Una vez más, el equipo de voleibol Karasuno se enfrentaba a Fukurodani en lo que sería su último partido de práctica antes de regresar a casa.
—Eso casi es lo más interno que puede llegar un remate —comentó Suga, visiblemente asustado al observar el potente remate de Bokuto. Hitoka buscó respuestas con la mirada, confundida por lo que acababa de presenciar.
—Golpear el balón dentro del espacio interno de los tres bloqueadores es muy difícil. Te dislocarías el hombro si no eres lo suficientemente ágil —explicó Kiyoko, ofreciendo una respuesta a la pregunta no formulada de Hitoka.
—¡Oh! —exclamó la rubia, asintiendo para demostrar que había entendido.
Hitoka no fue la única en escuchar la explicación de Kiyoko. Desde las bancas, Yamaguchi también prestaba atención. Como un amigo preocupado, sabía que Kei estaba enamorado de Hitoka y deseaba ayudarlo a que lo admitiera. Después de todo, su amigo nunca antes se había sentido atraído por ninguna chica. "Podré ayudarlo cuando estemos en el autobús", se prometió. Pero el siguiente paso sería que Hitoka, de alguna manera, se fijara en Kei. ¿Cómo podría lograr eso? Yamaguchi observó a Hitoka y se sorprendió al verla sonreír mientras miraba a Kei. "¿Será que a Hitoka también le gusta Kei?", se preguntó a sí mismo.
—Hitoka-chan —la llamó Kiyoko—. ¿Podrías buscar más toallas, por favor?
La pequeña asintió y se dirigió a buscar las toallas, sin saber que su amigo Kei la observaba con una mezcla de nerviosismo y admiración. Era como si las mariposas en el estómago revolotearan de nuevo en su interior.
El marcador mostraba 10 a 8 a favor de Fukurodani, y Kei estaba al servicio. Mientras esperaba la pelota, vio a Hitoka recogiendo las toallas. De repente, un grito lo sacó de sus pensamientos.
—¡Cuidado!
Kei giró la cabeza hacia el otro lado de la cancha y vio una pelota dirigirse directamente hacia donde estaba Hitoka, quien, esta vez, no parecía darse cuenta del peligro debido a que estaba de espaldas.
—¡Hitoka! —gritó Kei, corriendo hacia ella.
Confundida, Hitoka levantó la mirada y se encontró con la de Kei, quien la tomó de la mano y la jalo hacia él justo a tiempo para evitar que la pelota la golpeara. El impacto hizo que la pelota chocara contra la pared, pero para Hitoka, el único detalle que importaba era sentir la mano de Kei sujetándola.
Kei había actuado instintivamente para proteger a Hitoka, y al darse cuenta de lo cerca que estaban, se separó de ella rápidamente y regresó corriendo a la cancha.
La reacción de Kei no pasó desapercibida para el resto del equipo. Era la segunda vez que actuaba de esa manera, algo poco común en él, que rara vez mostraba preocupación por los demás. Y lo más sorprendente de todo, ¡había llamado a Hitoka por su nombre! Estaba claro para todos: Kei definitivamente estaba enamorado de Hitoka.
—Shimizu-san —llamó Yamaguchi—. ¿Puedo sentarme contigo?
El plan de Yamaguchi era sencillo: que Kei se sentara junto a Hitoka. Después de lo que había presenciado en la cancha, estaba seguro de que ambos estaban enamorados mutuamente. La acción de Kei no era típica de él, y después de eso, Hitoka no dejaba de sonreír. Cada vez que veía a su amigo, sus mejillas se coloreaban de un rosa tenue. En el autobús, solo quedaban tres asientos vacíos: dos juntos y uno donde se encontraba sentada Kiyoko. El pecoso quería que estos dos se sentaran juntos en ese asiento.
Nishinoya y Tanaka rieron al escuchar lo que Yamaguchi le había preguntado a su amada. Obviamente, ambos habían preguntado a Kiyoko si podían sentarse junto a ella, pero ella les dijo que ese asiento era para Hitoka. Si ellos no habían tenido la oportunidad, obviamente Yamaguchi tampoco.
—Claro —respondió la pelinegra.
—¿¡Ah!? —gritaron Nishinoya y Tanaka.
Sí, el asiento estaba reservado para Hitoka, pero Kiyoko había planeado preguntarle a Yamaguchi si podía sentarse junto a ella para dejarle ese asiento a la futura pareja del equipo.
Cuando Kei entró al autobús, buscó con la mirada a su amigo para sentarse junto a él, como de costumbre. Sin embargo, se sorprendió al verlo sentado junto a Kiyoko. Decidió no darle mucha importancia y se sentó junto a la ventana en el otro asiento vacío.
El ambiente entre los dos se volvió incómodo. Para Hitoka, cada minuto que pasaba parecía prolongarse en una eternidad agobiante. Su corazón latía con una intensidad desconocida, como si estuviera intentando escapar de su encierro en el pecho. Cada latido resonaba en sus oídos, acompañado por la creciente sensación de un nudo en el estómago que se apretaba con más fuerza a medida que avanzaba el tiempo.
En contraste, Kei estaba decidido a ignorar cualquier señal de lo que estaba experimentando. Con la mirada fija en el paisaje que se deslizaba rápidamente más allá de la ventana, intentaba convencerse de que el malestar en su estómago era simplemente el resultado del ajetreo del día o de la digestión de la comida. Sin embargo, la verdad se le escapaba de las manos: algo en la presencia de Hitoka, algo inexplicable, estaba provocando un revuelo dentro de él que no podía ignorar.
Mientras tanto, Hitoka intentaba calmar sus nervios cerrando los ojos y respirando profundamente. Sin embargo, el agotamiento acumulado del viaje pronto la venció, y se sumió en un reparador sueño. Kei notó su estado dormido por el reflejo que proyectaba en la ventana y no pudo evitar esbozar una sonrisa ante la serenidad con la que reposaba. Con un gesto gentil, se despojó de su chaqueta del equipo y la colocó sobre ella, deseando que descansara en paz durante el resto del viaje.
El trayecto continuó en silencio, interrumpido únicamente por el suave zumbido del motor del autobús y los esporádicos susurros de los pasajeros adormecidos. Kei siguió contemplando el reflejo de Hitoka dormida por la ventana, sumido en sus pensamientos sobre lo que estaba sintiendo y cómo abordarlo. La presencia de Hitoka a su lado, aunque dormida, ejercía una influencia inexplicable sobre él, y luchaba por entender el significado de todo aquello.
Por otro lado, Yamaguchi estaba feliz por su amigo. Su plan iba mejor de lo que pensaba, ya que solo consistía en que Kei y Hitoka se sentaran juntos.
—¿Qué haces? —le preguntó el pecoso a Kiyoko al verla apuntando con su teléfono hacia donde estaban los dos.
—Tengo que capturar este momento en una foto —respondió ella, decidida a inmortalizar el momento.
Se podría decir que la pareja del equipo había progresado mucho gracias al viaje a Tokio.
ESTÁS LEYENDO
Enamorada de Tsukishima
FanfictionQuien lo diria, me enamore de Tsukishima, ¡Estoy enamorada de Tsukishima! Narrado en capítulos cortos. Se prohíbe cualquier tipo de copia, y adaptaciones sin mi permiso. Asimismo, también queda prohibida reproducción de esta obra por algún otro medi...
