerza y profundidad. El menor se dejaba llevar, se seguía masturbando, gemía y sentía las fuertes embestidas de su esposo.

Ambos se corrieron al unísono, estaban jadeantes y sudados de arriba abajo. El sillón fue ensuciado por la esencia de ambos y solo rieron.

Sam no podía más, era la tercera vez que se corría y estaba agotado. Daiki lo cargó y lo llevó al baño, Sam no podía creer que lo bañaría.

Pero no fue del todo mentira, ambos se dieron una ducha pero también lo hicieron en el baño, después de eso en la cama y tuvieron que bañarse nuevamente.

Sam al salir del baño nuevamente se miró al espejo, su cuerpo estaba lleno de marcas de besos por todas partes, suspiró ya que se lo había imaginado. Daiki lo abrazó por detrás al verlo y le dio un pequeño beso en la mejilla.

—No tenías que ser tan cruel y dejar mi cuerpo así— se quejó.

—Eso demuestra que eres mío— le contesta victorioso el mayor.

—Te pasas de posesivo.

—Eso es porque eres demasiado lindo y debo cuidarte.­— esto provocó que Sam dejara de protestar ya que se avergonzó y su rostro se tornó rojo.

Ambos fueron a la cama, ya casi amanecía pero estaban agotados, así que solo iban a dormir, Sam se acurrucó en el pecho desnudo de su esposo y este lo abrazo, ambos quedaron dormidos a los pocos segundos.

Mientras Sam y Daiki disfrutaban su luna de miel, en La Mansión las cosas se ponían interesantes... 

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