Capítulo 25

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Amanda decía que la vida da segundas oportunidades. Algunas pasan como destellos, como cuando logras frenar antes de que tu auto impacte con el loco conductor que se cruza el semaforo en rojo. Y otros que no son destellos, más bien, son ángeles. Algunos los llaman héroes, te salvan de morir en una tragedia y te ponen en un lugar seguro. Suena simple, salvarte. Pero todo se reinicia desde ese momento. Comprendes el valor de la vida y lo que conlleva preservarla. Aunque aveces eso no dependa de ti.

Todo se reinicia, comienza algo nuevo, a pesar de que todo luzca igual. En mi caso, el destello fue esa sombra que se cruzó en el camino e hizo que la camioneta impactara en el árbol con ramas salidas. La casualidad era que ese mismo árbol se iba a talar en los próximos días debido al peligro que era tenerlo en el bosque. Era tan extraño que parecía salido de una historia como Alicia en el país de las maravillas. Mi ángel, por decisión propia, fue Aiden. Y mi segunda oportunidad no es para reflexionar, es para remediar problemas.

El abrir los ojos me resulta más difícil de lo que pensaba. Me siento igual. El cuerpo parece más ligero, pero noto que las heridas no han sanado. Estoy sobre una cama la cual no reconozco, pero una fotografía enmarcada en la pared me dice que es de Tyler.

—¿Alguien está ahí? —pregunto en un grito. Me levanto. La herida aún no sana, tampoco duele. Tan solo provoca un ligero entumecimiento en la zona.

La puerta se abre y entran todos como si fueran médicos y yo hubiera despertado de un coma.

—Allison —Tyler es el primero en cruzar la habitación y acercarse a mí. Me abraza, pero al instante se separa—. Espera... Luces igual. Hueles igual.

Mira a los chicos quienes fruncen los ceños. Aiden saca una pequeña pelota de metal de uno de los cajones y me la entrega.

—Aprieta el puño —ordena. Lo hago y esta se comprime como si fuera simple hojalata—. Sí cambió.

Daren parece el único en entender la situación.

—Es como si siguieras siendo... humana —dice David.

—Tengo que cambiar las vendas. Salgan.

Todos salen, aturdidos y confundidos. Daren se acerca a mí y comienza a quitar las sagas de mi pecho. Baja la tira del sostén y de la camiseta. Su cuerpo se tensa.

—¿Por qué no sanan? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Cuatro horas.

—Es demasiado.

—Tú has sido esa excepción.

—¿Por qué?

No siento cuando retira la gasa, limpia y vuelve a poner otra.

—Tu anillo.

Lo miro.

—Es un anillo ancestral. Te protege de maldiciones, en este caso de ser un vampiro.

—Pero lo soy. He decidido serlo.

—No en su totalidad. Falta otra parte. Un segundo anillo.

—¿Eso quiere decir que soy...?

—Mitad vampiro y mitad humano. Exacto.

Sube los tirantes.

—Tú eras así antes, al principio.

Sonríe sin mostrar los dientes.

—¿Cómo lo conseguiste?

—Lo tenía Josh. Se lo robé cuando dormía el día que me enteré que para eso sirve. Después vine a Blackbear y el resto de la historia la conoces. —Se limpia las manos en una toalla—. No quería ser un vampiro en su totalidad. Solo sirve si te lo pones antes de la transformacion.

ETERNALLY ANGEL ✔️Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora