¿En qué estaba yo penando cuando accedí a entrenar los sábados por la mañana? Me había tenido que levantar a las ocho de la mañana para poder llegar a tiempo y encima mi desayuno consistió en un yogur no mohoso que encontré en la nevera, bueno encontrar no mucho ya que era lo único que vivía dentro del frigorífico. Los suministros de comida que el señor Hilman me proporcionó al principio habían desaparecido y tenía que ir al supermercado antes de que llegase el punto de tener que alimentarme de mis propios mocos. El poco desayuno mas mi falta de un sueño reparador, porque siendo sinceros no dormía una mierda, conseguían que enfocar mi atención en un objeto redondeado, que se transformaba en una albóndiga gigante en mi cabeza, se me hiciese muy difícil así que cada tres por dos tenía a Jude echándome la bronca porque no era capaz de chutar con todas mis fuerzas o de mandar un pase como dios manda. Sinceramente no le hacía mucho caso y le ignoraba mientras me volvía al punto inicial para retomar mi entrenamiento junto al capitán mientras los demás hacían no se que leches de la que no me enteraba. Además, ese día Bobby y Silvia nos abandonaron para irse a buscar algo en el aeropuerto, o algo así nos había retransmitido Celia pero, para variar en mi mañana, no me había quedado con la copla y si me llegaban a preguntar el que diablos hacían allí lo mas probable es que me hubiese quedado callada y le pasara el relevo al primero que pillase por al lado, que en ese caso era la nada absoluta ya que los chicos tenían miedo de lo que podía hacer medio dormida y con una potencia de tiro como la mía. Así que en ese instante me sentía mas peligrosa que la bomba de Hiroshima y me encantaba que pensasen que era una posibilidad que les arrancarse cualquier parte de su cuerpo con un pelotazo.
-¡Torbellino de niebla!-grito antes de lanzar una de mis técnicas mas antiguas contra Mark.
-¡Despeje de fuego!-el balón sale rebotado y acaba fuera del área de juego.
Dirigí mi vista para ir a recogerlo y vi que estaba a los pies de un chico se me hacía especialmente familiar, a parte de que estaba buenísimo pero eso daba igual. Evans le pidió que devolviese la pelota y él con una gran sonrisa en su cara echó a correr hacia el lugar en el que me encontraba yo así que en cuanto vi a la velocidad que venía y lo bien que regateaba me desplacé hacia un lado para dejarle todo el espacio libre para chutar a puerta, y eso hizo. Efectuó una supertecnica llamada “Tiro Giratorio” que nuestro capitán frenó gracias a la “Mano Celestial”.
-¡Eso ha sido esplendoroso!-aplaudí contenta y me acerqué para ver al chaval y por poco me caigo de culo.-¡No puede ser!
-¿El qué no puede ser, Adrianne?-preguntó acercándose Axel también.
-¡Oh Santo Cielo!¿No sabeís quien es?-señalé con el pulgar al chico moreno.-Es Erick Eagle, el mejor jugador de Estados Unidos. A parte, es un bombonazo.
-Eh…Gracias.-se rascó la nuca incomodo.
-¿Pero juegas al fútbol en los Estados Unidos?-¿Qué no acababa de decir? A veces sentía que nadie me escuchaba.
-Si, hace poco me seleccionaron para la liga infantil de fútbol estadounidense.-aun me acordaba del día en que lo leí en el periódico. Fui tan feliz a clase que hasta hice bien los ejercicios de física.
-He oído hablar de eso. Que uno de los jugadores con mas futuro de la liga infantil de fútbol de los Estados Unidos, era un chico de origen japones.
-¡Normal!¡Será por las veces que lo he repetido!-me río y vuelvo a mirarlo embelesada.-Madre mia el arte que tiene que tener tu madre en el cuerpo para haberte hecho tan guapo.-noto unas manos en mis caderas y como tiran de mi.
-Lo vas a agobiar.-es Axel el que tiraba de mi para alejarme del moreno.
-¿A caso estás celoso?-mi mirada se tiñó de sorna.-No te preocupes, que hay Adrianne paras todos.
-No estoy celoso.-asiento nada convencida y con sarcasmo.
Todos nos quedamos oyendo su historia en Estados Unidos en corro y yo me siento en el paraíso mas bonito que haya podido pisar jamás. Si antes hablaba de él, antes aparecía. Ha ese paso tendría que pedir que nos tocase la lotería para ver si se cumplía y nos convertíamos en multimillonarios y así no preocuparnos nunca mas por si solo queda un limón pocho en la nevera. Nos contó que venía a visitar a unos amigos que estudiaban en el Raimon y que sin ni si quiera pasar por el hotel había decidido venir directamente para encontrarse con ellos pero que no los veía por ninguna parte. Justo nos comentó eso cuando aparecieron Silvia y Bobby preguntando que que hacíamos ahí parados y en grupo en vez de estar dándole patadas a un balón pero casi sin darnos tiempo a dar una explicación, Erick se tiró a sus brazos literalmente y casi la espachurra. Soltamos un sonoro “Uh” por incomodar el momento y Schiller se quejó para que la soltara de una santa vez pero su cara se relajó al ver el rostro del chaval. Resulta que uno de los mejores jugadores estadounidenses era un antiguo amigo de la infancia de esos dos y que, unos años atrás, sufrió un grave accidente que no sabían si le dejaría la posibilidad de volver a jugar al fútbol por lo que pensó que sería buena idea hacerse el muerto. Una historia maravillosa digna de hacer un libro o una película pero la bronca por parte de Silvia no se la quito nadie. Así que al final tenía yo razón y era la misma persona que el “Tripegaso”.
-¿Por qué no juegas un rato con nosotros?-me acerqué a ellos con la intención de sacarle a divertirse un rato.-Necesito que alguien me ponga un poco las cosas difíciles en el terreno de juego.-se levantó de un salto dispuesto a aceptar mi oferta.-Tu también, Bobby.
-Voy.-los dos fueron corriendo con los demás mientras yo me giraba para dedicarle una sonrisa a la chica, quien estaba muy contenta por volver a reunirse con sus amigos de la infancia.
En los regates era una pasada porque incluso llegaba a esquivar a Jude aunque este si que podía ver sus jugadas con mas facilidad que los demás al igual que yo. Cuando llegó mi turno de intentar arrebatarle la pelota casi logro hacerlo si no fuese porque en la que daba un salto para detener su juego aéreo vi, como entre las sombras entre la cabaña y el pequeño bosque, algo que me hizo detenerme y caer al suelo de golpe y porrazo. Cerré los ojos con fuerza y cuando los volví a abrir ya no había nada, solo lo de siempre, ni una solo prueba de haber visto la sombra de mi padre o un trozo de su cara. Absolutamente nadie estaba merodeando por allí a esas horas. La mano de Erick me trajo de vuelta a la realidad y yo, aún un poco atontada, me levanté con su ayuda y sacudí el polvo de mi culo para después darle las gracias. Intenté que nadie notase como mis ojos se nublaban y volvía la cabeza un par de veces mas para cerciorarme al cien por cien de que no me espiaba pero la inquisidora mirada de Axel y de Jude me decía que acabarían por darse cuenta si no volvía a actuar normal aunque me muriese de ganas de ir a inspeccionar esa zona por si encontraba alguna pista.
En los lanzamientos de penalti todos observábamos la magia que viajaba por su cuerpo y el gran dominio del balón que poseía aquel chico ya que le resultó super fácil meter un gol sin ni si quiera usar una supertecnica. Y eso duró mas de una hora porque por lo que parecía eran demasiado iguales en esos temas y a ninguno de los dos les gustaba perder, por lo que los demás al final acabamos por seguir con el entrenamiento por nuestra cuenta ya que el capitán se había olvidado hasta de como se llamaba en esos momentos.
El entrenamiento se había terminado por hoy y como recién había comenzado mis clases en aquel instituto no tenía que preocuparme por estudiar o hacer cualquier tarea por lo que tenía todo el fin de semana para usarlo en lo que mas me apeteciera y eso era, por raro que sonase, jugar un rato al fútbol pero a mi bola. Y eso hice. Nada mas terminar de comer, agarré una mochila y metí en ella una botella de agua, una toalla para secarme el sudor de la cara, un merienda por si me entraba el hambre, me equipé con unas mallas y una camiseta de tirantes y puse rumbo a la rivera del río que es donde pensé que a las cuatro y media de la tarde no habría nadie a quien pudiese molestar. Si, no era buena idea salir sola pero no pensaba que nadie fuese ha hacerme daño a plena luz del día por lo que no le di muchas vueltas y salí a la calle sin pararme a escuchar a nadie. Llegué en unos quince minutos a paso lento y, como esperaba, estaba totalmente desértico, así que bajé las escaleras, dejé la mochila cerca de la portería y me até el pelo en una coleta para que no me molestase. Al principio efectué unos calentamientos para no dañar ningún músculo y tener que quedarme sentada en el banquillo el próximo partido y enseguida me puse a chutar contra puerta. Necesitaba tener una supertecnica sola por si era necesario utilizarla en cualquier partido y las que tenían eran de cuando era un principiante que ni si quiera usaba toda la potencia que acumulaba en mi diminuto cuerpo. Patada tras patada algo se formaba en mi mente y me dejaba una clara idea de que aspecto tomaría lo que estaba practicando por lo que a cada lanzamiento estaba mas cerca de conseguir un disparo tan poderoso capaz de destrozar al Zeus y hacerlo explotar en mil pedazos. En una de esas el balón no llegó a salir disparado ya que alguien cortó mi tiro, era Erick el que lo había parado y en ese momento le daba pequeños golpecitos con su pie como si no hubiese pegado un gran salto dos segundos atrás.
-¿Tu no estabas con Silvia?-pregunté mientras me acercaba a la mochila para poder retirar todas las toxinas que mi cuerpo había soltado y refrescarme.
-Si, pero volvía ahora al hotel.-lo miré extrañada.-Ya es muy tarde.
Mire el cielo y, efectivamente, debían ser las ocho u ocho y algo ya que casi el color rojizo estaba a punto de desaparecer pero aún los rayos del sol brillaban dando algo de luz.
-No me había dado cuenta de que casi era de noche.-eso daba por acabado mi entrenamiento.-¿No te pasa que a veces se te olvida hasta que tienes que comer cuando te pones a practicar?-a mi eso me pasaba y mucho.
-Si, continuamente.-asintió con la cabeza.-Esos chuts están muy bien. ¿Cómo has aprendido a hacer eso?
-Mi padre me enseñó.-me pasó la pelota y yo la cogí al vuelo.-Él era un gran apasionado del fútbol cuando era joven luego…Bueno, digamos que le dejó de interesar el buen fútbol.
-Vaya…-le sonreí para que no pensase que me pasaba nada.-Pues hizo un buen trabajo, no todo el mundo es capaz de poseer tanta fuerza.
-Gracias.-los colores se me subieron y bajé mi mirada al suelo para que no lo notase tanto.
-Estoy seguro de que si no te hubieses distraído hoy a la mañana me podrías haber parado.-me río. Nunca sería tan buena como él ni aunque lo intentase.-¿Por qué no pruebas ahora?
Acepté encantada su reto y le devolví el balón para que se pusiera a mitad del campo para que vieniese hacia la portería. A mitad de camino me doy cuenta de que va a hacer todo lo contrario de lo que yo pensaba y cambio de posición drásticamente para así frenarlo en seco en cuanto pretende marcar un gol y consigo atrapar la pelota entre mis pies y lanzarla por encima de nuestras cabezas para, por último, ir a por ella tan rápido que hasta tuve miedo de que mis pies fallaran.
-Eso ha sido…-suelto una carcajada porque no tiene adjetivos para describirlo.-¿Y tu eres mi fan?
-La número uno.-le advierto.-He seguido todos tus partidos y me sé hasta lo que piensas.
-Creo que el fan debería ser yo.-niego divertida con la cabeza y le lanzo la toalla que llevo en la mano directa a su frente.-¡Eh!
-No quiero fans, gracias.-le guiño un ojo y me acerco.-¿Te gusta Silvia, verdad?-le pregunto sin cortarme un pelo.
-¿Eh?-su cara parecía un tomate.-Esto...Ha ella le gusta Mark.
-No es eso lo que te he preguntado, se de sobra que se le cae la baba por el capitán.-tampoco quería hundirle pero era la verdad.-No te preocupes, se le acabará pasando la tontería porque dudo que ese hombre se entere ni de en que día vive.
-Es tu capitán.-me recrimina con guasa por meterme con él.
-Y el tuyo dentro de poco.-me miró sin entender del todo lo que quiero decir.-Una vez que juegas con Evans, no te puedes olvidar de su espíritu tan guerrero y acabas enamorándote del talento tan especial que desprende el Raimon.
Le dediqué una última sonrisa y recogí la toalla que estaba en suelo para guardarla y después irme hacia el restaurante para cenar algo ya que por mucho que me apeteciese cenar en mi piso no tenía nada que llevarme a la boca pero mirando la hora de mi móvil pensé que si me daba brío podría entrar a la tienda de alimentación que estaba cerca del camino inicial y podría cocinar una comida en condiciones. Sonreí para mis adentros y me giré para hacer algo que no pensé que haría jamás.
-Erick.-el nombrado me miró.-¿Me acompañas a comprar unas cosas y te quedas conmigo a cenar? Estoy segura de que hace un tiempo que no pruebas un buen ramen, y yo los preparo de vicio.
Le brillaron los ojos al oír el nombre del plato tan típico del país y se puso en marcha junto a mi para ir a comprar los ingredientes. Tuvimos mucha suerte y llegamos diez minutos antes de que el supermercado cerrase sus puertas y conseguimos encontrar los ingredientes en tiempo récord, pagamos y él se ofreció a llevarme las bolsas para que no tuviese que cargar con semejante peso. Muy feliz de ir con un chico guapísimo y que, además, era una estrella en el mundo del fútbol me presenté en el restaurante justo cuando el señor Hilman empezaba a servir las primeras cenas de la noche por lo que ni si quiera se fijó que subía con un chico al piso superior. De camino hasta la cocina le expliqué un poco por encima la historia de como había terminado viviendo allí y de paso comenté que mi padre era Ray Dark pero él no tenía ni la mas mínima idea de quien estábamos hablando. No le dejé hacer absolutamente nada, mas que nada porque me incomodaba tener a alguien trasteando a mi lado cuando yo intentaba concentrarme en lo que hacía, pero si que de vez en cuando me paraba para contestarle a cualquier tontería que decía y, seguidamente, continuaba con lo que me traía entre manos. No tardé mas de media hora en tenerlo todo listo y preparado para ser servido y eso hice, le dejé encargado de la mesa y me fui a buscar unos boles que me habían regalado Jude hace un par de años por mi cumpleaños cuando me empeñé en que era una bonita afición coleccionar vajillas. Lo serví e intenté poner mucho esmero en la presentación de los dos platos y cuando pensé que todo estaba niquelado se lo puse delante del morro con una sonrisa de autosuficiencia muy digna de mi. Me senté en la otra silla y me quedé observando como probaba el primer bocado y ver cual era su veredicto final.
