11

1.2K 97 17
                                        

Y por fin, llegó el viernes, para poder volver a clase. Desgraciadamente, me iba a tocar ver a Peter, y además tenía que quedarme por la tarde con Emilia. Dos horas con Peter innecesarias, ¡un completo horror!

Me vestí, desayuné y me fui al colegio con las chicas. Al llegar a clase, gracias a Dios, no se encontraban en ella ni María ni Peter. Pero sí que estaba la mejor amiga de María.

Las chicas me habían contado lo tarada que era Candela Vetrano. Una nena cheta, creída y de mal corazón. Por culpa de María, había descubierto que las chicas y yo éramos huérfanas y que además vivíamos en una residencia para chicas sin hogar. Y desde entonces, uno de sus entretenimientos era perseguir a mis amigas cuando estaban en el recreo llamándolas huerfanuchas y cosas así (más o menos igual que lo que me decía Peter a mí).

Nada más entrar en clase, Candela clavó los ojos en nosotras cuatro:

— ¡Ay! A las huerfis ya se las unió la amiguita peleadora.

— No empecés gata. ¡Ya bastante hiciste ayer! Pareces un bebé de dos años, a vos la secundaria te viene grande.

— ¡Cállate! — ladró Candela. Después nos miró mal y se sentó en la silla.

Nosotras nos fuimos a nuestro sitio. Tuvimos inglés, literatura y matemáticas. Al salir al recreo nos encontramos con Pablo y Agustín. Peter no estaba con ellos.

— ¡Enana volviste! — exclamó Agustín al verme.

— No me digas así — dije haciéndome la enojada.

— No saben lo que pasó esta mañana — comentó Pablo.

— ¿Qué pasó?

— ¿A qué Mery tampoco fue a clase? — nos preguntó Pablo.

— No — respondió Euge. Era verdad, Mery no había aparecido por clase. Aquella mañana no había acudido al colegio.

— Peter la cortó ayer. Cuando se fue de nuestra casa, la llamó y cortó con ella.

— ¿Cómo? — pregunté sorprendida.

— Uh... — susurró Rochi.

— Es todo un misterio — dijo Agus —. Han cortado de la nada. Ayer estaban bien según me contó Peter por chat.

— Sí, a mí me dijo lo mismo — añadió Pablo.

— Pero Peter está castigado a la tarde, por lo que pasó conmigo... — dije.

— Vendrá al castigo, no te preocupes que no te quedas sola — dijo Agus.

— A lo mejor cortó con Mery para estar con Lali — dijo Pablo riendo.

En aquel momento, se me nubló la mente y empecé a pensar que eso podría ser verdad. ¿Peter había dejado a Mery, a su popular novia modelo, María del Cerro, para estar conmigo? No, se había vuelto loco, eso no podía ser verdad. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y más vueltas, incluso me tuve que sentar en el piso.

— ¿Pasa algo amiga? — me preguntó Euge sentándose a mi lado.

— Era una broma La, ¿estás bien? — me preguntó Pablo sentándose enfrente mía.

Al verme así, todos los chicos que pasaban por el pasillo, comenzaron a acercarse a mí preocupados. Era como una especie de mareo que no tenía explicación. ¿Estaba yo enamorada de Peter y no lo sabía?

— Déjenla chicos, se va a poner más nerviosa — dijo Daniela —. Dejen que Pablo y Euge se queden y nosotros nos vamos.

Y así fue, nos quedamos los tres solos. Pero, a los pocos minutos, un perfume rodeó el lugar en el que estábamos reposando. Un perfume conocido, que hice que me levantara. Y ahí estaba, con sus ojos verdes, el uniforme recién planchado y limpio como el oro, el pelo lavado, lacio y brillante, y su lunar perfectamente redondo en el cachete. Una brisa recorrió mi cuerpo.

Euge y Pablo también se levantaron.

— Hola — dijo Peter, como siempre, poco amable.

— Hola — respondimos los tres a la vez.

— ¿Pasa algo?

— No, no te creas el centro del universo Juan Pedro Lanzani — le respondió Euge de mala gana.

— Che che che, paren un poco que no he hecho nada está vez. ¿Y vos por qué estás tan pálida? — me preguntó.

— Un mareo. Ya estoy mejor — respondí.

— Por cierto, lo siento — dijo Eugenia, para sacar el tema de la ruptura.

— ¿Ya se enteró todo el mundo no Pablo? — preguntó Peter de malas formas —. ¿Ya saben todos que Mery y yo ya no estamos juntos?

— ¡Ay no seas así Peter! Si se iba a enterar el colegio entero igualmente. Son la pareja más popular.

Justo, estaban juntos para ser más populares aún.

— Ajá, pero ya lo contaste vos y ya lo sabe todo el mundo. ¡Sos un buchón nene!

— Baja un tonito Juan Pedro, no es mi culpa que dejes a las chicas de repente.

— No peleen chicos... — los avisó Euge.

— Mejor vayamos a clase, no terminó de encontrarme bien.

— ¿Querés qué te ayude? — fue la pregunta de Peter, que hizo que de nuevo me pusiera con la vista nublada, que me temblaran las rodillas, y que me dijera a mí misma: "Sí, por primera vez te has enamorado".

El Perfume - TERMINADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora