No os podéis imaginar la de veces que pienso a lo largo de la semana "pronto estará aquí el viernes", y es que se ha convertido en mi día favorito de la semana; no porque tenga los fines de semana libre (que también), sino porque disfruto inmensamente con cada nueva publicación en Wattpad. Esta semana lo hemos pasado genial, por eso quería dedicar el capítulo a SoyRosaMari, mihuca y GreyMxwll, por los interminables hilos de comentarios y sus disparatadas locuras. Chicas, por vosotras merece la pena la sequedad ocular que arrastro estos días... jajajaja.
¡Feliz lectura!
El pasadizo que llevaba a la fortaleza desde la ermita derrumbada era angosto y frío. Las tres docenas de hombres MacNeil y Rose que formaban su pequeña fuerza de ataque, se obligaron a ir en fila hacia la entrada a Cromarty, que estaba a casi dos millas de la embocadura de aquel estrecho pasillo.
Gregor le había explicado que la puerta de entrada a la fortaleza estaba en la despensa de la cocina, un lugar demasiado obvio, en opinión de Brodick, y complicado además para sus propósitos pues tendrían que cruzar el gran salón principal para llegar hasta el pasillo que bajaba a las mazmorras. Era difícil, pero no imposible. Brodick dio gracias a Dios por las amantes despechadas, pues de no haber sido por las habilidades embaucadoras de Gregor y por la desdichada querida de Urquhart nunca habrían tenido aquella posibilidad.
El guerrero les abrió paso a través de la despensa, que estaba atestada de fardos y de botes de hojalata que tuvieron que ir esquivando. Entraron con cautela en la cocina, desierta a esas horas. Brodick ordenó a sus hombres que se dispersasen por el entorno y comprobasen cada rincón. De allí accedieron al salón donde había varios hombres junto al hogar, soldados de Cromarty que reposaban en sus jergones. La orden era no atacar si no era necesario, por lo que fueron avanzando silenciosamente por la pared más alejada de la chimenea.
Todos sus soldados llevaban la espada pertrechada en la espalda, para que nunca pudiera golpear contra una pared o un candelabro y delatar su presencia. Era una norma que les había reportado no pocas satisfacciones. Los hombres de MacNeil eran silenciosos como la noche, y aquella no fue una excepción.
Alcanzaron sin problemas el pasillo circular que se dirigía hacia el piso inferior rodeando el gran salón, donde había dejado al menos a diez de sus guerreros parapetados por si había complicaciones y despertaban los soldados de la fortaleza. Brodick alzó el brazo para detener a sus hombres cuando detectó un movimiento al fondo. Vio una sombra deslizarse sobre la pared exterior y justo un segundo después una figura que se arrastraba por el muro contrario del pasillo. Hizo un gesto para que se replegaran y avanzó unos pasos, pegándose también a la misma pared. En lugar de sacar su espada, deslizó en su mano la empuñadura de la daga y se abalanzó sobre el guardia que... ¡Dios santo!
Resultó ser Sarah.
Sus ojos se abrieron de par en par y soltó un gruñido de frustración cuando vio sus conmocionados ojos azules desorbitados, con una expresión de auténtico terror.
—¡Por el amor de Dios, Sarah! ¿Qué demonios haces aquí? —le preguntó, gritando en susurros.
Apartó la daga de su cuello, pero mantuvo el agarre sobre ella. Le pasó el brazo por la cintura y la pegó a su cuerpo, mientras guardaba la hoja afilada en la funda y dirigía la otra mano hacia su cara, palpándola, mirándola con detenimiento para asegurarse de que no le había hecho daño. Ella no contestaba, ocupada en llevar de nuevo el aire a sus pulmones, se agarró la garganta con desesperación mientras se apoyaba contra su fuerte pecho, buscando refugio tras semejante shock.
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La ofrenda
Historical FictionEl hermano de Lady Sarah de Rose ha desaparecido poco después de la muerte de su madre. Ante la apatía de su padre y la difícil situación de su clan, la joven doncella está dispuesta a todo, incluso a renunciar a su futuro y a su honor, con tal de a...
