Abriendo sus grandes y soberbios ojos azules, el azabache contemplo los primeros rayos del sol tras la ventana de su habitación.
Se quitó las cobijas a causa de aquel calor insoportable que se expandía por su piel, todavía conservaba las secuelas provocadas por la fiebre, su cuerpo ardía en llamas.
Deslizo suavemente su mano por la cama, poseía la esperanza de encontrarse con el tigre pero no había nadie a su lado únicamente el vacío infernal quizás la visita de Kagami fue en verdad una sublime fantasía, una utopía de su mente.
¿Se mostraba tan desesperado a tal grado de inventar una ilusión tan realista?
¿La conversación con Himuro llego afectar su cerebro tanto para tener visiones? Debía reconocer el persuasivo "hermano" de Kagami hablaba lleno de confianza y convicción, parecía tan sincero que quiso creer en sus palabras, quiso creerle porque cada silaba salida de su boca le provocaba ir con Taiga, pertenecer con este como si fuesen almas buscándose en medio de la eternidad. Se dio cuenta le necesitaba en su vida gris después de todo una sombra requiere a una luz para existir de otro modo se pierde entre la oscuridad.
¿Conseguiría perdonarlo?
Este hombre con cabellos de fuego le había hecho sufrir de un modo cruel y despiadado casi torturándole con la indiferencia sin embargo aun después de infringirle emociones melancólicas, deseaba tenerle cerca para aliviar con su cálida presencia el dolor que persistía en el fondo de su alma herida.
¿Seguiría fingiendo que no se derrumbaba? Cuando claramente lo hacía.
Odiaba ser débil, odiaba no poseer el talento natural y tener que matarse entrenando día a día con básicamente nada de resultado mientras otros duermen en azoteas o pasean felicites sin practicar o esforzarse tan intensamente, logrando el éxito de forma fácil pero ¿Qué se puede hacer? Simplemente cada persona es diferente, es necesario seguir adelante, luchar más que los demás para alcanzarlos y sonreí al momento de jugar, no pasaría de la misma manera que en el pasado donde las victorias tenían un sabor agridulce, en verdad dolían en vez de causar felicidad.
Ogiwara fue temprano a visitarlo para desayunar juntos; el azabache como era su costumbre se sirvió cereal asimismo el otro chico tomo el jugo de naranja con tostadas.
—Debes comer más Kuroko–Sugirió el jugador de futbol americano con buen humor, esa rutina se convertía en un hábito.
El extrovertido continuaba preocupándose por su mejor amigo, ya que este no se alimentaba correctamente por eso debía vigilarlo constantemente o terminaría desnutrido.
El fantasma no contesto, se mantuvo moviendo la cuchara, pensando sobre la vida y hundiéndose en la angustia de una fatal crisis existencial.
—Mañana tengo un partido ¿Quieres venir?— dijo con exaltación, al notar distraído al fantasma.
—Me gustaría –Respondió finalmente el hombre de ojos azules al divisar a su amigo tan contento.
Ogiwara insistió—No quiero presionarte porque es tu decisión...Pero pienso deberías continuar con el tratamiento, te daré el tiempo que necesites para pensarlo...Si pretendes volver a caminar es fundamental empezar pronto con la psicoterapia o te quedaras en silla de ruedas.
—No quiero hablar de eso— Susurro con amargura, se mostraba igual de deprimido que otros días.
Estaba huyendo, se rendía ante la situación difícil ¡Era un cobarde al no afrontar el dilema de su vida!
¿De qué serviría esforzarse? De igual forma yacía paralitico, nunca se curaría probablemente quedaría sentenciado a mantenerse en esa silla de ruedas para la eternidad.
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La sombra del pasado
Fiksi RemajaKagami se va al extranjero dejando todo atrás mientras Kuroko intenta sobrellevar su vida destrozada por su partida y el dolor de no ser suficientemente bueno para los prodigios, ante la vulnerabilidad Nash Gold un excéntrico millonario le propone r...
