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Lunes.

Colegio.

Despertar temprano.

Ducha porque el agua fría se lo terminó la chiquita, y vos fuiste la última en ducharse.

Desayuno rápido mientras te vistes con el uniforme para la escuela.

Es odioso ir al colegio un día más. Un día en el que sabes que el chico popular te va a partir la cabeza en dos por contar cosas que no debes.

Cuando entramos con las chicas en clase, vimos que por fin Mery ha vuelto al colegio. A su lado estaba sentada la muy insoportable Candela Vetrano. ¿Me habría yo enterado antes que su mejor amiga del embarazo?

Fuimos a sentarnos en los pupitres. Toda una mañana escuchando a los estúpidos profesores hablar sin parar de cosas sin sentido y poco interesantes. Por suerte, al final de la mañana, antes del recreo, como la profesora terminó antes de explicar todo, tuvimos tiempo libre para poder hacer tarea.

— No se la nota la panza — me susurró Euge mientras hacíamos juntas un ejercicio de matemáticas.

— Está de 3 semanas o así creo, no se la puede notar aún — dije en bajito.

— ¡Suárez! ¡Espósito! ¡A callar! — nos ordenó la profesora. Y ambas cerramos la boca, hasta que Euge volvió a hablar:

— Seguro que si Peter y vos tuvieran un bebé sería mucho más lindo.

— ¡Afuera Suárez! ¡Y vos Espósito, delante del todo conmigo!

La clase estalló en carcajadas, y tuvimos que obedecer a la profesora, lo peor fue, que antes de que Euge saliera de clase, la profesora nos preguntó:

— ¿De qué estaban hablando?

Palidecí, como el sábado por la noche:

— De nada — respondió Euge —. De un problema de Mates, una tontería.

— ¿Así que ahora las mates son una tontería? — preguntó la profesora poniendo una cara muy seria.

— Estábamos hablando de una compañera — dije, muy sincera.

— Me lo contarán afuera, ahora usted abandone la clase señorita Eugenia. Y vos, a trabajar acá, conmigo. No creo que quiera tener más horas de castigo a la tarde con el señor Lanzani.

Todo el mundo volvió a reírse, menos Mery y Cande, que cuchicheaban entre ellas en voz baja, supongo que sobre nuestra relación (la que teníamos Peter y yo).

Menos mal que la hora del recreo tardó poco en llegar y fui a hablar con Euge.

— ¡Qué vergüenza he pasado Dios mío! — fue lo primero que me dijo al verme.

— Ya... con esta profesora tenemos que tener silencio de tumba.

— Sí...

Por detrás, alguien me tapó los ojos:

— ¿Quién soy? — me preguntó una voz masculina desde detrás.

— ¿Pablo?

— No.

Entonces descubrí, por su perfume, que el que me tapaba los ojos era Peter. No estaba enojado conmigo... ¡Ay, era un tierno!

— ¿Peter?

— El mismo — dijo destapándome los ojos —, ¿nos dejas a solas Euge?

— Sí — y Euge se fue caminando hacia los baños.

— Perdón... — fue lo primero que dije.

— Eu, no estoy enojado por eso. Que se te meta en esa cabecita pequeña e inteligente que tenés. Mis papás no me han dicho nada...

— Pero seguro que de mi si que han dicho algo.

— Sí, que sos una mala influencia, porque sos huérfana. Pero me da igual porque para mí no lo sos. Yo te quiero, de verdad. Tenés un corazón puro y noble y te mereces todo lo bueno.

Ay, si no fuera por el embarazo de María...

— Entonces, ¿de qué querés hablar?

— ¿Te enteraste de lo del embarazo de María?

— Sí.

— Bien, me vas a hacer un favor. Me vas a ayudar a descubrir si es verdad lo de su embarazo. Porque, como sea verdad entonces me escapo de casa y nunca más aparezco por acá.

— ¡No! — grité como una estúpida, loca por un chico al que no sé si de verdad le gusto.

— Por eso me tenés que ayudar en la investigación Lali, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza.

— Sos muy buena — se mordió el labio —. Ojalá todas las chicas fueran tan nobles como vos... Te conozco de hace poco... y siento ya que que conozco de toda la vida, te quiero mucho...

Ay, ¡PETER QUERÍA QUE ME MURIERA DE TERNURA!

El Perfume - TERMINADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora