Espero les guste el capi, sobre todo los que se preguntaban por Ricard.
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Entró en el hotel Francais, donde su suite se encontraba.
El portero de la entrada del edificio le dio la bienvenida amablemente, pero en su voz se notaba el cansancio. Respondió con un cortés y suave gesto con la cabeza cruzando el elegante recibidor de mármol adornado con un enorme candelabro de cristal color ámbar que colgaba del techo alto.
Era una noche tranquila y había pocos huéspedes en ese momento dando al ambiente un cierto aire solitario y casi poético que iba tan bien con sus ánimos decaídos después de aquella cena que no había resultado en absoluto como había esperado.Kyan Novak lo había sorprendido en más de un sentido.
En cuanto entró al elevador y sus puertas se cerraron, fue como el mundo exterior desapareciera. No había nadie más ahí, así que tendría unos segundos consigo... que no siempre le gustaban.
Introdujo su llave y marcó el último nivel.
Las paredes eran espejos largos y elegantes con finas líneas doradas en sus uniones y el emblema del hotel grabado en éstos. En el fondo aunque con bajo volumen sonaba un violín suave y melancólico. Imposible no reconocerlo, se trataba del suave y triste Adagio en G Menor de Albinoni, una melodía que le recordaba el sitio que había sido su lugar en Londres, cuyas tardes melancólicas junto a la ventana lluviosa habían pasado una tras otra, sin nada que hacer salvo esperar a iniciar verdaderamente su vida, algo que tenía la impresión de que nunca ocurriría.
Mientras los acordes le hacían relajar la expresión, se miraba en los reflejos que ese opulento ascensor le ofrecía. Aquel era un prisma perfecto, podía ver los diferentes ángulos que se manifestaban en aquellos espacios falsos, mostrándole decenas de reflejos suyos en todas direcciones. ¿Quién de ellos era realmente?
Estudió sus rasgos, suaves y con un dejo infantil. Siempre había odiado como su cabello ondulado se salía de sus peinados y le hacía ver descuidada. Sus mejillas redondeadas y ligeramente sonrojadas que poseía realmente nunca necesitaban rubor, sus labios rosados y carnosos brillaban sugerentes dado que se había aplicado un lápiz labial muy femenino.
Aquellas imágenes que le representaban, eran cercanas y distantes a la vez, mirándose a sí misma y a la nada al mismo tiempo. Sus diferentes yo ahora eran todos los de quien creía ser y quien mostraba al mundo.
No había esperado tener una experiencia tan extraña como esa en un simple elevador, pero cierto era que no estaba de un humor normal, ¿de qué otra forma sentirse después de haberse encontrado con el que hubiera sido el amante de su hermano mayor?
Se había dejado llevar por la imagen en la fotografía que había encontrado en la que había sido la habitación de Rick. Una vez más las historias de su cabeza no correspondían al mundo real, pero en verdad había esperado toparse con el sujeto de esa foto esa noche. En esa imagen los ojos de Kyan brillaban hermosos en el color del atardecer y su piel cremosa era bañada por la cálida luz del sol que entraba por detrás, bañando su cabello castaño hasta hacerlo brillar como la miel.
Ricard había tomado esa imagen de Kyan y aunque no sonreía, se veía en él una calma que sólo puede otorgar la plenitud.
El hombre que había tenido en frente en el Clairefontane hacía tan poco era alguien totalmente distinto, víctima de una intensidad filosa y un odio instalado en sus ojos inesperadamente fríos, cubierto de un velo de obscuridad que Sylvane sabía que su familia, los D'Oria, habían puesto ahí.
A ese Kyan de la fotografía de pronto supo que nunca lo vería en persona. La faz bendecida por la simpleza de la alegría ahora era lúgubre y rencorosa y pese a eso... fascinante.
Pero verlo había desmoralizado su alma más de lo que había creído. Le provocaba un denso abatimiento que no había esperado.
Nadie en realidad le había pedido a que intercediera por Rick, ¿quién haría una cosa así? Había actuado a espaldas de su hermano y tendría que explicarle todo lo relacionado a ese encuentro, algo así no podía ocultárselo.
Sus pensamientos dotaron a su cuerpo de pesadez y sus múltiples reflejos lo demostraban haciéndole ver tan mal, era como si sus otros yo se burlaran.
Casi podía ver entre tantos distintos ángulos de su imagen, diferentes expresiones en sus caras. La Sylvane del espejo podía sonreírle con condescendencia al mismo tiempo que el resto lanzaba su repudio también.
Se dio cuenta de lo obscura de aquella ilusión, por lo que cerró sus ojos para no verse más hasta que el timbre de su piso le indicó que había llegado a su destino.
¿Estaría él en su habitación?
Caminó a pasos lentos, como si deseara alargar el tiempo antes del siguiente encuentro pero el arribar hasta su habitación era inevitable.
Al ingresar, sintió el calor que indicaba que la calefacción estaba puesta.
Se quitó el ligero abrigo que llevaba y se frotó las manos. La temperatura le había bajado mucho pero como siempre había dejado de lado el cubrirse apropiadamente.
Ese lugar olía a limpio, sin ningún aroma personal.
No le agradaba estar ahí, aunque sonara como un capricho dado que ese ese espacio tenía todo con lo que mucha gente soñaría.
Dentro de su habitación, necesitó recorrerla para encontrarlo sentado en la cama.
Era un hombre de pelo rubio cenizo, ondulado como el suyo y dotado de un aire de absoluto desamparo, su expresión ausente y rígida que le hacía preguntarse si siquiera se encontraría respirando. Como un fantasma...
Alargó la mano hasta tocarle suavemente el hombro, pero ni aun así el otro reaccionó.
Sylvane se acercó a él, lo tomó de la cara. Había la misma lasitud en él que la que había visto en Kyan.
"Rick"
Entonces él pareció volver en sí, su cara inexpresiva se tornó cálida a medida que le reconocía.
- Syl- lo nombró su hermano por fin- espero no te moleste que haya venido sin anunciar.
Sylvane negó con la cabeza, restándole importancia. Ya sabía que vendría tarde o temprano. Y las últimas veces siempre había sido sin aviso.
El mayor sonrió apenas, poniéndole su pesada mano en la cabeza, revolvió un poco sus hebras color chocolate, era una caricia que se le había quedado de cuando Sylvane era más joven.
- Sé que has hablado con él pese a que te pedí que no lo hicieras.
Eso le hizo jadear con sorpresa.
Al parecer no iba a tener que confesárselo, él ya lo sabía.
- Lo sé porque te conozco- pareció adivinar sus pensamientos.
"No me detuviste"
- Si, tampoco te detuve- reconoció.
El mirar de su hermano fue tan profundo que sintió que le perforaba, que veía hacia lo más profundo de su alma.
De pronto se sentía culpable por desobedecerlo, por lo que comenzaba a sentir.
Pero los sentimientos negativos eran parte de su vida normal, tenía que admitir eso con cierta vergüenza.
- No he podido verlo desde esa noche, ¿puedo verlo a través de tus ojos, Syl?
¿Qué impresión te ha dado él?
Opinaba que Kyan Novak era un hombre con un magnetismo extraño.
Sus rasgos eran tan hermosos, ni su dureza podía quitarle eso.
Su contacto visual era impactante, definitivamente diferente a lo que había aguardado, pero igual de hipnotizarte, y un tanto irónico dado que eran de un color caramelo suave tan cálido y sin embargo poseedores de tanta displicencia y obsequidad. Era como ver a un animal salvaje observándolo fríamente que a la menor equivocación se alzaría listo para atacar.
Exhaló lentamente dándose cuenta de que ese sujeto había le causado una impresión muy fuerte.
"Me gusta" le confió.
Era extraño decirle eso a la persona que sabía lo había amado.
Quizá al principio el deseo de conocer a Kyan había surgido por mera curiosidad. Y no era que Ricard fuera una persona egoísta incapaz de dar amor, había sido un hermano mayor ejemplar, desde que tenía memoria, siempre había estado ahí, incluso cuando su vida había alcanzado sus momentos más nefastos. Compartían la mitad de la sangre, pues sus madres eran diferentes, pero para Sylvane eso no importaba y sabía que para él tampoco.
No podía dejar de lado que quizá eran simplemente celos. Tal vez quería ver a Novak por que en algún lado de su corazón le inquietaba que Rick hubiera querido a alguien más.
Aunque sonaba infantil, existía la posibilidad, ¿no es cierto?
Porque en varios niveles le dolería perder a Rick, aunque fuera por el amor de su vida.
Sí... perderlo sería lo más horrible que podría pasar en su mundo, pues él era la persona más importante en su vida. Su hermano era el único que jamás había perdido la fe en su persona, el único en el que realmente podría confiar sus secretos, en ese mundo tan incomprensible. Perderlo sería el final de todo.
Sin embargo no pudo sino sentirse culpable por sus pensamientos. Era un alivio que su hermano no pudiera saber lo que pensaba por completo en ellos.
- ¿Te gusta?- quiso una confirmación el mayor, pero aunque lo preguntaba con fuerza,
definitivamente sonaba como un crío desvalido.
Desde hacía mucho tiempo, Ricard había perdido la capacidad de ser quien había sido. Ya no dejaba que nadie lo viera, no se cambiaba de ropa, no hablaba con nadie, no le interesaba su persona en absoluto. Como si se hubiera congelado en un momento triste en el tiempo y fuera incapaz de salir adelante.
Sylvane sentía una extraña desesperación en su corazón debido a eso y así es que había decidido encontrarse con Novak y tratar que ellos se vieran. Había actuado con ingenuidad sin esperar que Kyan no quisiera saber más de Rick.
¿Cómo esperar una negativa si sabía que ellos se habían amado de verdad?
¿Cómo esperar que el rencor pudiera contrarrestar una fuerza tan vasta como el amor verdadero?
No había sabido que más decir ante la intensidad de Kyan. Probablemente debería haber insistido hasta hacerlo cambiar de opinión, hacerle recordar que la relación entre ellos valía la lucha.
Pero no había esperado sentir atracción hacia él, porque aunque Ricard se hubiera prendado del joven de mirada serena, Syl lo había hecho del Kyan Novak que había visto esa noche, fuerte y devastador como una tormenta.
No es que lo estuviera decidiendo, pero no podía simplemente negar que le atraía.
"Él me ha dicho que necesita tiempo. Está herido" fue lo único que pudo transmitirle a Ricard.
- ¿Te ha pedido tiempo?
Era obvio que no creía que esa frase hubiera salido de boca de Novak, sino de la suya. Rick los conocía a ambos demasiado bien como para no saber que esa era una forma en la que Sylvane aligeraba la negativa de su respuesta.
- Yo sé que Key no quiere saber nada de mí. Y la verdad es que tiene razón, yo no tengo
nada que decirle, ni nada que ofrecerle.
¡Sólo mírame! ¿No ves en lo que me he convertido?
Sylvane entonces volvió hacia donde estaba y le tomó de las manos con fuerza.
"Tú puedes volver a ser el de antes"
- No, no puedo. Esos sólo son tus deseos. Mi historia de amor no tendrá un final feliz,
esta no es más que una tragedia y yo el villano de la historia.
No dejaría que la autocompasión se adueñara de Rick. Que su estado fuera un impedimento mental para resolver las cosas.
"Si logro que Kyan acceda, ¿tú accederás también a verlo?"
Un extraño silencio, más profundo que el que Sylvane solía tener, tomó a la estancia.
El mayor bajó la cabeza, evitando hacer contacto visual. Parecía luchar en su interior por dar con la respuesta correcta.
- ¿Cómo no desear verlo?- dijo al fin.
Eso le dio una sensación de alivio a quien intentaba consolarlo y quien haría lo que fuera por ver sonreír a Rick de nuevo.
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AFFAIR
Fiksi PenggemarEl apuesto hombre de traje que Kyan Novak conoció esa noche le atrajo de inmediato. Él sería perfecto para calentar sus sábanas y hacerle olvidar a quien le había roto el corazón. ¿Cómo esperar que ese affair de una noche se convertiría en algo má...