Sarah no había pegado ojo en toda la noche, como tampoco lo había hecho la noche anterior. Desde que había llegado el emisario del Rey, dos días atrás, su mente no dejaba de analizar las repercusiones de este nuevo giro de los acontecimientos. Temía que si el Rey reclamaba el apoyo de sus vasallos y los Rose tenían que luchar, necesitarían la espada de su hermano. Al Rey no le haría mucha gracia que su padre tuviera que decirle que su hermano había abandonado a su familia, pero eso es lo que le diría; y Balliol se enfurecería con su clan... Se avecinaba el desastre. No cabía duda.
Mientras paseaba por el patio de camino al establo para ver cómo estaba la herida de Minas, Sarah se topó con el entrenamiento de los hombres de su padre, pero en el centro no se encontraba Gideon, como era la costumbre, sino otra de las preocupaciones que le había mantenido despierta esa noche... y la anterior: Brodick MacNeil. Después de aquel cálido encuentro en el establo el hombre se había transformado en otro. Se mantenía a distancia y la miraba como si le hubiese ofendido. Llevaba dos días comportándose como un perfecto maleducado; y Sarah se estaba empezando a plantear acercarse hasta él y preguntarle si en algo le había agraviado. Pero al mismo tiempo se decía que la distancia, que él había impuesto, era lo mejor. Los sentimientos que le despertaba el MacNeil eran muy contradictorios para entenderlos y la actitud del guerrero no ayudaba en lo más mínimo a calmar sus inquietudes.
A veces lo sorprendía en medio de la cena o el almuerzo con los ojos fijos en ella, llenos de reproche. ¿Qué había hecho para ganarse su desprecio? Le gustaría volver a oír su voz áspera y sensual susurrando en su oído, volver a respirar aquel embriagador aroma a brezos y mirto que lo envolvía, sentir el calor que manaba de su cuerpo.
Lo había estado observando, como solía hacer con todo el mundo, analizando su carácter, su comportamiento... le parecía fascinante. Siempre parecía tan recio y comedido, siempre con su semblante impertérrito, excepto cuando bromeaba con sus primos. En aquellos instantes desaparecía el guerrero y se vislumbraban algunos matices de chiquillo en su sonrisa, que le caldeaban el corazón.
Aquella mañana lucía impresionante con el kilt, la falda típica escocesa y unas botas de cuero, que cubrían hasta las musculosas pantorrillas, como únicas vestiduras. Observó cómo Brodick elevaba la espada en postura defensiva para evitar el ataque de su contrincante, mostrando la dureza de sus poderosos brazos y marcando la hilera de músculos tensos de su vientre. Tenía un pecho fuerte y ancho, con apenas un poco de vello oscuro salpicado en el centro que descendía en una línea hasta el ombligo y más abajo hasta desaparecer en el borde de su kilt. Su cintura y sus caderas eran estrechas y vigorosas. Era pura fuerza y dominación.
En combate, su virilidad y poderío se veían magnificados. Sarah observaba extasiada el tono aceitunado de su piel, que parecía suave y brillante por el sudor. Su rostro era una máscara de determinación, desde el ceño fruncido por el combate hasta la mandíbula prominente y cuadrada. Era un rostro que hablaba de valentía, de experiencia, de férrea voluntad. Había conocido hombres muy guapos en la corte; su propio hermano poseía un rostro de adonis griego que hacía suspirar a las muchachitas, pero nunca había conocido a un hombre con el rudo atractivo de este guerrero. Su perfil anguloso, su cuerpo fornido y esculpido en granito, su semblante feroz... todo en él inspiraba dominio, fuerza y sensualidad. Era un dios vikingo, no había duda. Sarah no fue consciente de que se había quedado parada en medio del patio hasta que Gideon se le acercó y carraspeó a su lado:
—Veo que mis hombres no son los únicos fascinados por el mercenario MacNeil
Avergonzada por haber sido pillada observando al MacNeil, Sarah giro hacía la techumbre que sobresalía del establo, seguida por Gideon. Allí había un poco más de sombra que, en aquel momento de la mañana, ya comenzaba a agradecerse. Además, desde esa zona tenía una mejor perspectiva del entrenamiento.
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La ofrenda
Historical FictionEl hermano de Lady Sarah de Rose ha desaparecido poco después de la muerte de su madre. Ante la apatía de su padre y la difícil situación de su clan, la joven doncella está dispuesta a todo, incluso a renunciar a su futuro y a su honor, con tal de a...
