Tres meses después.
Castillo de Kisimul. Isla de Barra. Hébridas Exteriores. Escocia.
Brodick miró alrededor sintiendo cómo su cuerpo se iba templando, recuperando poco a poco el dominio de sus pensamientos que habían estado totalmente ennegrecidos por el fragor de la batalla.
Decenas de cuerpos ensangrentados y mutilados se esparcían a su alrededor, mientras que los pocos guerreros MacDonald que habían sobrevivido estaban siendo maniatados por sus hombres. Las fuerzas de los MacNeil habían resistido mejor el asedio de varias semanas que habían tenido que mantener sobre el Castillo de Kisimul.
Aunque pudo contar con el ejército prometido por Juan de Balliol y algunas decenas de hombres que su suegro había enviado para la misión, se encontraron a un Killiam MacDonald preparado para el ataque, haciéndoles mantener aquel interminable asedio hasta conseguir el modo de acceder al castillo.
MacDonald no estaba dispuesto a renunciar a las comodidades de las que había venido disfrutando en los últimos años y se volvió descuidado a la hora de vigilar el aprovisionamiento, dejando una brecha en la seguridad que los MacNeil aprovecharon para introducir varios hombres en el castillo, los cuales les habían abierto el camino en mitad de la noche.
Las debilitadas fuerzas de los MacDonald apenas aguantaron el envite de sus guerreros durante un par de horas; y, antes de que cayera el alba del primer día de octubre, Barra volvía a estar bajo el dominio de los MacNeil.
Sentía multitud de cortes y heridas en su cuerpo, aunque sólo una de ellas revestía algo más de gravedad, un largo tajo que ese bastardo cobarde de su tío le había propinado por la espalda. La sabandija, ni siquiera en el preludio de su muerte, había tenido la más mínima intención de luchar con honor. De poco le sirvieron sus sucias artimañas contra Brodick cuando, ignorando el dolor que le atravesó ante la perforación del acero en su espalda, se giró y enterró su propia claymore en el estómago del miserable usurpador.
Todo había acabado. Cormac y Liam se abrazaban unos cuantos metros más allá, al fondo, en la empalizada que envolvía el hermoso Castillo de Kisimul que flotaba sobre las aguas de Castlebay y que ellos acababan de recuperar, después de diez años gestando aquella venganza.
Le buscaron con la mirada y se dirigieron hacia él, mientras Brodick, resarcido ya de cualquier sentimiento de obligación hacia ellos, hacia su familia y hacia su pasado, solo podía pensar en volver a estrechar en sus brazos el menudo y sensual cuerpo de su esposa.
Había añorado con dolorosa necesidad sus sonrisas que llenaban de luz sus días. Su cuerpo había penado noche tras noche por volver a yacer junto a ella, por sentir como su piel satinada se deslizaba por la suya. Necesitaba escuchar su risa, su incesante charla.
Después de tantas semanas separados, sintió que ahora cada segundo se estiraba con interminable agonía y se concentró en traer a su mente, una y otra vez, aquellos ojos verdes encendidos por la pasión que conseguían sosegar su cuerpo y su alma.
***
Sarah ayudaba a Moira a desplumar el ganso cebado que iban a preparar para el almuerzo, mientras notaba como las gachas de avena que acababa de tomar para el desayuno pugnaban por salir de nuevo fuera.
Aquellos gansos que estaban al cuidado de la cocinera llegaban a alcanzar dimensiones considerables y podían perfectamente alimentar a todo un batallón de los Rose. Una vez preparados y condimentados con el romero, el tomillo y el resto de hierbas que Moira utilizaba y se negaba a revelar, eran un auténtico manjar para los sentidos. Pero ahora, medio desplumado y oliendo a carne muerta ofrecían una visión repugnante que su delicado estómago no se alegraba de presenciar.
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La ofrenda
Fiction HistoriqueEl hermano de Lady Sarah de Rose ha desaparecido poco después de la muerte de su madre. Ante la apatía de su padre y la difícil situación de su clan, la joven doncella está dispuesta a todo, incluso a renunciar a su futuro y a su honor, con tal de a...
