CAPÍTULO 14: CAVILACIONES

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Gracias a quienes siguen esta historia y sobre todo a aquellas que han dejado comentarios, no hay motor más grande para mí que saber que les está gustando la historia!


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Baladi se ponía su chaqueta frente al espejo, ésta le ajustaba perfectamente mostrando su silueta estilizada. A la ropa que más le gustaba la mandaba a ajustar invariablemente con su sastre, un viejo inmigrante portugués del que le causaba cierta gracia su acento casi inentendible y sus enormes gafas anticuadas. Siempre le pagaba el doble de lo que pedía y acudía a él debido precisamente a que se trataba de un inmigrante, sentía cierta justicia al ser él mismo un extranjero y no tenía problemas en ayudar a cualquiera que intentara hacerse una vida en la a veces difícil Luxemburgo.

Y después de todo, un hombre que hiciera tan excelente trabajo como el que ahora traía puesto merecía eso y más, ¿o no?

Atrás de él estaba su mejor amigo sentado en su cama, podía ver el reflejo de sus adorables ojos color miel mirando al vacío, perdidos en algún punto de ese universo lejano que a veces era la mente de Kyan Novak.

Su amico no siempre había sido tan reflexivo y distante. Años atrás lo había conocido en una fiesta ruidosa en el antiguo piso de Abrianna Mestri, cuando ella todavía vivía en la ciudad.

Su encuentro había sido como un chispazo, en seguida habían conectado. Aunque sus orígenes hubieran sido diferentes, compartían una cosmovisión similar, un sinfín de conocidos mutuos, gustaban de los mismos sitios y además... ambos amaban la vida nocturna.

Eran socialités y claro, estaban en el principio de sus veintes.

Ese castaño de soberbia presencia le había soltado algunos nombres que reconoció como ex amantes y ex amigos.

Esa noche, Baladi se propuso llevárselo a casa como el mejor premio de la noche.

Ardía en deseos meterse en sus pantalones.

Pero algo cambió a medida que la frívola conversación lo hacía, se dirigieron hacia un lugar inesperadamente cálido y familiar. Se sentía bien estar con él.

El italiano se dio cuenta de que de ese hombre llamado Novak le gustaba de verdad. No quería un simple affair con él.

Si lo seducía, ese precioso luxemburgués no pasaría de ser eventualmente nada salvo un simple ex, de esos de los que acababan de contar sólo simples anécdotas. Decidió no ser uno de esos nombres, decidió que ése no era el destino que quería para ellos.

Le agradaba la idea de poder hacerlo parte de su vida, una criatura hermosa como lo era él, iluminando con su humor ácido un día gris.

Pero eso implicaba... estar dispuesto a ser su amigo.

No recordaba haber tenido ese deseo por alguien hacía mucho tiempo.

Así que mientras lo escuchaba hablar, tomó la resolución de renunciar a una relación física con él. Aquella era una determinación inusual que parecía casi algo poético. Verdaderamente estaba dispuesto a invertir tiempo en un hombre al que no llevaría a la cama.

Sin embargo, resultó más fácil de lo que habría creído.

Había acertado. Kyan no tardaría mucho en volverse algo más importante que un conocido y más complejo que un amigo, el pasar de las semanas, las noches conquistadas y las mañanas siguientes, la tardes después del trabajo, los fines de semana... transformaron aquella relación platónica en algo más profundo, algo que Enzo había creído que para él estaba perdido para siempre. Una familia.

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