-¡Esto está de vicio!-habló con la boca llena haciendo que soltara una pequeña risa.-¿Hay algo que hagas mal?
-Mmm…No.-hice que me lo pensaba y luego di una negativa.-No, enserio, se me da fatal la jardinería. Soy el Voldemort de las flores.
Nos pasamos toda la cena riéndonos y comentando sobre jugadores de fútbol a nivel internacional, llegando a la conclusión de que Italia poseía los mejores jugadores pero que Argentina no se quedaba muy atrás con Thiago Torres, al que todavía no conocía pero deseaba hacerlo. También le conté sobre mi año sin tocar un balón mientras que él había pasado casi el mismo tiempo en rehabilitación después del atropello que sufrió y lo mal que los dos lo habíamos pasado cuando veíamos a los demás disfrutar de algo que nosotros amábamos pero no podíamos hacer. Al fin y al cabo no eramos tan diferentes el uno del otro y ya entendía porque Silvia y Bobby eran sus amigos, dado que el chico era un encanto a parte de una buena persona y supergracioso. Le comenté que Mark, Silvia y Bobby habían hablado sobre esa técnica tan famosa que en su día se habían inventado cuando vivían en Estados Unidos y eso pareció animarle mas de lo que ya estaba y se ofreció feliz de la vida a ayudarles antes de irse, que para nuestra gran desgracia era en un par de días. Para cuando quisimos darnos cuenta eras la once y media de la noche y él tenía que irse a dormir a su hotel en algún momento por lo que le ofrecí acompañarlo hasta abajo y allí preguntarle al señor Hilman si podía ir con él un cacho del trayecto para que no fuese solo, ya qque me daba cosilla que andase por las calles a tales horas. Cuando bajamos el restaurante estaba vacío por completo y las luces estaban apagadas por lo que no quedaba ni el tato allí y mucho menos mi tutor legal que ya debería estar en su casa a punto de irse a dormir.
-Parece que hoy no ha venido mucha gente…-busqué la luz a tientas pero no la encontraba por ningún lado de la pared.-¿Dónde coño está el interruptor?
-Da igual, es todo recto hasta la puerta ¿No?-el sitio estaba tan oscuro que ni si quiera podía verle la cara.
-Si, si.-di por fallida mi búsqueda del botón.-Pero, es muy tarde para que vayas por ahí tu solo. Si te dejo irte creo que Silvia me mataría.
-No se va a enterar. A parte, no me va a pasar nada.-oí unos pasos y por suerte conseguí atrapar su brazo.
-No, no, no.-me negaba en rotundo.-No conoces la ciudad y arriba creo que tengo una cama plegable.-señalé el techo como si el pudiese verme.-No acepto un no por respuesta, así que ya estás subiendo las escaleras que me da mal rollo estar aquí sin una pizca de luz.
-Está bien.-aceptó un poco a regañadientes pero comenzó a ir para arriba.
Una vez de vuelta en el piso conseguí que mi espalda se destensara. Nunca me habían gustado los lugares tan oscuros, y menos cuando no conseguía ver ni donde ponía el pie. Erick me ayudó a sacar la otra cama y a prepararla al lado de la mía para cuando nos fuesemos a dormir, con suerte había encontrado una almohada de mas y unas cuantas sabanas que pudiéramos utilizar, así que no tuvimos ningún problema a la hora de hacerla. También le cedí mi manta del sofá porque no tenía una colcha que no fuese de verano ya que yo si me echaba algo muy gordo para dormir me acababa despertando de madrugada duchada en sudor y posiblemente con un ataque de fiebre repentino. Cuando acabamos le señalé donde estaba el baño y le di una de las miles de camisetas que le había robado a cualquiera de los chicos de la Royal en todos estos años en los que llevábamos juntos en alguna dormida que nos habríamos montado. Yo aproveché la ocasión y para agilizar las cosas me cambié de ropa y me puse mi estiloso pijama que consistía en una camiseta de tirantes y unos short que dejaba a la vista mis delgadas y demasiado finas piernas. Cuando me encontraba en bragas y con la camiseta puesta mi móvil empezó a sonar y me lancé a cogerlo para ver quien llamaba a esas horas tan altas de la noche. Era Mark para contarme su gran idea de decirle a Erick que nos echase un cable con la técnica que él mismo se había inventado. Claro, como si nadie lo hubiese pensado ya.
-Si, Mark.-contesté a una de sus cosas.-Mañana a las nueve, con todos, en el campo del instituto. Si, me ha quedado claro.
Oí la puerta del baño abrirse pero no le di mayor importancia y seguí hablando con Mark que no paraba de contarme las brillantes ideas que tenía para los próximos entrenamientos.
-¿Quién es?-preguntó el moreno por lo bajini
-Es Mark.-tapé un momento el teléfono para contestarle.-Oye, Evans, que me piro a dormir, ¿Vale?-di por zanjada la conversación que estábamos teniendo y colgué para después desconectar mi móvil y dejarlo en la mesilla de noche.
-¿Qué es lo que quería?
-Decirme que mañana tenemos entrenamiento a las nueve de la mañana, básicamente.-resoplé y me puse de pie.
Como no me acordaba que seguía en bragas, comencé a andar por la habitación tan feliz de la vida para ir al baño a hacer mis necesidades y lavarme los dientes.
-Esto…Adrianne.-me llamó.-¿No te vas a poner algo en la parte de abajo?-me soltó con burla. No parecía incomodarle que fuese en ropa interior, es mas parecía divertirle hacerme pasar vergüenza.
-Oh, vaya…-me rasqué la nuca mientras mis mejillas se convertían en dos tomates.-¿Me pasas el pantalón que está ahí?
Me lo lanzó y entré corriendo al baño para que no viese durante mucho el rato el culo. A ver, que no era lo mismo cambiarse con los chicos que ya tenías un poquito de confianza, a estar en bragas, encima con un conejito en el trasero, enfrente de tu ídolo. Creerme, no fue para nada cómodo.
Cuando salí, Erick estaba dormido encima de su cama como un tronco, cosa normal después de que llevase como unas doce horas de avión, mas el jet lag y lo que había entrenado hoy. Lo miré con ternura y le tapé con la manta para después apagar la luz y meterme debajo de mis sabanas para descansar yo también un poco hasta las ocho de la mañana del día siguiente.
Llegamos hablando de diversos temas y lo primero que me encontré fue con la mirada gélida y para nada amigable de Axel. No entendía por que estaba así, por lo que yo decidí seguir como siempre y no perder el buen humor que tenía aquel día por la mañana después de descansar plenamente por fin en cuatro noches. Me reuní con los demás alrededor del chico moreno y escuché atentamente lo que tenía que decir.
-Mark, me gustaría enseñarte una cosa para que te acuerdes de mi, ¿Qué te parece?-todos sabíamos lo que iba a ser.
-Me parece genial.-se le notaba contento, aunque eso ya era propio de su ADN.
-¿Puedes echarnos una mano, Bobby?
-¿Estás pensando en eso?-me doy un golpe con la mano en la frente. Esa mañana la mas despierta era yo.
-Si, en la técnica del “Tripegaso”.
-Vale.
-¡Si!¡Ahora si que si estoy emocionado!-parece que va a ponerse a llorar de felicidad de un momento a otro.
-¿Y antes no lo estabas? Realmente no te entiendo, Evans.-niego con la cabeza varias veces causando la risa de todos salvo de Blaze, quien sigue de morros por algo.
Lo intentaron tantas veces que acabé por perder la cuenta cuando pasaron de treinta. Llevábamos como una hora de pie viendo como fracasaban una y otra vez sin llegar a conseguir nada, la verdad. Me estaba empezando a cansar de que aquello no saliera y me daban muchas ganas de intervenir para corregir todas las cosas que hacían mal, pero tenía por norma no ayudarles en exceso dado a que tenían que aprender a solucionar las cosas por ellos mismos. Erick, que les llevaba mas ventaja, sabía que el fallo se encontraba en la respiración para nada coordinadas de los tres y eso me aliviaba de cierta forma al dejarme por seguro que acabarían sacando la supertecnica. La técnica consistía en que los recorridos de los tres coincidieran en un solo punto y sí la fuerza se canalizase y acabase de alguna forma en el tiro. En una de esas el pegaso apareció pero al cabo de unos segundos acabó por desaparecer dejando una especie de huracán en medio del campo que consiguió despeinarme entera y que tuviese un cierto parecido con la niña del pozo. Nos pasamos todo el día intentando conseguir el dichoso tiro y no resultó por culpa de la trayectoria de Mark, quien siempre se desviaba y acababa uniendose en el punto equivocado de las otras dos líneas pero ninguno de los tres parecía desanimarse ni un poco.
La tarde la tuvimos libre por lo que aproveché para arrastrar a Blaze hasta el puente que unía las dos partes de la ciudad y ahí lo solté y me crucé de brazos. El chaval había estado todo el entrenamiento sin darme cara y encima cada vez que intentaba entablar una conversación con él, cogía y se iba sin ni si quiera dejarme pronunciar la primera palabra. No entendía que mierdas le pasaba y quería una explicación clara y sencilla donde expusiese su ralladura de cabeza y así consiguiese comprender que le hacía estar cabreado únicamente conmigo.
-¿Me puedes decir por qué me has traído aquí?-rodé los ojos.
-Que bien, pensaba que te había comido la lengua el gato y ahora eras mudo.-solté con sarcasmo.-Ya me puedes decir que ostias te pasa.
-Esa boca.-me riñó.-A mi no me pasa nada.
-Claro, y si mi abuela tuviese ruedas sería un tractor.-pongo los ojos en blanco e intento no explotar.-¿Por qué me has estado esquivando en el entrenamiento?-vuelvo a intentarlo un poco mas relajada.
-No te he estado esquivando.-mira que era cabezota.
-¡Hasta un ciego podría verlo!-levanto mis brazos al cielo ya cabreada.-No hagas como que no me entero de las cosas.
¡Y tu no hagas como si me quisieras para luego irte con otro!-lo miro como si estuviese loco.-¡No me mires como si fuese un lunático!
-Es que estás siendo un lunático.-le dejo en claro.-¿Estás celoso de Erick?
-Venga ya, Adrianne. Tendrías que ver como lo miras, parece que es la octava maravilla del mundo.-noto el enfado en sus ojos.
-¡Claro que no! Lo que pasa es que llevo mucho tiempo siguiendo su trayectoria en el fútbol y me parece un chaval super agradable.-me apoyé en la barandilla del punte.-¿Tu no mirarías así a alguien a quien admires?
-Pues no.-suspiré e intenté no partirle la cabeza.-Además, te atreves a venir hoy con él por la mañana. Dime, ¿qué le has hecho esta noche?¿Ha estado como esperabas o tenía poca experiencia para ti?
-No te estás atreviendo a insinuar lo que creo que insinuas.-mis ojos se aguaron por lo que acababa de decir.
-Todos sabemos como eres, Adrianne Dark.
Ni si quiera le contesté. No se lo merecía. Deshice mi apoyo y antes de irme del todo vuelvo hasta él y le doy una bofetada con la poca fuerza que tienen mis brazos en ese momento ya que tiemblan de ira. Después salgo corriendo hasta cualquier lugar y tras mucho camino descubrí que mi subconciente me había llevado hasta el hospital. Pensé por unos instantes en subir a ver a los chicos pero después de quedarme como una lela en la entrada, me seco las lágrimas con las manos y continuo mi camino sin rumbo ya que no me apetecía que ni David ni Joe intentasen matar a Axel y, aún menos, que ninguno de los dos se enterase de aquello tan pronto. Sin ningún lugar a donde ir, acabé sentada en uno de los bancos cercanos al instituto del Raimon viendo como la gente paseaba feliz junto a su familia y amigos. La ira no desaparecía y no sabía muy bien si era por lo que Blaze había dejado en claro sobre mi o por si hubiese metido al pobre Erick en ese fregado sin tener nada que ver en realidad. Perdí la loción del tiempo intentando calmarme y en pensar como arreglar las cosas para que el equipo no sufriese daños por esa tontería repentina que le había entrado a uno de sus delanteros estrella.
A la noche yo seguía andando por las calles sin ninguna gana de volver a casa porque lo que menos me apetecía es que el señor Hilman me preguntase porque tenía los ojos tan rojos y si me pasaba algo, ya que si alguna persona lo hacía sabía de sobra que volvería a ponerme a llorar como una fuente. Mi teléfono comenzó a sonar y lo cogí con el animo por los suelos para después contestar con una voz tan ronca que necesité toser para no parecer un hombre. Era Silvia, quien me estaba preguntando si me apetecía ir a casa de Mark ya que este la había invitado y que le daba un poco de palo ir sola. Al principio me negué principalmente porque mi aspecto no era el mejor pero tras mucho insistir de la chica acabé cediendo ya que solo me verían ella y el capitán. Me mandó la dirección en un mensaje y fui hasta la casa. Allí llamé al timbre y me abrió la puerta mi amiga quien tenía una bolita de arroz en la mano.
-Pasa, pasa.-me hizo un gesto para que avanzara.-Estoy ayudando a la madre de Mark porque resulta que todos los chicos están aquí.-y era verdad, toda la zona de los zapatos estaba llena de deportivas y casi no quedaba hueco para las mías.-¿Te pasa algo? Estás muy callada.
-Nada, tranquila.-puse mi mejor sonrisa.
-¿Has llorado?-me examinó la cara de un vistazo.-Parece que tienes los ojos bañados en sangre.
-Bueno…-¿Qué escusa ponía yo a eso?¿Qué tenía una gran alergia?-Prefiero no hablarlo de momento.
-Vale, cuando te sientas preparada sabes que puedes confiar en todas.-me dedica una sonrisa cálida y me guió hasta la cocina.
La señora Evans era un encanto de mujer pero cuando me ofrecí a echarles un cable y a ayudarlas a cocinar todo para esa jauría de fieras hambrientas me denegó cualquier tipo de ofrecimiento y me mandó que me sentara en una de las sillas para contarles que problema tenía. Repetí un millón de veces que estaba genial y que no ocurría nada pero al final acabó sacándomelo todo.
-A ese tal Axel no pienso darle ni una ración de mi deliciosa comida.-la miré con cariño. ¿Con que eso era tener una madre? Mark tenía mucha suerte.
-Ese se va a enterar cuando lo pille por banda.-mi amiga se cruzó de brazos y se acercó a mi.-Y tu no seas tonta, ni se te ocurra creerte lo que te ha dicho, ¿eh?
-No, tranquila, ya estoy mucho mejor.-mentira pero alguna que otra sonrisa me habían sacado.-¿Ya está todo listo, verdad?-la madre del capitán asiente.-Pues voy a decirles que bajen a cenar si no quieren quedarse sin nada. Es que huele muy bien todo.
Subí las escaleras y, como me indicaron, abrí la puerta correspondiente al cuarto de Evans encontrándome con todos sentados en el suelo hablando los unos sobre los otros. Me apoyo en el marco de la puerta y los miro ya que ni si quiera han notado que he llamado por culpa del barullo que tienen ahí montado.
-Es hora de cenar, parlanchines.-todos giran su cabeza como la niña del exorcista.-Si no bajáis ahora mismo, despedíos de cenar porque soy capaz de engullir a una velocidad merecedora de un premio ginnes.
Todo eso lo hablé casi sin dirigirles la mirada ya que mis ojos siguen hinchados y tan rojos que parezco un vampiro. Los chicos salen en estampida salvo Axel, que pasa a mi lado sin ni si quiera mirarme y Jude, quien ya me conoce demasiado bien y me aparta el pelo de la cara.
-¿Qué pasa?-niego con la cabeza.-No creo que David me deje vivir si no mato a quien te haya hecho llorar.
-No es importante, enserio.-suspiro y tiro de su mano.-Vamos a cenar, ¿Si?
-Está bien, pero ya sabes que cualquier cosa puedes contármelo.-me hizo un mimo en la cabeza y bajamos los dos juntos las escaleras.
La cena transcurrió tan normal para ellos mientras que yo me dediqué a comer y a no levantar mi vista del plato que tenía enfrente hasta que noté una patada en la pierna. Giré mi cabeza hacia la derecha encontrándome con la mirada disimulada de Erick, quien notaba que me pasaba algo porque sabía, al cenar la anterior noche conmigo, que casi bajo ningún concepto me abstenía de cualquier conversación por ridícula que pareciera. Mis ojos vuelven a brillar de más y me siento como si fuese una bomba a punto de estallar. Me dolía mucho las palabras que había soltado tan envenenadas hacia mi persona y no podía reprimir las ganas de llorar que me atacaban cada tres por dos haciendo que mis ojos ardiesen. Él me agarró la mano por debajo de la mesa y la apretó levemente para después dejarla sobre la mia, causándome así una paz tremenda. Sabía de sobra que si Blaze nos llegase a pillar en aquel momento, eso dinamitaría todo y seguramente ya no encontraría solución para su estupidez. No me gustaban para nada los celos y sentía que eran la peor enfermedad de todas ya que no existía una medicina que pudiese curarlos, requerían un tratamiento largo.
El lunes recién acabadas las clase corrímos al campo de fútbol para poder entrenar el tiempo que nos quedaba junto a Erick. En esas horas tenían que aprender a realizar el “Tripegaso” o no podríamos hacer nada una vez aquel chico cogiese el vuelo con destino Estados Unidos. Intento tras intento las horas pasaban y nada salía bien, y yo comenzaba a desesperarme porque no conseguían coordinarse del todo para acabar formando aquella táctica tan buena. Miré el reloj de pulsera y vi que quedaba tan poco tiempo que ya era prácticamente imposible que lo hiciesen, por lo que decidí jugar una carta, la única que teníamos. Di un paso adelante y después otro y otro hasta situarme delante de los tres chicos, quienes me miraron como si estuviese loca.
-Dije que ayudaría y eso voy a hacer.-digo decidida a cualquier cosa.-Nathan, goma para el cabello.-extendí mi mano hacia el de pelo azul.
-Ten.
-Gracias.-me até mi gran mata de pelo en una coleta.-Necesitáis juntar las trayectorias en un punto, pues bueno, aquí estoy. Yo seré vuestro referente.-di un saltito en mi sitio.
-Es muy peligroso.-comentó Jack.
-Eso, de ninguna manera.-Sharp negó con la cabeza.-No queremos lesiones.
-No me pasará nada, confío en ellos. Se que lo harán bien.-dije segura de lo que estaba haciendo.
-Contamos contigo.-Mark me miró serio. Por una vez en su vida no sonreía.
-Pero si fallais en la técnica…-Todd se puso a mi lado.
-Pues por eso mismo lo haremos bien.-exacto.-Porque Adri confía en que los tres lo consigamos, ¿A qué si? Porque cuando un corazón cree…
-Debemos responder con acciones.-contestamos Erick y yo a la vez para después mandarnos una mirada cómplice.
Oí gruñir a Axel pero pasé por alto el enfado del pitufo gruñón y me fui a mi puesto en aquel chut a puerta. Intenté centrarme lo mas posible en el campo y respiré profundamente para no tambalearme cuando viniesen. Era sin duda una acción muy arriesgada que podría acabar conmigo lesionada de manera severa pero me daba igual, lo que quería era ayudar a mis amigos y eso pensaba hacer aunque para eso tuviese que ser el vértice de tiro.
-¡Como falleis os las vais a tener que ver conmigo!-les grité.-¡Y después con papá pitufo!-señalé a Jude con el dedo índice y me reí yo sola del apodo que le había dado.
-¡No estamos para bromas pitufina!-me la devuelve y yo le saco la lengua.
La broma destensó el ambiente y por fin me coloqué y me quedé inmóvil con los ojos cerrados. Escuché la voz de Eagle marcando la salida de los tres y en cuestión de segundos como una gran fuente de fuerza emergió del suelo y se fundía con el balón. Miré el pegaso que se levantaba sobre mi pero unas manos fuertes me apartaron de allí para que no sufriera daños si eso se descontrolaba, mientras que Sam, Todd, Timy y Jack formaron una especie de escudo delante de mi. El balón acabó en la red y me deshice de mi enganche sin ni si quiera mirar de quien se trataba y fui dando brincos hasta los otros tres chicos para felicitarlos con una sonrisa plasmada en mi cara. En cuanto vieron que estaba bien se tiraron a abrazarme por ser su guía y me aplastaron entre sus cuerpos como si aquello fuese un sándwich. Al poco mi gran barrera humana se unió y dejó de haber aire en medio de tanta persona por lo que solté un quejido y un “Que me aplastáis” con voz ahogada.
-Estábamos decididos a proteger a nuestra delantera, ¿Verdad?-los miré con emoción. Si es que eran unos chicos diez.
-Y habíamos tomado medidas por si fuera necesario.
-¿En serio chicos?¡Que contento me pongo cuando os escucho decir esas cosas!-el también los abrazó.
-Y por si no eramos bastantes, teníamos preparados refuerzos.
Me giré y vi a todos los demás super bien equipados y con varias cosas por si me pasaba lo que fuera, incluso si solo me caía de culo, ellos me vendrían a recoger. Los ojos se me hinundan, pero esa vez de felicidad y suelto un sonoro “Oh” para después taparme la boca de la emoción.
-Chicos, muchas gracias.-suelto como puedo.-Que bonito es ver que te quieran tanto.
Silvia me hizo un gesto señalándose las manos y después dirigió la vista hasta Axel, por lo que comprendí que el primero que había saltado para apartarme del torrencial de fuerza había sido él por lo que le sonreí como siempre aunque aun me dolía bastante sus palabras.
-Este es el mejor equipo del mundo, Silvia.-miro al chico moreno.-Oye Mark, me alegro mucho de haberte conocido, de conoceros a todos.
-Bueno, ya basta de cursilerías, que al final me va a dar un subidón de azúcar que me van hasta a detectar diabetes.-suelto para que paren.
Me quedo hasta la tarde con Silvia y con Mark en el campo hablando de todo un poco, sobretodo de Erick, quien nos consiguió encariñar a todos con su persona y lamentabamos que no hubiese podido quedarse mas tiempo con nosotros para aprender mas cosas de su fútbol.
-Oye, ¿será ese el avión de Erick?-las dos miramos al cielo.
-Supongo.
-Es posible.
-¡Escucha, Erick, tenemos que volver a jugar al fútbol!-gritó el capitan a la nada.
-¡Eso!¡Qué quiero que veas mi técnica terminada!-copio su acción.
-Vale, pues juguemos.-por un momento miré confusa al cielo pensando que la voz estaba en mi cabeza pero me di cuenta de que no, de que provenía de mi espalda.-Era la primera vez que me divertía tanto jugando al fútbol, así que cuando llegó la hora no pude irme. Me quedaré un rato mas.-rompió en trocitos su billete y dejó que se lo llevara el viento.-Ahora mismo me muero de ganas por una cosa, quiero jugar al fútbol contigo Mark, con Adrianne, con Bobby y con todos los demás.
-Entonces te puedes unir al Raimon.
-Si, muchas gracias.-unieron sus manos y yo estaba que me quería morir.
-¡Por el amor de una madre! No me puedo creer que vaya a jugar en el mismo equipo que Erick Eagle…¡Creo que me voy a desmayar de la ilusión!-me puse la mano en la frente e hice un teatrillo para nada creíble.
Unimos nuestras manos para sellar el trato y de repente y sin saber como todos los demás estaban también allí. Los chicos parecían muy felices de que el moreno se quedara con nosotros.
-¡Chicos!-Celia se aproximaba corriendo. Parecían noticias importantes.-Ya sabemos con quien jugaremos el siguiente partido.
-¿Y quienes son?-mientras la pobre chica intentaba retomar el aliento.
-Pues nuestros próximos rivales son…El instituto Kirwood.-ese nombré me heló el cuerpo y mi mirada se enfocó en el pelo pincho.
¿Sabéis cuando las cosas van mal y piensas que no pueden ir a peor pero la vida te da en toda la cara y te destroza? Pues eso mismo acababa de pasar en aquel instante en el que Celia había pronunciado el nombre de aquel instituto. La que se nos venía encima era impresionante, sobretodo a Axel quien se había ido de aquel equipo dejándolos tirados por el accidente de su hermana donde estaba implicado mi padre. Simplemente perfecto. A parte, en aquel equipo estaban unos chavales, muy dignos de ser apaleados, que eran trillizos que seguramente al enterase de que jugarían un partido contra su ex compañero vendrían a tocar las pelotas y a meter las narices donde no les llamaban, por lo que tendría que empezar a hacerme infusiones de valeriana para ver si en los días próximos al partido no creaba yo mi matanza de Texas personal.
ESTÁS LEYENDO
Fuerza (Inazuma Eleven)
FanfictionEra necesario acabar con él, y eso solo iba a ser posible gracias a su fuerza, pero no a una física si no mas bien a la de voluntad y de espíritu. Millones de aventuras le esperan a la vuelta de la esquina y no piensa vivirlas sola.
