Capítulo Tercero

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Las siguientes semanas, Cristina se dio cuenta que Anna no entregaba ninguno de los deberes que ella les indicaba para realizar en el hogar, se preocupó mucho y decidió enviar constantes notas, en el cuaderno de la niña y le amarraba citas de papel en la mano para que no se le olvidara, pero al parecer los padres de la niña no les importaba el bienestar de la niña.

- Anna ya hoy es viernes y tus padres no se han comunicado conmigo. 

- Es que mi papá está de viaje. - Mintió la niña

- ¿Y tu mamá? ¿no puede venir a hablar conmigo?

- No, a menos que usted tenga un curso de hablar con muertos -  Cristina se quedó de piedra.

- ¿Tu mamá falleció?

- Si. ¿Usted no lo sabía? - Juliana le había dado un historial de los alumnos, con datos importantes, pero no había podido leerlos todos.

- No cariño, no lo sabía, lo siento tanto - ella se sentó a la niña en las rodillas y le pasó una mano por la cabellera - ¿hace cuánto fue?

- Yo tenia tres años - Anna se sentía a gusto con la maestra, hacía tanto tiempo que quería una mamá.

- Yo también perdí a mi mamá cuando era tan solo una niña

- ¿De verdad? - Cristina asintio - Y su papá, ¿nunca le buscó una mamá nueva?

- No -Cristina sonrió al recordar a su papá correteando con ella por la casa, tratando de que ellos comieran vegetales. - pero tenía una nana ¿tú no tienes una?

- Si, se llama Teresa. Pero yo quiero una mamá. Porque  Teresa tienes sus hijos - A Cristina se le hizo un nudo en la garganta.

- Bueno supongo que para tu papá no ha de ser fácil buscarle una mamá a su hija - Se imaginó lo que se sentiría ser la esposa de Heriberto Rios Bernal, pero su corazón latió desesperado, sacudió la cabeza sacando esos pensamientos de su mente. - mejor será que nos vayamos, dale por favor la nota a tu papá, y dile que es urgente que hablemos.

- ¿Quiere una cita con mi papá?  Cristina la miró con la boca abierta.

- ¿Cómo dices? ¿Una cita?

- Si. Lupita anota todas las citas con papá de trabajo y esas cosas

- Ah claro, si. Dile a Lupita que le recuerde a tu papá que me busque.

- ¿En su casa a las siete?

- No cariño - le dijo sonriente mientras le ponía un mechón tras su oreja. -  El lunes después de clases, acá en el salón de profesores - después le dio un beso en la frente a la niña y salió de allí con el corazón acelerado Anna necesitaba tanto cariño maternal, sintió una conexión profunda con ella. Suspiró y salió al estacionamiento de carros, se montó en su carro viejo y se fue a su casa a descansar el fin de semana.    



La noche del sábado, Cristina se arregló muy bien, Héctor le había comentado donde iba a ser el evento y ella recordó que era un hotel muy lujoso, afortunadamente tenía un vestido de gala, verde claro, con una abertura en la espalda que se insinuaba más de la cuenta, y una abertura en la pierna derecha que llegaba muy por encima de la rodilla, después de mucho pensarlo se lo puso, se hizo un moño sencillo que dejaba caer algunos mechones, y se puso unas prendas que conservaba de su madre, al verse en el espejo  se sintió satisfecha después de todo solo iba a acompañar a Hector, seguro él tenía a alguien especial en su vida, no se fijaría en ella.  

A eso de las siete, Cristina estaba retocándose el maquillaje y untándose una crema aromatizante en las piernas, cuando oyó el timbre de su casa. Fue rápidamente a abrir la puerta y allí estaba Hector elegantemente vestido, la miró de arriba abajo y asintió satisfecho.

Inocente DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora