59-La leyenda de Lycaón, capítulo especial.

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Sicilia. Año 550 d.c.

En un pequeño pueblo no se puede hacer mucho, solo construir sus fuentes de supervivencia para cada quien, yo como responsable de este pueblo tenía que mantenerlos seguros de lo que entrara en este lugar, mi familia estaba completamente de acuerdo conmigo, yo vivía por ellos.

—Padre, ¿Me buscaba?— mi hija que no tenía más de quince años entro al granero donde construía armas de caza para ofrecérselos a los pueblerinos.

—Hija, si, mande a tu madre a buscarte, quería hablar contigo seriamente—

—Usted dirá padre— le indique a mi hija que se sentara en uno de los taburetes del granero donde guardábamos las botellas para alimentar a las vacas.

—He descubierto que por las tardes noches te encuentras con un joven, ese joven no te conviene— la mire mejor, ella era igual que su madre, hermosa como la mismísima flor de verano, preciosa y pura.

—Padre, eso no puede ser, yo…— la interrumpí.

—Se de lo que hablo Miranda, lo vi con mis propios ojos así que no es necesario que digas más, no quiero que vuelvas a ver a ese muchacho, él no es como nosotros, no puede encajar en este lugar— no quería hablar sobre la verdadera razón.

—No padre, usted no puede decirme lo que tengo que hacer—

— ¡Soy tu padre, y jefe del pueblo, tienes que obedecerme!—

— ¡No, yo lo amo a él, él es el amor de mi vida!—

— ¿Un vampiro es el amor de tu vida?— ella pareció no comprender, pero segundos después palideció, pareció comprender ahora la razón por la que le estaba diciendo que se alejara de él.

—Eso no puede ser… el no puede ser eso… él, yo… nosotros— sus ojos se llenaron de lagrimas, me acerque a ella para abrazarla, parecía tan culpable.

—Tranquila mi niña, todo está bien—

—Padre… yo… le entregue mi virtud a él— me quede quieto, la aleje de mi con cuidado, mire sus ojos, de un color verde esmeralda opacos y sin brillo, estaba destrozada. —El no me dijo que era… vampiro, no me dijo nada—

—Maldito bastardo… te uso— gruñí apretando los puños. —Quiero que vayas con tu madre y le cuentes, dile que no me espere para la cena— ella asintió y salió corriendo.

Había usado ese maldito bastardo a mi hija, lo conocía, era hijo de una vampiresa original, por eso le permitía tener hijos biológicos, ella tenía a un hijo y una hija, Camila era la reina vampírica, salí de ahí y fui directo al bosque, donde hoy se encontrarían mi hija y ese bastardo, siempre era lo mismo, pero el parecía no captar mi olor y por eso se seguía acercando a mi hija.

Camine entre los arboles grandes de roble, el pueblo donde vivíamos era pequeño, pero todos estebamos protegidos ante cualquier ataque, más de diez como yo nos dedicábamos a proteger al pueblo.

Con la velocidad que yo corría fácil llegaría hasta donde estaba ese bastardo que había usado a mi hija, que la había engatusado para… solo usarla de esa vil manera.

—Te encontré— hable cuando lo vi sentado en una de las rocas.

Se levanto asustado y me miro, miro a su alrededor, tal vez sopesando las posibilidades que tenia para salir huyendo.

—No importa a donde vayas, yo te encontrare, tu usaste a mi hija, una vez te advertí que te alejaras de ella, pero seguías estando ahí… chupasangre— sentía la furia por dentro.

—No puedes hacerme nada, mi madre…—

— ¡Y una mierda! Usaste a mi hija, además de que se que te has alimentado de gente cerca de por aquí, tu madre es una puta perra vampira, así que no puedes decirme nada—

— ¡No te puedes convertir, no hay luna!—

—No necesito la luna, estúpido, sigo siendo más fuerte— lo mire por última vez a los ojos.

Le arranque la cabeza de un solo tajo, ya no podría tocar más a mi hija.

(***)

Gritos de dolor por todas partes, gritando y pidiendo auxilio, la mayoría de nosotros ya estaba muerto, el pequeño pueblo que habíamos levantado se había caído de golpe, los malditos vampiros habían venido a atacar con todo lo que tenían, lo peor era que… mi esposa y mi hija estaban muertas, no había podido ir en su búsqueda porque estaba destrozando a vampiros que la verdad no sabía de donde salían todos, ahora solo se escuchaba como el fuego consumía todo lo que una vez fue mi hogar.

Un par de vampiros me llevo a rastras después de someterme, decidí no hacer esfuerzo, ¿De qué me servía? Ya todo estaba perdido… tal vez no.

—Señora, este es el líder del clan— mire a la mujer que estaba enfrente de mí.

—Camila— gruñí su nombre cuando supe quien era.

—Lycaón, te dije que regresaría— recordé cuando ella y yo nos habíamos topado y yo había matado a gran parte de su "guardia" de chupasangres.

—Y yo te dije que me vengaría si hacías algo, te dije que lo pagarías con creces — el día que nos enfrentamos yo le había advertido sobre si tocaba a mi gente, pero por lo visto ella no lo tomo en cuenta mi consejo.

—Te advertí que si le tocabas un dedo a mi hijo las pagarías, mataste a mi hijo—hablaba bajo, pero sabía que estaba furiosa.

—Él entro en nuestros territorios y enamoro a mi hija, ahora lo pagaras yo haciendo lo mismo con tu hija— le sonreí como pude, no le daría el gusto de verme rendirme.

—A mi Elizabeth la dejas en paz, jamás le tocaras ni un solo pelo— gruño.

—Lo veremos—

Sin más me solté de los vampiros y los mate, mate a todo vampiro que se me interpuso, sentía el poder de la luna en mi, era de noche, el mismo día que yo mate al hijo de Camila fue cuando vinieron a atacar, sentía el cambio en mi, sin más la mate de varios zarpazos.

Ahora me quedaba algo por el cual  seguir,  mi venganza, había alguien aun vivo del linaje de la vampira Camila, ella pagaría por lo que habían echo a mi hija y a mi pueblo.

La posibilidad de un error... ¿Alec Vulturi en mi cuarto?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora