CAPÍTULO 22: MI OTRA MITAD

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He vuelto de vacaciones, espero la espera no se les haya hecho muy larga!


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Aquel sujeto se había hecho popular muy rápidamente. Kyan Novak.

Esa noche era que recién lo conocía, sin embargo ya había escuchado antes de él.

Estando formalmente en la galería, le había intrigado el aire desinteresado que cargaba consigo, al final la gente atractiva siempre llevaba a cuestas una dosis de desdén, ¿no es así?

Pero entonces, una hora más tarde, sus ojos habían cambiado y el fuego se encendió en ellos tan pronto divisó a la joven D'Oria en el callejón, mientras era abusada por sus hombres.

Algo nacía en él, una intrigante vehemencia que dominaba cada una de sus acciones. Hacía tanto no veía una pasión así...

No obstante, no había podido predecir ese golpe que le había roto la boca, ni que ese caballero arropara a la victimizada Sylvane cargándola entre brazos, que ese hombre no mostrara ni por un momento duda o cobardía.

M estaba a su lado convertido en una figura de puro cuero mientras los veía marchar, respiraba profunda y enfurecidamente dentro de su traje esperando instrucciones de detenerlos que él no dio.

- ¿Vas a dejar que se vaya después de lo que te hizo?- su voz sonaba apagada por su máscara, pero rayaba en el límite del cólera- ¿Qué no tienes orgullo, O?

Vaya, eso era gracioso. O casi.

- Cuida tu puerco hocico- le advirtió- ¿no recuerdas el acuerdo?

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Llevaba un tiempo viéndolo. Se trataba de un joven de una familia italiana muy rica. Estaba correctamente sentado en un diván hecho para recostarse. Vestía unos pantalones negros y una camisa blanca cuyo cuello estaba bien apretado bajo una corbata con un sorprendentemente perfecto nudo Eldredge.

Ese chico lo miraba con una extraña inexpresividad al hablar, como siempre.

Lundgren lo contemplaba a su vez de una manera mucho más analítica y deductiva.

- Por lo que estoy escuchando, entiendo que es ella el problema- resumió el médico aquel discurso.

Eso frenó al joven, que lo miró lleno de sorpresa, como si no estuviera consciente de que eso era lo que llevaba diciendo toda la sesión.

Buscó una manera de explicarse, seguramente sintiendo culpabilidad:

- Se ha vuelto imposible controlarla.

Lundgren miró sus notas, pensativo.

- No lo sé, ella me parece mucho más pasiva e inofensiva que tú. A riesgo de que no sea lo que quieres oír, me parece que tendría más bien que hacerme cargo de ti.

El joven entrecerró sus ojos violetas con evidente molestia. Una parte de él no comprendía del todo al parecer.

- ¿Cómo puedes decir algo así? ¿No estás escuchando lo que te digo?

- De los dos, no me parece que sea ella la que representa un peligro, el daño que es capaz de hacer, se limita a sí misma. No posee un poder real.

- No- dijo el joven con decisión- No pareces entender que el alcance de cada una de sus decisiones me afecta a mí. He acudido a ti para que me auxilies. No puedes ponerte de de su parte- apretaba los puños y endurecía su voz, pese a que su cuerpo estaba como un maniquí propiamente acomodado en el diván- Tienes que ayudarme... a destruirla.

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