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Había sido la peor semana de mi vida y no solamente tenía que ver con el hecho de que el único hombre al que he amado y con el que se supone compartiría el resto de mi vida se había ido además de haberme tratado como una basura.

Aun se repiten en mi cabeza cada una de sus duras palabras y acompañadas con ellas las traicioneras lágrimas que salen de mis ojos, cualquiera pensaría que ya no tendría lágrimas, pues he llorado tanto que esos son los únicos recuerdos que tengo de esta última semana, tristeza y llanto.

Sin embargo y como las desgracias no vienen solas, esta semana había estado demasiado enferma, no entendía lo que sucedía, la falta de apetito la comprendo ya que con mi estado de ánimo lo menos que deseaba era comer pero lo que realmente no lograba entender era las nauseas que me daban alrededor del día y que casi parecía que vomitaba cada mañana.

“Quizás solo sea la tristeza” me decía a mi misma, como poder describir lo que sentía cuando era indescriptible la tristeza, el dolor, ese horrible sentimiento de soledad.

Si soledad, esa era mi única compañía desde hace una semana, la familia de Poncho no me había llamado y para ser sincera a mi me daba mucho miedo llamarlos, porque qué tal si Poncho les contó y ellos creen que realmente lo engañé de seguro me odian. Otra ronda de lágrimas se deslizaba por mi mejilla cada vez que pensaba en ellos.

Llamaba a Poncho a diario más de cinco veces al día, pero la respuesta era siempre la misma, su buzón, intente hablar con el por medio de la empresa pero cuando la secretaria escuchó que era yo me dijo que tenía órdenes de no pasar mis llamadas al Señor Herrera, me sentía tan mal y por si fuera poco estaba Rodrigo que quizás estaba incluso peor que yo.

Luego del desdichado incidente nos habíamos vuelto realmente amigos y él se preocupaba mucho por mi y trataba de animarme aunque una parte de mi sabia que el solo se sentía culpable.

Ahora estaba en casa terminando de revisar varios contratos ya que Rodrigo había pedido dos días para hacer un viaje de emergencia, cuando le pregunté que a donde iría solo dijo que tenía que resolver un asunto.

No le di importancia, la verdad es que tampoco me interesaba mucho, lo único que quería era poder hablar con Poncho que me escuchara y poder explicarle todo, solo quería que él se diera cuenta que mi amor fue y es real que nunca pisotearía el sentimiento más maravilloso que alguien me ha hecho sentir, solo eso y realmente solo eso.

Porque a pesar de que lo amo, cada una de sus palabras sigue calando en lo más profundo de mi corazón y me siento herida por sus palabras y sus acciones y aunque lo único que deseo es hablar con él y que sepa la verdad no quiero exponer nuevamente mi corazón para que lo pisoteen, no lo haré.

Trataré por todos los medios que el sepa la verdad, pero después de eso NADA volverá a ser igual.

Nuevamente los sollozos me ganaron al pensar en esa posibilidad porque era mentira, lo único que deseaba era tenerlo junto a mi, besarlo, abrazarlo y decirle cuanto lo amo mientras me envuelve en sus brazos.

El sonido del teléfono me sacó de mi infierno, al presente que no era muy diferente. 

Al alzar mi móvil inmediatamente mi corazón se aceleró, no sabía qué hacer y si debía contestar, ¿y si solo quería gritarme y decirme lo mala mujer que soy? pero ¿y si no sabía nada? ¿y si?…

Decidí dejar a un lado los “y si…” ellos no existen, me armé de valor y contesté.

- Hola- dije y mi voz se escuchó demasiado pastosa debido a las lágrimas.

- Any- susurró Maite.

-Mmmmm… si Mai ¿Cómo estas?- dije un poco insegura.

- Bien Any estoy acá… con Dulce queríamos hablar contigo y saludarte tenemos varios días que no hablamos- me reprochó y en ese momento supe que ellas no estaban al tanto de la situación.

El acuerdo perfecto (AyA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora