Capítulo 36

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Paso por enfrente de la habitación de Alec. Actuo como si estuviera perdida y él no me está viendo, aunque sé que lo hace a través del vidrio. Puedo escuchar su risa. Abro la puerta y entro con timidez.

—Lo siento. Estoy buscando a un chico deportista, alto, atractivo y simpático. Su nombre es Alec. ¿Lo conoce?

—Depende. ¿Quién lo busca?

—Alguien irrelevante —respondo mientras me dejó caer en el sofá. Alec luce más pálido de lo normal y sigue conectado a algunos aparatos—. ¿Cómo estás?

—Bien, supongo. La herida sangra algunas veces.

—Lo lamento.

—¿Por qué?

—Por todo. Han pasado tantas cosas que no tengo palabras y simplemente... floto.

—¿Como aquella vez que comiste el brownie de marihuana?

—Aún peor.

—Eso es grave. Creo que tú deberías de estar en esta cama.

—Tal vez.

—Allison, aveces las cosas se salen de nuestra manos y no podemos hacer nada por remediarlas.

—Pero puedes evitarlas.

—Tampoco evitarlas. Dime, aquella vez que soplaste una burbuja y tratabas de que durara más de un minuto, ¿pudiste?

—No.

—Porque las burbujas son frágiles. Y todo lo que ves aquí, es frágil. No puedes retener, o evitar, un ciclo de vida que ya está marcado. Una burbuja puede durar dos segundos, y otra puede hacerlo catorce. Todo varía. Emma duró dieciocho años, y nosotros podemos durar cien.

—Es injusto.

—Nadie dijo que la vida es justa —responde con paciencia—. Ahora flotas como una burbuja, pero responde, ¿ya explotaste?

—Sigo viva.

—No me refiero a eso. ¿Ya lloraste? ¿Ya lo sacaste? ¿Ya lo asimilaste?

—No puedo asimilar algo que no tiene sentido, Alec.

—¿En qué momento algo cobró sentido? Vivimos en un mundo de locos, Allison.

—No puedo explotar.

—Eso no te hace débil.

Recargué el codo en mi rodilla y mi mano en la barbilla.

—Rocky Balboa lloró en sus películas.

—De felicidad.

—Pero lloró.

—Alec.

—Allison.

Miro el techo conteniendo las lágrimas pero es imposible. Comienzo a llorar. Las lágrimas se escurren con facilidad.

—Esto es un asco, Alec.

—Ven aquí.

Se mueve un poco en la cama y me ofrece un pequeño espacio para acostarme. Lo hago con cuidado. Alec acaricia mi cabello en forma de consolación.

—Emma y Daya estarían tan orgullosas de ti.

—¿Por qué?

—Porque sigues de pie. Y vas a luchar. Y vas a ganar, Allison.

—Yo...

—Perder no es una opción.

—Estoy asustada.

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