-Capitulo 33-

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Llama viniste a mí, el fuego se encuentra con la gasolina, me estoy quemando vivo. Apenas puedo respirar, cuando estás aquí amándome, el fuego se encuentra con la gasolina. Tengo todo lo que necesito, cuando volviste a mí, el fuego se encuentra con la gasolina. Me estoy quemando vivo.

_ ¿Hijo? _golpeando la puerta. _ ¿Estás bien? _.

Sigo enredado entre las sábanas de mi cama. No quería salir, moverme, hablar. Ni siquiera respirar. Mantengo los ojos cerrados, pero me lo impedían.

_Franco, por favor_ golpea mi mamá, nuevamente. _ ¿Me podes abrir? _.

Me levanto y abro la puerta, pero no la dejo entrar.

_Estoy bien_ seco.

_No te creo_ sincera. _ ¿Me dejas pasar? _.

_ ¿Por qué estas vestida así? _ mirándola con extrañez.

_Los vecinos nos invitaron a un restaurante_ comenta. _Podes venir si queres, te va a hacer bien_.

_Paso_ con los ojos entrecerrados.

_ ¿Seguro? _insiste.

_Quiero descansar_.

Se acomoda la campera y se da vuelta a las escaleras.

_Ma_ suelto, saliendo de la habitación, aferrándome a ella. _Te amo_.

_Lo sé hijo_ besándome la frente. _Todo va a mejorar_.

Mi papá sale de la habitación, lo saludo y ambos bajan las escaleras.

_Si tenes hambre hay empanadas_ comenta ella.

_Gracias ma, voy a descansar_.

Me vuelvo a encerrar. Escucho las pisadas de las escaleras, sus voces, la puerta de entrada y el coche que arranca y desaparece en medio de la calle. Ahora era yo mí mismo y yo. Solos. Estiro el brazo hasta alcanzar mi caja. Recostado en mi cama, tomo la ropa de la foto junto a mis papás el día que me trajeron, todavía tenía perfume, me traía recuerdos.

Empecemos con lo que sabemos hasta ahora. Soy adoptado, mis papás están desaparecidos o muertos, tengo una hermana que no sabe quién soy, mis amigos no confían en mí. ¿Qué más se le puede agregar a esto?

_ ¿Por qué me pasa todo esto? _liberando mis lágrimas. _Quiero dejar de sufrir_.

Paso las fotos, el Orfanato, el Jardín de Infantes, el Colegio Primario y Secundario, el Campo de Palo. Todos aquellos momentos estaban conmigo, ahora y siempre. No podía creer como había pasado el tiempo y todo lo que había pasado en este transcurso. No me quedaba nadie con quien hablar ni Ezequiel, ni Palo. Me encuentro nuevamente solo. Para siempre.

_ ¿Hay una salida para esto? _ dejando de lado el álbum. _No hagas una locura Franco, no hagas una locura_.

Sentado en mi escritorio, entro en la biblioteca musical de mi computadora y marco una de mis canciones favoritas, una que hablaba un poco de todo lo que viví y como iba a seguir mi vida. De mi cajón saco un pedazo de papel y con una fibra escribo algo en el. Lo pego al monitor.

Bajo a la cocina por un vaso de agua, dejando de lado las empanadas que mi mamá me había dejado. Paseo por toda la casa y recorro cada habitación como si no la conociera. Podría ir a cualquier cuarto hasta con los ojos cerrados. Mi casa, mi hogar, no el verdadero pero en el que me crié.

Empiezo a marearme, no sabía lo que me pasaba. Me encierro nuevamente en mi habitación, esta vez con seguro, como la primera vez. Hacía mucho calor, sentía un extraño sabor en mi garganta, lo único que quería era largar todo lo que tenía en mi estómago. Levanto las ventanas y salgo a mi balcón. Respiro profundamente el aire que corría aquella noche. Aquel Viernes de Mayo que nunca iba a olvidar.

_Mira a quien nos encontramos_ escucho detrás de mí. _El maricón del curso, el que no sabe hacer nada_.

_ ¿Ezequiel? _viéndolo caminar con sus amigos.

