-Capitulo 20-

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Me había bañado, estaba en la cama con mi celular, hablando con Ezequiel. Sentía que empezaba a olvidarme de las cosas, prometí ir a ver a Silvia. No tenía a nadie que me acompañe. Tomo mi tarjeta para el colectivo y salgo de mi cuarto.

_Voy a ver a Silvia_ tomando las llaves de mi mochila.

_No Franco_ seca.

_ ¿Por qué? _ con una risa tensa.

_Tenemos que hablar_.

_No sabes lo que esperé para escuchar eso_ sentándome frente a ella. _Hace tiempo que no hablamos. De madre a hijo_.

_ ¿Qué? _confundida.

_Te tengo que pedir perdón_ sincero. _Sé que mis notas no son las mejores este año_.

_No hijo, no es eso de lo que quiero hablar_ parándome.

_ ¿Entonces? _.

_Esperaba que tu papá estuviera acá, pero no puede venir_ empezando a hablar, después me toma de las manos_ Primero quiero que sepas que te amamos mucho

_Me estas asustando_ mientras se aceleraban mis pulsaciones.

_Nosotros no somos tus papás_ con lágrimas en los ojos.

En ese momento, toda mi vida se vino abajo.

_ ¿Qué? _sin palabras.

De un álbum que tenía a su lado, saca una foto en particular. Eran ellos, tan jóvenes como los recuerdo. Estaban ellos dos y me tenían en sus brazos, de fondo una construcción campestre, muy grande y con demás chicos en el fondo. Mis recuerdos se profundizan y las piezas empiezan a encajar en mi rompecabezas.

_Te adoptamos cuando eras muy chico_ recordando, al mirar la foto.

_No_ grito, soltándola.

_Perdón hijo, por favor_ ayudándome a tranquilizarme.

_ ¿Por qué me lo escondieron toda mi vida? _enojado y llorando al mismo tiempo.

_Esperábamos decirte cuando cumplas 16_ levantándose del asiento, al mismo tiempo que yo.

_ ¿Me lo iban esconder más tiempo? _enojado. _ ¿Por qué no me lo dijeron cuando era chico? _.

_Porque te queríamos proteger_.

_Cómo_ fuera de sí. _Nunca me dijiste que los sueños que tenía eran recuerdos_.

Las lágrimas inundaban el lugar, esta vez mi callejón era un estanque y se llenaba cada vez más. No podía encontrar una salida. Lo único que me quedaba por hacer era liberar la respiración y dejarme llevar hasta el fondo del estanque y esperar, a que todo terminara.

_Hijo_ sin más que decir.

_No_ cerrándole la boca. _Te odio_.

_Franco..._.

Salgo corriendo del comedor y con mis pies devoro escalón por escalón de las escaleras. Trata de alcanzarme pero no lo logra, cuando llego a mi cuarto me encierro con llave.

_Franco abrí la puerta_ golpeando. _Por favor hijo_.

Arranco las sábanas de mi cama y trato de envolverme en ellas. Todo esto estaba pasando, algo sabía pero no me lo esperaba. Me siento un tonto, no tengo familia, ella nunca me tuvo dentro suyo.

Estoy perdido, intentando tocar fondo en un océano de gente. Por favor no me preguntes nada, porque no sé mi nombre, no juego bajo las reglas del juego. Así que dices que estoy intentándolo.

_ ¿Por qué? _grito.

_Hijo_ desde la puerta. _Abrí la puerta, te voy a dejar algo_.

No quería verla, escucharla, ni siquiera sentirla desde lo más cerca. Escucho que deja algo enfrente de la puerta y después baja las escaleras. De un segundo a otro abrí la puerta y metí la caja a mi habitación. En frente de mi cama, me envolví nuevamente en las sábanas y empecé a buscar en la verdadera Caja Misteriosa.

Uno de los álbumes era del casamiento de mis padres. Todos los momentos, todas esas personas que creí que eran mi familia, no lo eran, eran desconocidos para mí. Llego a la foto en donde estaban mis abuelos. Abuela nunca te van a reemplazar, sos única. Dejo liberar mis lágrimas, si algo me daba cuenta era que mi abuela siempre quería decírmelo, por eso eran las pocas veces que me dejaban sola con ella. Los momentos de la fiesta pasaban en cada hoja, después su luna de miel, solo ellos dos, relajados, disfrutando y planeando un futuro. Algo me llama la atención.

Al pasar la última foto de su luna de miel, me encuentro con una hoja colorida titulada: "Bienvenido" de fondo era un campo. Paso la hoja y era la foto que mi mamá me había enseñado, la saco del álbum. Ese chico era yo, aquel pequeño de cinco años que estaba recibiendo el amor de una familia. De un segundo a otro doy vuelta la foto, alguien había escrito atrás:

"Franco Rodríguez, cuando lo escuchamos ambos sonreímos, siempre lo vas a tener. Sabemos que esto es difícil para vos y también para nosotros. No sabemos qué hacer o que decir, sos un regalo para nosotros y esperamos que tengas una vida hermosa. Nosotros somos Mary y Luis y esperamos que en este camino puedas ser feliz. Si estás leyendo esto cuando seas grande, te pedimos perdón y aceptamos tu enojo. Esto no es fácil para vos, pero tampoco para nosotros, es todo un desafío"

Me tapo la boca, todo esto era real y las pruebas estaban en la mesa. Mis primeros juegos, después encuentro una prenda de vestir, una camisita cuadrille verde combinada con negro y un short, me doy cuenta que es la ropa que tenía el día de la foto. El día que mis papás me adoptaron. Muchas cosas más encuentro, pero entre ellas algo me llamó nuevamente la atención. Una hoja con mi nombre en el centro.

"Franco es una persona realmente cuidadosa con todo lo que hace, absolutamente todo lo que hace está muy meditado y pensado, no deja nada a la improvisación, de esta manera cree que minimiza el riesgo de que se produzcan errores.

No es una persona que tenga demasiadas amistades ya que puede llegar a tener una personalidad difícil en ciertas ocasiones, sobre todo si sus planes no resultan como él esperaba. Sin embargo, cuando está tranquilo es una persona alegre y positiva al que le gusta reír, y si se le conoce, se le acaba cogiendo cariño.

Franco valora mucho a su familia, piensa que son lo mejor que tiene, y por ello le gusta estar en contacto con sus padres. Aunque también es cierto que es muy terco y le cuesta en exceso aceptar consejos"

¿Demasiadas amistades? ¿Personalidad difícil? Sí que me conoces bien pedazo de papel. Era extraño, dejo liberar una leve sonrisa, una hoja sabía cómo era y como podía ser en el futuro.

Encuentro en un folio más fotos con mi familia y con mi abuela, es entonces cuando apoyo esas fotos en mi pecho, cierro los ojos y aquellos recuerdos llegan a mi mente, no me acordaba de nada, de mi vida a los cinco años. En la calesita con mi abuela, andando en bicicleta con ella. En una de las fotos, con la misma ropa que había encontrado me sostenía una señora, una monja. Doy vuelta la foto y leo "Rosa y Franco" Ella aquella mujer que había visto en mis sueños, aquellas monja que siempre me cuido desde que me recibió en sus brazos. Ahora lo sé todo, cierro mis ojos y todo se ordena.

Ahora sé mi nombre, no juego bajo las reglas del juego. Así que tú dices que no estoy intentándolo, pero lo estoy intentando. Para encontrar mí camino.

SIN SALIDA 3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora