Sefirot

378 10 3
                                        

En ese momento un escalofrió recorrió todo mi cuerpo.

Plegó su ala negra, que en persona daban mucho más miedo que en el mismo juego, se giró dejando ver su cara y desenvainó su inmensa espada.

Colocando la espada casi rosando el suelo, empezó a caminar hacia nosotros.

En la mirada de Jeroham se podía ver sus inmensas ganas de luchar, mientras tanto Yumiko estaba paralizada, tal vez de miedo o simplemente meditando lo que iba a hacer.

Yo estaba temblando, si Sefirot era igual de poderoso que en el juego no tendríamos ni la más remota posibilidad.

—Vamos chicos, a por el— dijo Jeroham confiado en la victoria.

Yumiko coloco una flecha en su arco y disparo, la flecha paso al lado de la cabeza de Sefirot, no porque le costara esquivarla si no que no tuvo más que mover la cabeza para evitarla, como si la flecha fuera a cámara lenta para el.

—Déjamelo a mi Yumiko, este tío no es nada del otro mundo— dijo Jeroham confiando en sus habilidades.

Lanzo una bola de fuego y consecutivamente una hilera de estalactitas de hielo.

Sefirot solo tuvo que colocar su espada en posición horizontal para detener los ataques, todo esto sin dejar de avanzar.

—Mierda— dijo Jeroham entre dientes.

—Ahora es mi turno— dijo Sefirot.

Dio su primera zancada y a su vez esta genero una onda de viento que nos desestabilizo un poco de la velocidad que esta llevaba.

Antes de atacarnos se puso a dar vueltas alrededor de nosotros pareciendo estar en el interior de un tornado. Eramos incapaces de seguir sus movimiento.

Yumiko lanzaba flechas a ciegas, mientras Jeroham no paraba de intentar pararlo con muros de tierra que rompía sin necesidad de esforzarse.

—N-no es posible— dijo Jeroham mostrando algo de temor.

En un arrebato de impotencia Jeroham lanzo una lluvia de bolas de fuego que hizo que me impresionara aún más de lo que me tenía acostumbrado, a Sefirot también pareció impresionarle porque detuvo su marcha y se paró a unos pasos de nosotros.

—Ya veo— Murmuro Sefirot en voz baja.

En ese momento con una aceleración increíble, clavo su cuchilla en el pecho de Jeroham provocando un sonido estremecedor y seguidamente un silencio inquietante.

—¡Noooo!— grito Yumiko mientras corría hacia el cuerpo de Jeroham lanzando ráfagas de proyectiles.

Cuando Yumiko estuvo a punto de llegar Sefirot la golpeo con el codo haciendo que cayera inconsciente al suelo.

Yo no podía creer lo que veía, mi cuerpo no respondía, mi mente decía — Ayudalos., pero si mi cuerpo iba a reaccionar para algo era solo para correr y huir de ser mutilado.

Sefirot estaba parado, no se movía, mirando al suelo parecía disfrutar con mi miedo.

—Y a ti te hacen llamar elegido, cuando ni siquiera eres capaz de defender a tus amigos, solo has estado hay parado esperando a que sucediera un milagro, pensando egoístamente en tu propia vida, esperando que ellos lo hicieran todo.

Yo quería contestarle, pero todo lo que decía era cierto, si no hubiese sido por ello ya habría muerto, ahora mismo seria pura rabia si el miedo no la consumiese, aun tenia las espadas por propia voluntad del cuerpo, porque mi mente ya sabía que esa batalla estaba perdida, que iba a morir, siendo lo que soy, un cobarde que deja que sus amigos hagan todo por el.

—Tal vez merezca morir— dije en voz baja.

En ese momento note algo raro en mi cuerpo, como si un segundo corazón que me decía — Lucha, lucha — 

existía dentro de mí. Tal vez era mi corazón en su primer y último acto de valor, pero ahora la adrenalina empezaba a fluir, el miedo se estaba extinguiendo y algo dentro de mí me inspiraba la confianza para intentar luchar.

—Bien, en ese caso ¡MUERE!— Sefirot se lanzó en carrera contra mí y lanzo un ataque vertical a una velocidad increíble.

—Hasta aquí mi vida—pensé.

Pero en ese momento mis manos reaccionaron por si solas colocando las espadas en forma de cruz y deteniendo su ataque.

Sefirot retrocedió por el impacto y se puso erguido, yo aún no sabía que había pasado, no me creía que yo hubiese hecho eso, era demasiado asombroso para venir de mí.

—Vaya, parece que tu cuerpo aún tiene algo de esperanza, pero eso no va a cambiar nada— dijó corriendo hacia mi empezando a lanzar una multitud de ataque.

Mi cuerpo reacciona a ellos deteniendo los movimientos que yo no podía ver, no soy capaz de contraatacar pero por lo menos él tampoco puede darme, parece que hay tres personas luchando, Sefirot, mi corazón y mi mente.

Mientras el sigue su oleada de ataques, mi corazón gritaba "¡Lucha, lucha!".

A medida que mi cuerpo detenía más ataques las palabras de mi corazón resonaban más fuerte, yo acabe por dejarme llevar y unirme a esa voz.

La batalla empezó a equilibrarse, ya era capaz de ver sus movimiento y contraatacar a ellos, no llegaba a alcanzarle pero sabía que si esto seguía así acabaría estando a su nivel.

Espadazos vienen espadazos van, solo se escucha el silbido del viento al ser cortado por las espadas y los impactos de estas, un corte, la batalla se detiene y Sefirot retrocede, al fijarme en su ala noto como una pluma cae de ella, él se endereza y me me mira fijamente a los ojos.

—Ya veo...., mi trabajo aquí esta hecho, he de irme, espero que mejores para poder luchar seriamente la próxima vez.

Después de decir eso guardó su espada y con un gran salto desaparecio en la oscuridad, Yo estaba temblando, lo que me incitaba a luchar había desaparecido y me había percato de todo lo que sucedió, aguantándome las ganas de llorar por la presión, miré a donde estaba Yumiko y Jeroham.

Al parecer Yumiko ya habia despertado y miraba con ojos perdidos hacia el cuerpo de Jeroham, yo me acerque a ella y me arrodillé a su lado mirando el cuerpo.

—Lo mejor será llevarlo a Yuffie aquí no lo podremos dejar— dije aun con la tensión en el cuerpo y con la voz temblorosa.

Ella estalla en lágrimas y golpeaba el pecho de Jeroham, yo, solo, podía mirar desconsolado hacia Jeroham.

Reinado de corazonesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora