— Con Peter — avisó Euge —. Siguiente pareja Lali y Peter.
— ¡Ni loco me beso con la huerfanucha! Además tengo novia, entiendan eso chicos.
— Vos decidiste jugar Pitt, así que ahora te toca besar a Lali — dijo Pablo.
— No la voy a besar a Lali, Pablo. Mery se entera y me mata.
Yo no decía nada porque la verdad era que no tenía ninguna gana de besarlo a Peter. Euge me miraba cómo diciendo que debía hacerlo, pero yo ni siquiera hacia el esfuerzo de acercarme a él.
— ¡Dale chicos! — dijo Dani —. Sino el juego es re aburrido. Por un pico no le vas a poner el cuerno a la novia Juan Pedrito.
Peter suspiró y se acercó a mi boca. Sin tocarme los labios dio un beso y después se separó rápidamente. Pablo, que había estado atento dijo:
— Hay no hubo nada, eso no fue nada Peter. Ahora van a tener que chapar.
— ¡No! — exclamé.
— ¿Vos estás loco o que te pasa Pablo? No voy a besar a una mugrosita, no quiero que me contagie nada — dijo Peter, mientras me miraba despectivamente.
— Solo un pico, pero bésense o sino los dos quedan eliminados del juego — dijo Agustín.
— Prefiero que me eliminen antes de besarla — dijo Peter.
— Lo mismo digo.
— Pues, váyanse de la sala. Quedan expulsados del juego. Eso por desobedecer las normas — comentó Agus.
Euge se tapó la boca intentando no reír. Rochi me miró como diciendo que lo sentía, pero que era lo que había. Y Dani, soltaba una carcajada tras otra descaradamente (el alcohol la había pegado bastante). Peter se levantó enojado y salió por la puerta de la sala que conectaba con la cocina. Por respeto, tuve que hacer lo mismo y me fui a la cocina con él.
— Gracias por haberlo arruinado todo — dije.
— Yo no te quiero besar, lo primero porque tengo novia, y yo segundo porque yo nunca estaría con personas de tu nivel.
— ¿Quién dijo de estar juntos? Era un simple beso.
— Nunca te besaría, das asco con esa ropa.
— Y la tuya no es muy linda que digamos. Y yo tampoco te besaría nunca, sos insoportable.
— Y vos también sos insoportable... — sin permiso abrió la heladera —. ¿Es que acá no hay nada rico para picar?
Lo agarré del brazo y lo separe de la heladera:
— No abras las cosas sin permiso. Nadie te dijo que podías comer nada. Tan rico, tanta plata y al final resultaste ser un maleducado.
— No cene nena, tengo hambre.
— Ese es tu problema. Anda a beber agua de la canilla así te engaña al estómago — me senté en una de las sillas que había en la cocina y comencé a jugar con un frutero que había colocado encima de la mesa. Notaba como él me miraba, pero me daba tan igual que ni siquiera le prestaba atención.
— ¿Quién te puso Lali?
— Me dicen así desde chiquita.
— Pero alguien debió ponerte ese sobrenombre...
— Y sí, pero no me acuerdo quién fue. De todas formas, ¿qué te importa? — le pregunté malhumorada.
— No me hables mal, solo te pregunte para hablar de algo. No me hace gracia estar encerrado con vos en una cocina y con un hambre de muerte. Tengo sueño y ganas de irme a mi casa.
— ¿Y? Anda a tu casa dale... — dije, con intención de echarlo.
— No puedo, ya escuchaste a Pablo. Mis padres sospecharían si volviera a casa tan pronto, sabrían que seguro había tenido problemas y no pararían de preguntarme en toda la noche.
— Demasiado protector el abogado, ¿no?
— Y... no. Solo les importa que me conduzca bien. Aunque en realidad me dejan hacer lo que me da la gana desde que volví de Londres hace un año.
— ¿Viviste en Londres? — le pregunté. La conversación se ponía interesante.
— Estuve en un colegio pupilo durante muchos años. Un aburrimiento total. Después, a los 15 me trajeron para acá, por suerte conocí a Mery y eso hizo que me dejaran quedarme. ¿Y vos? Una duda que tengo... ¿Cómo acabaste en un orfanato?
Dudé por un momento en si contarle o no, porque podría burlarse... pero bueno, finalmente decidí contarle mi amarga historia:
— Mi... mi mamá tenía una enfermedad terminal. Como no tenía más familia, terminé en un orfanato. Y bueno, siempre te trasladan de centro, o porque en un uno no hay más sitio, o porque te portas mal y necesitas ir a otro en el que hay más rigor... cosas así.
— Lo siento... — me miró, con la mirada consoladora —, por lo de tu mamá lo siento.
— No pasa nada, ya fue hace muchos años.
— Y ahora... ¿Podés decirme quién te puso Lali?
— En realidad no lo recuerdo. Supongo que fue algún amigo que tendría de chiquita, y que no sabía decir Mariana, y por eso me decía Lali.
— Ajá — él me miró, y por primera vez (y no última), me dedicó una sonrisa. En el fondo, no era tan mala persona aquel chico.
ESTÁS LEYENDO
El Perfume - TERMINADA
FanfictionElla, una pobre huérfana de 15 años. Él, un nene rico de 16 años. La última vez que se vieron, ella tenía 5 años y él 6. Eran amigos, los mejores amigos... pero por culpa de sus familias, se distanciaron. Una auténtica historia de Romeo y Jul...
