El último año de instituto aspiraba a ser el más aburrido, deprimente, y costoso de todos, o al menos para Dylan Hudson. Porque cuando tienes que empezar una nueva vida, en un nuevo país, con tu novio en la Universidad que parece estar reuniéndose c...
Escribo la nota de autora al principio porque no quiero que estropee el final, aunque probablemente borraré esto cuando suba los agradecimientos.
Solo me gustaría decir que muchas gracias por haber seguido esta historia, a los que se han quedado por el camino, a los que han llegado hasta aquí conmigo. Millones de gracias. Nada de esto hubiera sido posible sin vosotros. ¡Sois los mejores!
Dylan y Connor terminan su aventura aquí... Aunque podremos verlos en novelas que escriba más adelante, no volverán a aparecer como personajes principales. ¿Los vais a echar de menos? Yo sí, desde luego.
Este epílogo es algo especial, ya veréis porqué. Tengo la sensación de que os va a encantar, así que, sin más dilación, me callo y os dejo con él. Me despido de momento, porque no sé cuando subiré los agradecimientos, pero siempre podéis leerme en IY. ¡Gracias por todo xx!
María, peace.
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Cinco años después.
Ambos estaban nerviosos; ella retorcía sus dedos mientras que Helen, Christie y Bianca hacían los últimos retoques a su vestido, sin dejar de chillar por la emoción. Él mordía su labio y repiqueteaba la carretera con su zapato de vestir, ansioso, impaciente, no podía esperar a ver a su novia desfilando ante él y luciendo preciosa.
Connor aún no había visto el vestido de boda, pero estaba seguro de que, fuera como fuera, Dylan estaría hermosa con él puesto.
Mientras que Dylan se miraba en el espejo, su mente estaba ajena a lo que estaba pasando en aquel momento. Se iba a casar en menos de una hora. Se iba a casar con el amor de su vida, con la persona que había dado todo por ella, con la persona que la había enseñado lo entretenida que puede ser la vida. Después de cinco años de esa promesa en la pista de patinaje, Connor había pedido su mano en la última reunión familiar que habían tenido los Hudson-Evans. Tres meses después, la boda ya estaba lista y los novios no podían esperar para proclamarse como lo que ya eran: compañeros de vida.
La rubia pasó una mano por su vientre, ya notable. Connor y ella lo habían intentado varias veces, a pesar de que Jared y Logan advirtieron a Connor que nada de hijos hasta los veinticinco. No obstante, ella tenía veintidós cuando lo consiguieron al fin, y el vientre de Dylan comenzó a hincharse, alojando una pequeña y nueva vida en su interior. Jared y Logan enloquecieron, Bianca casi revienta su tímpano con su grito, Hunter se quedó pálido, Key estuvo a punto de componer una canción al respecto, Summer se puso a diseñar ropa para el bebé, Noah y Alice decidieron probar a darle un primito, Christie y Helen se abrazaron, eufóricas, y Riley se alegró porque tendría un sobrinito o sobrinita con el que jugar al fútbol. El padre y el hermano de Dylan amenazaron a Connor con concertar una vasectomía y dejar estéril al chico. Sin embargo, ni a Connor ni a Dylan les importó: iban a tener algo de los dos, una pequeña vida que criar y educar.
Estaban emocionados. El feto tenía ya cinco meses; suficiente para que, en la última revisión a la que fueron, les comunicaran que un niño sano se estaba formando en el útero de Dylan. Esta última hubiera preferido una niña para peinarla y vestirla con lindos vestidos, pero cuando vio la cara de Connor al recibir la noticia, se dijo que no importaba. Porque ambos eran felices, y eso no iba a cambiar.