_Vos empezaste, nunca quisimos hacer esto_ suelta. _Pero sos el más débil, el tonto, el que tiene que sufrir_.

Todas esas palabras me arrastraban al pasado, a momentos que quería olvidar.

_Basta_ los detengo. _No me molesten_.

_ Que paliza que te dio Ezequiel_ escucho a mi derecha.

_ ¿Ariel? _mirándolo a los ojos. _Andate_.

Entro a mi cuarto de mi cajón saco la tijera, los amenazo, pero no se alejaban se acercaban cada vez más y reían sin parar.

_Aléjense_ apuntándolos con el filo de la tijera.

Lo único que hacen es reír e insultarme. No paran de hacerlo, me vuelvo loco al escuchar sus voces, no salían de mi cabeza, penetraban cada esquina de mi cuarto. Me empujan y tiran de la ropa, me suelto y choco contra una de las bibliotecas. Tiro todo a mi alcance, dejando un desorden que nadie podía arreglar.

_Se ve que tu papá nunca te enseñó a ser un hombre_ metiéndose con mi familia. _Eso te hizo ser quien sos, un perdedor como el_.

_Basta_ acercándome a él.

Lo apuñalo, peso su cuerpo se vuelve aire y desaparece. De un segundo a otro me doy vuelta y lo tengo enfrente de mí.

_Vamos Franco_ tomándome del brazo. _Esta es tu única salida_.

_ ¿Amigo estas bien? _se acerca Eze preocupado, en cuanto me descuido me da un golpe en la cara y vuelve con Ariel. _Le di un buen golpe amigo_.

_Sos un idiota Franco_ suelta Ariel, después me escupe. _No haces nada bien. Nadie te quiere, nadie se interesa por vos. Ni siquiera le importas a tus papás_.

_ ¡BASTA!_ grito.

En ese momento abrí la tijera de par en par, dejo que el filo brille con la luz de la habitación y la deslizo sobre mi muñeca, con fuerza. Pego un grito de dolor y la revoleo. Lo que sentía era real, un dolor, pero no me molestaba, me relajaba. Aquellas personas que me molestaban ahora eran puro polvo.

_Soy libre_ sonriente.

"No tenes salida Franco. No hay salida. Esto recién empieza. No sabes lo que está por venir, el fin está cerca"

Mi muñeca era pintada por aquel liquido que emanaba, se deslizaba por mi brazo bañaba en piso a gotas. Perdía sangre y no me importaba, empezaba a cansarme, sentirme débil.

_Franco_ escucho, una última vez.

Giro la cabeza y la veo. Una vez más.

_Abuela_ con dificultad en la voz.

_ ¿Qué hiciste Franco? _.

_Te extrañaba abuela_ sintiendo su calor en mi rostro.

_Yo también_ sonriente. _Siempre quise contarte la verdad de tu vida_.

_No te culpo_ sincero. _Ahora me siento mucho mejor_.

Empezaba a temblar, sentir frio. Mi cuerpo empezaba a hacerse pesado y mis pensamientos quedaban secos. Las piernas me temblaban, no podía mantenerme parado.

_Siempre voy a estar al lado tuyo_ suelta. _No te voy a dejar_.

_Juntos_.

_Es hora Franco_ tomándome de la mano. _El viaje es largo_.

Camino como puedo hasta mi balcón, trato de agarrarme de la baranda, estaba por caer al vacío, me patino con la sangre que había en el suelo, me doy un fuerte golpe en la cabeza y caigo al suelo, golpeándome nuevamente.

_Siempre..._ empiezo a decir, sin poder terminar la frase. _Siempre juntos_.

Mi cuerpo era una mochila pesada, una carga que no se podía levantar. No podía mantener los ojos abiertos ni un segundo más. Mi pasado empezaba a hacerse cenizas, los recuerdos, todo lo que sabía de mí, ahora estaba en blanco. ¿Qué tan fuerte me había golpeado la cabeza? Todavía podía sentirlo. Se me empieza a dificultar la respiración, todavía me quedaba tiempo.

Este era el final, mi final. Un fuerte estruendo se escucha, las puertas de mi callejón se abrían y libre empezaba a caminar hacia la luz. Dando paso a mi única salida.

SIN SALIDA 3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora