Al no saber qué película elegir, Kei simplemente encendió la televisión y seleccionó la primera que le pareció interesante. Sin embargo, no le estaba prestando atención a la pantalla. Su mente estaba ocupada en cómo mover a Hitoka de su hombro sin despertarla. La chica se había quedado dormida a su lado, con una expresión tranquila en su rostro. Kei la observaba con ternura, notando cómo su respiración era suave y regular.
Cada vez que intentaba moverse un poco, temía despertarla, lo que lo mantenía casi inmóvil. Se preguntaba si sería mejor dejarla dormir ahí o intentar llevarla a la cama para que estuviera más cómoda. Pero al verla tan pacífica, decidió no arriesgarse a perturbar su sueño.
Con una mezcla de resignación y cariño, susurró para sí mismo:
—La mejor cita —comentó con ironía, aunque en el fondo sabía que no cambiaría ese momento por nada. Tener a Hitoka a su lado, aunque fuera en una situación tan sencilla y cotidiana, le hacía sentir una calidez que no encontraba en ningún otro lugar.
Mientras la lluvia seguía cayendo con fuerza fuera, Kei se permitió relajarse un poco más, apoyando su cabeza contra el borde de la cama y cerrando los ojos. Aunque no era la cita más emocionante, estar con Hitoka, incluso en silencio, era suficiente para él.
Después de pensarlo mucho tiempo, Kei decidió actuar. Con sumo cuidado, levantó a Hitoka en sus brazos, tratando de no perturbar su sueño. La llevó hasta su cama y la acomodó suavemente entre las sábanas, asegurándose de que estuviera cómoda. Observó su rostro relajado mientras dormía, admirando la serenidad y la belleza que irradiaba.
Se quedó un rato viéndola, notando los pequeños detalles: la forma en que su cabello caía sobre la almohada, la tranquilidad de su respiración, la leve curva de una sonrisa que apenas se dibujaba en sus labios.
—Kei... —murmuró Hitoka entre sueños.
—¿Qué? —respondió Kei, sentándose en el suelo junto a su cama.
—Kei... —repitió ella, su voz suave y adormilada.
—Está hablando dormida —se quejó Kei, observándola con curiosidad.
—Kei...
—Parece que le gusto mucho —comentó Kei, con una pizca de arrogancia.
—Te amo... —dijo Hitoka, aún en su sueño, con una ternura que hizo que el corazón de Kei latiera más rápido.
Kei se quedó en silencio, impactado por las palabras de Hitoka. Un sentimiento cálido lo envolvió mientras la miraba dormir, dándose cuenta de lo mucho que significaba para él. Quiso confirmar si su novia realmente estaba dormida y, efectivamente, Hitoka había hablado entre sueños. El rubio no esperaba escuchar esas palabras de su novia, lo que le hizo ruborizarse. Agradeció que ella no pudiera verlo en un estado tan vergonzoso.
—Yo también... te amo, Hitoka —dijo Kei nervioso, cubriéndose el rostro por si ella despertaba.
Kei recordaba perfectamente el día en que conoció a Hitoka, aunque de una manera inusual. Se había quitado los lentes y los había guardado en sus bolsillos porque se sentía mareado. No se dio cuenta en qué momento se cayeron de su pantalón, pero cuando lo notó, fue a buscarlos de inmediato. Fue entonces cuando se topó con Hitoka, quien se estaba probando sus lentes. Esto lo molestó mucho. "¿Por qué se pone unos lentes que no son suyos?", pensó con irritación. Después de ese encuentro, no la volvió a ver hasta que ella entró en la cancha.
Hitoka Yachi, primer año, clase cinco. Kei se sorprendió al descubrir lo inteligente que era, incluso más que él, aunque no lo aparentara con su timidez e inseguridad. Eso le llamó la atención. Verla ahí parada le causaba una mezcla de intriga y un dolor de estómago que no podía entender, por lo cual evitaba mirarla desde ese día. Sin embargo, algo en ella siempre lograba captar su atención. Aunque hiciera algo que le fastidiara, no podía dejar de verla y pensar en lo linda que era.
Era un sentimiento totalmente nuevo para él, difícil de entender. La necesidad de querer estar siempre con ella, de verla feliz, de hacerla feliz. De que lo notara.
Muchas veces odiaba ese sentimiento que ella le provocaba, como el que estaba sintiendo ahora mismo. Kei se había escondido en el baño, temeroso de que alguien lo viera tan ruborizado, a pesar de que la única persona en la casa estaba profundamente dormida.
Aquella primera vez que sus caminos se cruzaron de verdad fue durante una de las prácticas del club de voleibol. Hitoka, con su carácter tímido pero determinado, había comenzado a integrarse como la nueva manager. Kei, con su actitud distante y su sarcasmo habitual, no pudo evitar sentir una curiosidad creciente por esa chica que parecía esforzarse tanto por encajar en un entorno que le era completamente nuevo. La observaba de reojo mientras ella trataba de aprender las reglas, tomar notas y seguir el ritmo de los entrenamientos. Era una figura pequeña y discreta, pero irradiaba una energía que lo atraía de una manera que no podía comprender.
Con el tiempo, Kei comenzó a notar más detalles sobre ella. La forma en que se mordía el labio inferior cuando estaba concentrada, el brillo en sus ojos cuando lograba comprender algo nuevo, y su risa suave que se filtraba ocasionalmente en medio del bullicio del gimnasio. Cada pequeño gesto y expresión de Hitoka parecía despertar algo en él, algo que iba más allá de la simple atracción física.
Kei se dio cuenta de que se estaba enamorando cuando se sorprendió a sí mismo buscando cualquier excusa para hablar con ella, incluso si era solo para pedirle una toalla o preguntarle por los próximos partidos de práctica . La forma en que su corazón latía más rápido al escuchar su voz o al verla sonreír lo hacía sentir vulnerable y expuesto, sensaciones que no estaba acostumbrado a manejar.
Ahora, mientras se escondía en el baño, recordaba todos esos momentos con una claridad sorprendente. Había una calidez en su pecho que no podía ignorar, un deseo de proteger y cuidar de Hitoka que lo impulsaba a querer ser una mejor persona para ella. Se miró en el espejo, viendo el rubor en sus mejillas y la expresión de sorpresa aún evidente en sus ojos. Había algo liberador en reconocer sus sentimientos, aunque todavía le costara expresarlos abiertamente.
Kei salió del baño con una mezcla de diversión y autocrítica en su rostro. "Qué idiota", se dijo a sí mismo mientras se dirigía hacia la sala. Podría haber dormido en la habitación de su madre o de su hermano, ya que ambos estaban vacías en ese momento. Sin embargo, el simple hecho de tener que arreglar otra cama aparte de la suya le resultaba un fastidio.
"Además, lo más probable es que Hitoka arregle mi cama porque durmió ahí, por lo cual no la tendré que arreglar yo... " Pensó Kei con un tono de triunfo mientras buscaba una posición cómoda en el sofá. Se acomodó como pudo, dispuesto a pasar la noche allí y dejando que un pequeño atisbo de sonrisa se dibujara en su rostro. Aunque había tenido sus dudas al principio, ahora se sentía más relajado y contento de compartir su espacio con Hitoka, incluso si eso significaba dormir en el sofá por una noche.
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Enamorada de Tsukishima
FanfictionQuien lo diria, me enamore de Tsukishima, ¡Estoy enamorada de Tsukishima! Narrado en capítulos cortos. Se prohíbe cualquier tipo de copia, y adaptaciones sin mi permiso. Asimismo, también queda prohibida reproducción de esta obra por algún otro medi...
