El jugador fantasma aún no se explicaba como tuvo suficiente valor para enfrentar al emperador, para encararlo cara a cara y expresarle justamente todo su sentir sin ningún temor, sin titubear ante la fuerte presencia que tenía el magnate.
Cuando termino dicha discusión conservó en si esa sensación de libertad que resultaba ser igual a cuando un esclavo se rebela contra su amo porque era la primera vez que desobedecía al capitán, era cierto que jamás huyo de un enfrentamiento no obstante siguió estrategias sabiendo que eran incorrectas, siguió mandatos sin conciencia pareciese mentira que hasta ahora asumió el coraje de romper las cadenas que lo ataban con su opresor, un dictador tirano que por desgracia apreciaba mucho incluso después de ser herido por él continuaba queriéndole de igual manera.
Allí estaban sus tendencias masoquistas de nuevo pero ¿Qué podía hacer con el sentimiento? Si estaba clavado en lo más profundo de su ser como una espina, no era fácil desprenderse de quien le hacía daño cuando le estimaba de verdad.
Kuroko sabía que lo mejor era alejarse de sus dañinos compañeros de equipo, sus instintos se lo advertían, su razón le rogaba que dejara de humillarse por un afecto ciego a personas que no valían la pena pero el corazón manda más que la mente, quería quedarse al lado de sus camaradas aunque eso significaba el sacrificio.
Deseaba con cada respiro permanecer con la generación de los milagros y eso efectivamente lo perjudicaba, ese pensamiento después de haber renunciado le generaba frustración y tristeza.
A veces lo que deseamos con más intensidad no es lo que necesitamos.
Kuroko salió del lugar de entrenamientos a un ritmo lento puesto que se sentía inestable, miserable, fracasado y todavía dolido al ser traicionado por sus mejores amigos ¿Cómo no se había dado cuenta que no significaba nada más que un objeto sin valor? ¿Cómo permitió ser tratado de esa forma por tanto tiempo? Quizás no quería ver la realidad, se perdió entre las sonrisas, el afecto, el compañerismo aquella sublime amistad que no era más que una treta para alcanzar los nefastos objetivos de la generación de los milagros.
Debió saber que un emperador nunca se fijaría en un plebeyo, la amistad resultaba ser una hermosa ilusión, lo peor es que fue usado como una marioneta, engañado con una falsa simpatía y encanto singular de aquel elegante personaje que admiraba.
Por un segundo pensó que toda esa familiaridad era genuina, fue tonto deliberar que esos hombres tan encantadores, talentosos prodigios estuviesen interesados en alguien tan simple por no decir un bicho raro como él, interesados en ser amigos ciertamente sonaba demasiado bueno para ser verdad. ¡Oh vaya que se ilusiono! y ahora se daba cuenta que todas aquellas ilusiones estaban más que rotas.
Dolía, dolía tanto distinguir la cruel realidad, despertar de un sueño para caer en cuenta que el escenario de la vida te absorbe en un laberinto sin salida es algo difícil de soportar, sus utopías se desgarraron por completo.
La lluvia caía como si el cielo se derramara, la tarde estaba fría, oscura, azotaba una tempestad y ni si quiera había traído una sombrilla para no empaparse pero ¿Qué importaba mojarse y enfermarse? De seguro si sucumbiese ante la muerte nadie lo extrañaría a veces preferiría morir que vivir en esa pesadilla de vida donde no era necesario, tenía sentido estar deprimido sin embargo no podía rendirse, era necesario recordar que después de la tormenta sale en sol.
Inspiro el aire mirando las gotas caer en medio del suelo, poniendo su mano para sentir la temperatura del agua, que melancólico sentimiento empezaba a poseerlo no solo era el dolor físico, el dolor más inmenso viene dentro del corazón.
Convenía marcharse lejos donde nadie lo encontrara si bien huir no resolvería nada al menos podría curar su cuerpo por eso a lo mejor irse a Estados Unidos con el mago era la opción más favorable o la única que tenía en ese instante.
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La sombra del pasado
Novela JuvenilKagami se va al extranjero dejando todo atrás mientras Kuroko intenta sobrellevar su vida destrozada por su partida y el dolor de no ser suficientemente bueno para los prodigios, ante la vulnerabilidad Nash Gold un excéntrico millonario le propone r...
