Epilogo.

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Anahi caminaba de un lado para otro en la sala de su casa, ansiosa y desesperada mientras esperaba.

Caminó hasta la repisa encima de la chimenea y observó las fotografías que descansaban sobre esta, su vida plasmada en pequeños retratos que la hacían sonreír y calmar la angustia que la inundaba en ese momento.

Observó la fotografía de su graduación con nostalgia mientras recordaba sus días de estudio y sin detener a su mente recordó aquel día en el que tomó la decisión que cambio su vida, el día que fue hasta Poncho a proponerle el acuerdo más loco de sus vidas.

Soltó una suave risa al recordar TODO lo que pasaron juntos en esos días y como había cambiado desde entonces, con orgullo recordó que ya no usaba los lentes que usaba en aquel entonces, de los cuales Poncho muy acertadamente había dicho que se escondía tras ellos “Cuan cierto era” pensó… mas ahora todo había cambiado, ella había cambiado y era una mujer mucho más segura de sí misma que la que fue en esos días y todo se lo debía a Poncho.

Siguió mirando las fotografías, sus sueños plasmados en papel, su boda.

Ese día tan maravilloso y tan lleno de traspiés, había sido una ceremonia pequeña pero realmente hermosa, ambos se veían tan felices y eso aun no cambiaba lo eran… eran completamente felices.

Ya no le importaba el desinterés de sus padres hacia su vida ni tampoco se sentía excluida de nada, ahora ella tenía su propia familia, se dijo a si misma sonriendo mientras tomaba entre sus manos otra fotografía, la más importante en su vida, la de su familia.

Sonrió aun mas al recordar a su pequeño Tomás y el día que tomaron esa foto, Maite se las tomó sin que ellos siquiera lo notaran y luego se las regaló con una nota que decía.

Gran acuerdo

Anahi se había sobresaltado al leer aquello y en ese momento lo entendió, ellos lo sabían… lo supieron todo el tiempo y así fue, esa tarde Any encaró a la familia y en medio de reclamos y risas, Poncho y ella descubrieron que su familia sabia la verdad casi desde el primer momento... claro no todos.

- ¿Cómo?- había dicho Chris casi en estado de shock- ¿Qué no llevaban juntos 3 años?- había gritado- ¿Porqué nadie me lo dijo?- reclamó haciendo que toda la familia riera mas.

Los padres de Poncho dijeron que en cuanto vieron a Poncho con Any se dieron cuenta que ella era la mujer para él y que lo único que esperaban era que se dieran cuenta y así fue, se dijo Any colocando nuevamente la fotografía en la repisa.

Volvió nuevamente a pasear por la sala desesperada contando los segundos para que llegaran su esposo y su hijo de 5 años.

- Mami- escuchó una suave voz que la llamaba mientras enrollaba sus bracitos alrededor de su cintura.

- Pequeño- contestó Anahi mientras lo rodeaba con sus brazos, que era más de lo que podía hacer en su estado- ¿Dónde esta papá?- le preguntó a su hijo.

- Ayuame mami, ayuame, que no me agade poque me va a hace coquillas- dijo el niño entre risas.

- Tomaaaass- se escuchó una aterciopelada voz llamar la pequeño que se escondió detrás de su madre riendo mientras se escondía del cruel castigo que su padre iba a emplear en el, al hacerle cosquillas.

- No papi… no po favo…- pedía Tomás entre risas mientras veía a su padre acercarse.

Any vio a su esposo venir hacia ellos y por un minuto la distrajo el hombre tan guapo con el que se había casado esos ojos de un precioso miel con verde oliva y ese suave cabello que tantas veces había acariciado, esos brazos tan fuertes y esas manos que la hacían… se detuvo en ese pensamiento al percatarse de la bolsa que traía esas manos.

- Al fin- dijo mientras se la arrebataba de las manos y abría el contenido de la bolsa calmando así toda su ansiedad.

Poncho veía a su esposa divertido ante la escena mientras tomaba a su hijo entre sus brazos.

- Papi… queo que mami esta mudiendo de hambde- dijo el nene realmente preocupado en el oído de su padre.

Poncho rio ante las ocurrencias de su hijo, sin embargo así parecía, se dijo así mismo, parecía que su esposa tenia meses sin comer.

- Así parece campeón- le respondió besando su mejilla sonoramente mientras el se reía y lo abrazaba con todas sus fuerzas de su cuello- ahora ve a cambiarte para la cena amor.

- Debedias alimentadla papá- sugirió inocentemente el niño mientras Poncho lo ponía en el suelo.

- Eso haré campeón…- dijo Poncho mientras le guiñaba un ojo y ella salía de la sala riendo.

- Hola hermosa- saludó a su esposa- podrías por lo menos fingir que estas feliz de verme- bromeó el.

- Oh cariño sabes que si, eso solo que…

- No tanto como a esa hamburguesa ¿cierto?- terminó él haciendo sonrojar a su esposa- ven aquí- le dijo mientras la guiaba al centro de la sala y él se acercaba al equipo de música.

Any lo miró extrañada mientras el volvía a reunirse con ella, Poncho besó su frente y colocó una sus manos en su cintura y las de ella en su cuello mientras los acordes de música empezaban a sonar Anahi sonrió al escuchar la canción y entender lo que su esposo pretendía.

"Solamente yo quería
Decirte por si no sabias
Que estoy pensando en ti
Cada momento
Siento aquellas vibraciones
Idioma de dos corazones
Que aprendieron a amarse
De un modo ideal
Lo nuestro no tiene final".

Anahi escuchaba sonar la canción que ambos bailaron el día de su boda, esa canción con la que se prometieron amarse por siempre.

"Un pacto con Dios hicimos tú y yo
Y nada en el mundo tiene más valor
Así es este amor que no se rompe 
No me cansaré de repetírtelo
Tú vas más allá de ser mi gran pasión
Déjame decirte que
Que te quiero".

Poncho repetía esa significante promesa al oído de su esposa susurrando cada palabra desde el fondo de su corazón.

"Tú naciste siendo bella
Más bella que cualquier estrella
Así eres tu para mi así eres tu
Parecía fantasía que alcanzarte no podía
Y aprendimos a amarnos del modo ideal
Lo nuestro no tiene final".

Anahi se sentía la mujer más hermosa del mundo mientras su esposo la estrechaba en brazos dedicándole cada palabra, era increíble como después de seis años de matrimonio el aun tenía la capacidad de hacerla sentir la mujer más bella.

"Un pacto con Dios hicimos tú y yo
Y nada en el mundo tiene más valor
Así es este amor que no se rompe
No me cansare de repetírtelo
Tú vas más allá de ser mi gran pasión
Déjame decirte que
Que te quiero".

Ambos se miraban a los ojos mientras la letra de la canción, de su canción, los envolvía avivando en ellos el profundo amor que se tenían.

"Y vivo contigo y muero contigo
Déjame decirte que te quiero".

- Te amo nena y eres la mujer más hermosa que mis ojos han visto- afirmó Poncho a su esposa.

- Aun cuando estoy tan gorda- bromeó Any.

- Aun cuando estés tan gorda- le aseguró mientras se arrodillaba ante su enorme vientre de 8 meses en el cual estaba el segundo fruto de su incondicional amor, Sophia a quien esperaban ansiosamente para ser parte de este acuerdo… de este pacto… de este amor.

El acuerdo perfecto (AyA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora