La hermosa brisa de una pradera

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— Bueno, chicos, creo que tenéis algo que me hace falta. Si me lo dais prometo no haceros ningún daño, bueno siempre y cuando....

— No te vamos a dar nada loco — interrumpió Jeroham secante.

— ¿Loco, acaso no veis que soy un caballero ?.

Jeroham le miró serio.

— No te vamos a dar nada, será mejor que te largues.

— Lo siento, pero creo que vais a tener que reconsiderar mi oferta.

Mirándonos a los ojos y haciendo un chasquido este desapareció en la oscuridad.

— ¿A dónde ha ido?.

Miré hacia los lados sin ver nada

Entonces todo había cambiado, ahora nos encontrábamos en un campo bastante despejado donde la luz de la luna iluminaba todo.

— ¿Dónde estamos? — miré a Jeroham.

Este no contesto, su mirada estaba fija en el horizonte.

— Mira allí.

Miré hacia donde Jeroham me indicaba. El loco estaba allí de pie mirando hacia nosotros

— A donde nos has traído maniaco.

— Bueno, este es mi lugar preferido, aquí suelo, bueno digamos que preguntar cosas a la gente y ver si son merecedores de seguir viviendo.

— Eso no contesta a mi pregunta, ¿donde estamos?.

— Es el campo más bonito que conozco fuera del mundo de Monstruos S.A, creo que será un lugar digno para una pelea antes de ver si merecéis morir o no.

— Eso habrá que verlo.

Jeroham inclinó su mano hacia adelante y después de unos segundos sin que pasara nada dijo:

— Pero qué demonios pasa, donde esta mi bastón y porqué no puedo usar magia.

— No sería bueno que estropearais este lugar, por eso he anulado toda magia y os he desarmado

Llevando mis manos a mí espalda noté que efectivamente no tenía mis dos espadas.

— Eso es injusto, y tú te haces llamar caballero — dije intentando dañar su orgullo.

— Las armas solo son capaces de dañar el cuerpo, pero nunca dañarán el alma. Si queréis destruir completamente a alguien destruid su alma.

— ¡Que dices estás loco, como vamos a ganar si no tenemos armas!.

— Este tío es todo palabra con unas cuantas piñas se le quita la bobería— dijo Jeroham chocando su puño contra la palma de su mano.

— ¿Seguro, te crees tan fuerte como dices?, has perdido contra un tal Ray en el torneo, y la verdad no es que sea muy fuerte pero aún así tu perdiste.

— ¡Que estás diciendo viejo, no le gané porque simplemente no quise.

— Al igual que contra el minotauro en Villa Crepúsculo, he de reconocer que ese tal Ismael se jugó la vida en salvaros, aún no mereciendo la pena.

Reinado de corazonesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora