Capítulo 22

4.2K 356 14
                                        

El hombre estaciona en el otro extremo de la carretera. Nuestros autos están en direcciones opuestas: él sale de Blackbear, yo estaba por entrar.

Se baja y camina hacia mí, frotándose las manos en los brazos para amortiguar el frío. El clima es lo último que me importa en esos instantes.

—Nos conocemos, ¿verdad?

—Soy la chica de la gasolinera.

—La del auto resistente —confirma—No tan resistente.

Sonrío levemente.

—¿Qué ha pasado?

—Dos llantas desinfladas y una máquina de humo.

Echa un vistazo al problema, al parecer da con él ya que mueve la cabeza, asintiendo.

—Puedo solucionarlo. No las llantas desinfladas, pero sí el humo.

En verdad no quiero que el auto explote, si es que eso sucedería. Me arrepiento de no haber tomado las lecciones de mecánica que Carl me ofrecía el verano pasado.

—No quiero causar una molestia.

—No es ninguna molestia —responde sonriente.

Se dirige a la parte trasera de su camioneta negra y saca sus herramientas. Vuelve a mi auto y comienza su trabajo. Me mantengo cerca de la puerta del copiloto, así que no puedo ver con exactitud lo que hace.

La radio sigue encendida y Mark no para de hablar acerca de los asesinatos.

—Mi hija también escucha a ese pirado.

—¿Tiene una hija?

No lo creo, luce por ahí de los treinta... Menos de treinta y cinco.

—Sí. Es la razón por la que vine a este pueblo. No quiero que ella y mi ex esposa se queden aquí con todo este alboroto que hay.

—Buena decisión.

—¿Y de qué habla ahora?

—Teorías. Hombres lobo, el condado, seres misteriosos...

—¿Tú qué opinas?

—Que consume mucha marihuana —confirmo el comentario de Rose. Se ríe, pero no habla en espera de mi verdadera respuesta—. Creo que es un asesino serial con un fetiche por los lobos.

—Pensé lo mismo. Mi hija cree que es un partido político que quiere exterminar pueblos algo pequeños como este. Es defensora de los derechos de la mujer, creo que por eso escucha a ese chico.

—¿Para debatir?

—Mhm.

—Bueno... Hemos conseguido el voto, tal vez consigamos un café gratis en las noches después de una jornada como esposa, madre de familia o novia.

—Creo que todos necesitamos un café gratis por las noches —responde entre risas.

—Concuerdo con usted.

Sigue trabajando en silencio.

—¿Qué piensan tus padres de este lugar?

—Nos iremos lo antes posible.

—Son de Vancouver, ¿no?

Me tenso. Él nota mi silencio y se asoma por arriba del cofre. Así de alto es.

—Tus placas. Son placas de Vancouver.

Vuelvo a respirar.

—Mi tía lo er... es. Ella vive ahí.

—Es un bonito lugar. He ido de vacaciones hace dos años.

—Sí. Lo es.

—Terminé —avisa y cierra el cofre. Se sacude las manos y coloca las herramientas en la caja—. ¿Esperas a alguien? ¿Podemos llamar a una grúa?

—Mi novio está de camino.

Un auto se aproxima a lo lejos. Confirmo que es Daren cuando los faros se apagan y se encienden un par de veces como señal.

—Ahí está.

—Perfecto.

—No tengo efectivo pero puedo hacerle un cheque.

"Tampoco tengo tanto dinero en el banco", pensé.

—No te preocupes. Solo fue cuestión de reconectar y reforzar.

—Mucha gracias. —Le extiendo la mano y él la acepta—. Qué tenga buena noche.

—Igualmente. Soy Josh, por cierto.

—Allison.

Se aleja y antes de entrar a su camioneta vuelve a despedirse con la mano. Él arranca y el otro auto se estaciona frente al mío.

Daren se baja, yo ruedo los ojos y maldigo por debajo al ver el auto.

—¿En serio? —pregunto cuando lo tengo más cerca—. ¿La camioneta de Tate?

—¿Quién era él? —pregunta, refiriéndose a Josh.

—No respondes mi pregunta.

—Hemos hablado pacíficamente. —Pero noto un moretón en la comisura de su labio el cual está por desaparecer casi por completo—. Están dispuestos a ayudarnos si te disculpas.

—No lo haré.

—¡Allison, no es una puta pregunta!

Es la primera vez que se enfada conmigo. Por impresionante que sea, su grito no me asusta, tan solo hace latir con más fuerza mi corazón.

—¿Quién era él?

—Me ayudó con el auto. Es un hombre llamado Josh. Vino a Blackbear a visitar a su hija.

—¿Josh? ¿Cómo era?

Loa chicos parecen notar su preocupación y se bajan de la camioneta. Ahí están todos, a excepción de David.

—Alto, tal vez un metro con noventa. Tiene una barba que parece recién recortada. Tiene aspecto de leñador, un leñador de treinta y dos años. —Lo último lo digo dudosa.

—¡Mierda, Allison! ¡Es Josh!

Sé que he escuchado ese nombre antes, pero no puedo recordar en su totalidad.

—¿Qué sucede? —pregunta Tate.

—Josh es un aliado de Daír —responde.

Mi mente de despeja de esa terrible neblina y recuerda quién es.

—¿El que convierte a...? Mierda.

—Expliquen —pide Aiden con serenidad, pero hay cierta desesperación en sus ojos.

—Daír no convertirá a nadie en un vampiro. Conoció a Josh en un búsqueda de su misma especie. Él acababa de perder a su hija y a su esposa en un incendio.

—Todo es un puto círculo de enemigos —comenta Tyler entiendo la razón del incendio.

—Fue esa razón la que los unió. Josh es la mano derecha de Daír. Los convierte.

—¿Te ayudó con el auto? —pregunta Reik.

—Esta mañana viajé a Vancouver y nos encontramos en una gasolinera a unos kilómetros de aquí. Él observaba mi auto, fue la razón por la que decidí salir y hablar con él.

—Te está cazando.

—¿Qué?

—¡Te está cazando! —repite con frustración.




ETERNALLY ANGEL ✔️Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora