El Rey Mickey

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El viaje estuvo bastante animado, por el camino hablábamos alegremente de los acontecimientos sucedidos. Gilito estaba en su salsa, había puesto el piloto automático y se unió a nuestra conversación, entre chiste y chiste y alguna historieta de sus viejas aventura casi sin darnos cuenta ya habíamos llegado a el Castillo de Mickey.

— Bueno ya hemos llegado, ser educados en todo momento, aunque Mickey sea un rey muy simpático y abierto, sigue siendo el rey a si que ser siempre respetuosos— dijo Gilito mientras salia de la nave cerrándose esta a su bajada.

Estábamos justo en frente de las puertas, un gran castillo se alzaba frente a nosotros, blanco como la nieve que rodeado por los inmensos jardines hacia que resaltara aun mas. Al entrar, una fila de mayordomos de toda clase de criaturas fantásticas nos dio la bienvenida. Una pequeña ancianita nos guió por todo el castillo, una fila de armaduras vacías nos vigilaban a los lados de cada pasillo. Habían montones de habitaciones, todas con la misma puerta blanca y el mismo picaporte color oro, no llegue ver ninguna abierta, la anciana charlaba pacíficamente con Yumiko mientras nosotros caminábamos tranquilamente observando todo.

— Ya hemos llegado— dijo la anciana con una tierna sonrisa.

La inmensa puerta se abrió ante nosotros, entramos en aquella enorme sala blanca, justo en el final a pocos metros de la pared un trono rojo, a la derecha del trono estaba Minie y a la izquierda un chico alto con túnica color marrón que le llegaba hasta las piernas. Sentado en el trono estaba Mickey, como si de una persona real se tratase estaba frente a mi la criatura mas famosa de todo Disney.

— Buenas chicos, ¿como estáis , espero que esteis disfrutando de mi mundo— dijo dando un salto y poniéndose a nuestra altura.

Era realmente bajito, y con su pantalón rojo con botones blancos me hizo sentirme un poco melancólico.

— Buenas mi rey te he traído a los elegidos como me has pedido— dijo Gilito haciendo una reverencia.

— Muy bien Gilito, pero te tengo dicho que a mi las formalidades no me gustan, así que que levanta— dijo Mickey con una sonrisa.

Aquello era muy gracioso, los dos tan chiquititos y surrealistas que te daban ganas a reír.

— Bueno entonces que chavales, ¿nos vamos a un sitio mas cómodo que esta habitación tan sosa— dijo mirándome desde abajo.

— Bueno como usted quiera— dije un poco avergonzado.

El salto y me dio un golpe en la frente.

— No estés tan tenso chico, que al fin y al cabo el que debería estar tenso soy yo— dijo el riendo

Yo sonreí un poco sonrojado, seguíamos a Mickey por los pasillos, mientras tanto el chico de la túnica nos perseguía de detrás del pasillo a una distancia prudente. Mickey era bastante simpático, procuraba entablar una conversación con cada uno de nosotros y hacia que nos sintiéramos bastante cómodos.

— Bueno, ¿que tal lo estáis pasando, os gusta esto de matar monstruitos como si fuera el videojuego? 

— Bueno, eso de matar monstruos esta bien, pero no el hecho de que ellos también te puedan matar a ti— dijo Jeroham con un tono serio.

— Veréis como acabáis cogiendo cariño a esto y no querréis volver.

Yumiko suspiro.

Después de un rato caminando llegamos a una sala mas pequeña que la anterior, por dentro parecía una cabaña de campo, con su chimenea su mesa de billar y los sillones rojos. El chico de la capucha cerro a su espalda la puerta y se quedo allí de pie.

— Te, refresco, agua, alcohol— Mickey dijo riendo.

— Yo no quiero nada gracias— contesto Yumiko

— Yo un zumo si tienes— dijo Jeroham.

— Agua por favor— pedí

— ¿Tu lo de siempre no Gilito?— dijo Mickey llamando al sirviente con la campanada.

Un oso de peluche vino y tomo nota de todo lo que habíamos pedido, aparte de algunos aperitivos que había dicho Mickey que trajera.

— Bueno,supongo que habéis venido a que os de alguna explicación— dijo Mickey .

— Si, a ser posible— dijo Yumiko.

— Bien, os lo contare todo.

Mickey nos contó todo lo que sabia, nos dijo que la mayoría de los héroes habían sido secuestrados por la organización de Los Latidos, que andaban buscando los fragmentos de un colgante de almas, nos había dicho que los elegidos han ido apareciendo en distintos lugares de los diferentes mundos y han sido asignados a ellos, también nos a dicho que nuestra misión es ir por los mundos buscando información sobre el colgante de almas y a ser posible conseguir algún fragmento de ellos, tendríamos que tener cuidado ya que Los Latidos estarían por los mundos tratando de conseguir alguno.

— ¿Ya tenéis pensado por donde empezar?— nos pregunto.

— No tenemos ni idea, esperábamos que el nuevo piloto nos guiara un poco— dijo Jeroham

En ese momento Gilito agacho su cabeza.

— ¿Nuevo piloto?¿Gilito no tienes ganas de ir con ellos?.

— Veras, es que ya no estoy para estos trotes, ya yo estoy viejo para estas cosas— dijo Gilito con una sonrisa un tanto tristona.

— Pero sin ti que harían estos muchachos, a saber donde andarían estos— dijo Mickey tratando de animarlo.

— Ellos ya se saben defender bien solos, ademas estoy seguro de que quien sea su nuevo piloto lo hará mejor que yo .

— Vamos anda, no tuviste la culpa de nada, lo que paso tenia que pasar.

Mickey se puso a su lado y lo animo dándole palmadas con su impecable guante blanco.

— Eso Gilito, que vamos a hacer sin ti— Yumiko salto y trato de animarlo también.

El nos miro con unos ojos cristalinos.

— Chicos...— susurro en voz baja.

Nos quedamos mirando hacia el.

— Venga Gilito anímate, si sabes que te lo vas a pasar bien— Dijo Jeroham riendo.

— Gracias chicos, espero no ser una molestia para vosotros.

— No seas bobo, que mejor piloto que tu— Mickey lo animo.

Al final lo acabamos convenciendo, no sabíamos cual era la causa de porque se sentía culpable pero fuera lo que fuera intentaríamos hacer que se olvidara de ello.

— Bien mientras discutís de que porque mundo deberías empezar, seguidme que os quiero enseñar una cosa.

Al salir por la puerta me fije bien en el chico de la túnica que me sonrió.

— ¡Pero que haces tu aquí!.

El dijo riendo:

— Hey tío, como estas ya veo que te estas haciendo famoso— dijo el.

El era Unko, un compañero de clase.

— Tío, que haces aquí — dije alegrándome

Unko me contó que había llegado hacia poco tiempo y que se le había asignado la protección de Mickey el era alto y delgado con unos ojos grandes marrones que debajo de la capucha asustaban un poco, tenia un arco de madera un poco agrietado, al que parecía haberle dado mucho uso.

Después de una alegre charla cogimos un ascensor y bajamos a la parte baja del edificio, el chico con la capucha aun no se despegaba de nosotros.

— ¿Estáis preparados?.

Reinado de corazonesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora