El bandido cayó de espaldas, con los ojos ya cerrados, inconsciente. Brodick se levantó, mirando el desfigurado rostro del hombre que había intentado abusar de su mujer. Fue consciente entonces de cuán rápido había ocurrido todo; apenas había pensado.
Había escuchado los gritos media yarda más atrás. Sin imaginar siquiera lo que realmente se iba a encontrar, detuvo a sus hombres con un gesto, les indicó que desmontasen y que unos cuantos de ellos le siguiesen mientras otros quedaban a cargo de la vigilancia de los caballos. Corrían por el bosque cuando escuchó los improperios: «Bastardo hijo de puta, suéltame». Había oído decir a otras personas que se les había parado el corazón de terror, pero nunca había experimentado aquello, hasta que reconoció la voz de Sarah. Ciertamente, se le paró el corazón y un miedo desconocido se apoderó de su cuerpo. No podía creerlo ¿Qué hacía ella allí en medio del bosque? Tenía que ser un error. Se lo iba repitiendo como un desequilibrado mientras buscaban el origen de los gritos, con la desesperación golpeando en su cabeza; el temor de no poder encontrarla obstruyendo el paso del aire a sus pulmones.
No era un error. Al llegar al claro, vio como aquel hombre la apretaba contra el suelo y sintió que la sangre de su cuerpo se prendía como lava. Si sus hombres no lo hubieran sujetado, habría sido muy capaz de lanzarse a por ellos sin ningún tipo de premeditación; pero le retuvieron, porque eso podría haber puesto en peligro a la muchacha, y jamás se lo hubiera perdonado.
A ella no le había hecho falta. La muy mañosa había conseguido soltarse con un golpe maestro y hacerse con su arco. ¡Qué orgulloso se había sentido! Y cómo había disfrutado lanzando por los aires a aquel hijo de perra para liberarla. Aunque nada había comparable a la fascinación que había sentido cuando ella se le enfrentó. Estaba furiosa con él, como había esperado, y todo ese genio le había recordado cuánta pasión y arrestos tenía su joven dama.
Sin embargo, cuando vio los hematomas formándose en sus pechos... creyó que perdía la cabeza.
El instinto de matar a aquellos bastardos había nublado su mente como una tormenta furiosa y le había empujado a actuar, sin pensar siquiera en lo que hacía. Ahora, se daba cuenta de que se había comportado como el animal que jamás hubiese querido que ella supiese que era. Siempre había temido que le despreciase por su pasado y ahora le había puesto una clara evidencia ante los ojos. Quizá otras jóvenes, que no fueran la hija de un laird, verían sus acciones como un acto de gallardía, de poder, pero ella...
No tenía sentido posponerlo. Tendría que tranquilizarla, explicárselo, hacerle entender que la vida de un guerrero era tal y como acababa de verla. Con los puños apretados, giró y se encontró con aquellos ojos verdes que estaban llenos de emoción, aunque no sabía decir de cuál. Brodick le miró con recelo, sin saber cómo interpretar el silencio reinante.
—Sarah... lo lamento...
La joven se acercó a él, con aquel caminar tan elegante suyo. Sus ojos estaban húmedos, pero su expresión encerraba tanta ternura que Brodick estuvo a punto de dejarse caer de rodillas por el alivio.
—Iba a violarme y tal vez a matarme. No tenéis de qué avergonzaros. —Aupándose hacia arriba, le dio un beso en la mejilla. Le sostuvo la mirada y él pudo ver en aquellos ojos no solo aprobación sino también agradecimiento; el conocimiento de que mataría a cualquiera que osase a ponerla en peligro. Suspicaz como era, la muchacha había visto más de lo que él hubiera querido mostrar, aunque ahora ya daba igual. El destino los había marcado y Brodick no era tan estúpido como para no darse cuenta.
—Creo que me he enamorado —dijo Liam llevándose una mano al corazón, impresionado por el arrojo de la dama y rompiendo aquel momento de comprensión silenciosa.
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La ofrenda
Fiksi SejarahEl hermano de Lady Sarah de Rose ha desaparecido poco después de la muerte de su madre. Ante la apatía de su padre y la difícil situación de su clan, la joven doncella está dispuesta a todo, incluso a renunciar a su futuro y a su honor, con tal de a...
