Diez

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Hitoka y Kiyoko se encontraban sentadas en las bancas viendo el partido de práctica. Estaban 06 a 11, ganando Fukurodani. No era de sorprenderse que estos iban ganando; Bokuto prácticamente había hecho todos los puntos.

—¡Incluso si no pueden detener los remates del número 4, al menos pongan sus manos en ello! —les gritó el entrenador.

—¡Ya entiendo! —le dijo Hitoka a Kiyoko—. Incluso si no pueden detener el remate, con solo tocar el balón una vez reducirían su fuerza. Esto es lo que quería decir, ¿verdad?

—Exacto —respondió Kiyoko—. En el bloqueo se trata de dos variantes básicas: el "soft block" donde tocas el balón con tus manos para facilitar la recepción, y el "kill block" donde bloqueas el balón completamente.

—¿Cuando dices "kill" es como si fuera un tipo de asesino? —preguntó asustada Hitoka.

—Bingo —le dijo Kiyoko con una sonrisa malévola.

—¡Ehhhh! —gritó asustada la rubia.

—¿Entonces no podemos detenerlos? —preguntó Kei seriamente, dejando a todos sorprendidos.

—Bueno, sí. Si pudiéramos bloquearlos por completo sería genial —dijo el entrenador.

El tiempo fuera había acabado; era hora de seguir con el partido. Bokuto se preparó para rematar, Daichi y Kei corrieron para bloquearlo. Kei decidió poner en práctica los tips que le enseñó Kuroo. Puso toda su fuerza en los dedos y extendió sus manos hacia el frente y no sobre la red como lo solía hacer, creando un "kill block". Bokuto, al darse cuenta de eso, hizo una finta.

—Bokuto-san —lo llamó Akaashi—. Huiste hace un momento, ¿no?

—No hui, ¡lo evadí! ¡Y de manera excelente además! —se defendió.

A pesar de que Kei no había bloqueado la pelota, Hitoka se sentía feliz por el de los anteojos. Lo que le había dicho Yamaguchi despertó la curiosidad en él, y lo que le dijo Bokuto hizo que se esforzara para que llegara ese momento.

—¿Qué pasó ayer con Tsukishima? —le preguntó Kiyoko de repente.

—¿Eh?

—Ayer en la práctica, Tsukishima y tú no estaban aquí.

—¿Qué te hace pensar que entre Tsukishima-kun y yo pasó algo? —preguntó nerviosa Hitoka.

—Yamaguchi nos dijo que los vio juntos —le dijo Kiyoko con una sonrisa pícara, mientras se acercaba más a la rubia—. De la mano —susurró.

—Hay algo que no te he contado —dijo ruborizada la rubia.

—¡Ahhhh! —gritó Kiyoko abrazando a la pequeña, feliz. Hitoka no pudo evitar sonreír ante eso; Kiyoko era su primera amiga y se sentía bien de tener a alguien en quien confiar.

Kei se giró al escuchar la risa de Hitoka. Sintió cómo sus mejillas tomaban color; esto solo le pasaba cuando la veía sonreír. Pero no solo eso, también sintió algo raro en su estómago. "Definitivamente estoy enfermo", pensó el rubio, tapándose el rostro, no quería que sus compañeros lo vieran así. Pero ya era tarde, lo habían visto y no solo eso, también vieron la reacción de Kei al ver reír a Hitoka.

Por lo que les había dicho Yamaguchi la noche anterior, todos empezaron a sospechar y hoy, al ver la reacción de Kei, lo confirmaron: a Kei le gusta Hitoka, aunque él aún no lo sabe.




Hitoka decidió dar un paseo nocturno en su última noche en Tokio. Mañana regresarían a casa, así que quería disfrutar del ambiente tranquilo una vez más.

"Un llamado siento dentro, me llama el corazón, alegres son los sueños que siempre quise tener. Las tristezas de mi vida jamás poder contar, mas siempre miraré del otro lado porque estás tú", cantaba Hitoka mientras caminaba. Esa canción era su favorita.

—¿El viaje de Chihiro? —preguntó una voz detrás de ella.

—¡Ahhh! —gritó Hitoka, sobresaltada al reconocer la voz de Kei—. Ammm, sí —respondió nerviosa—. ¿Cómo lo sabes?

—Me gustan los dinosaurios.

—¿Y eso qué tiene que ver? Además, Haku es un dragón.

—Los dragones no existen, son un invento, y lo más parecido a un dragón son los dinosaurios.

Hitoka trató de pensar en una respuesta, pero nada le venía a la mente. Kei, al ver sus gestos torpes, levantó una ceja de manera intimidante, desafiándola a que dijera algo, pero al final, ella no dijo nada.

—¿Quién diría que Tsukishima-kun había visto El viaje de Chihiro?

—¿Qué adolescente japonés no vio en su niñez "El Viaje de Chihiro"? Hasta los niños de hoy en día seguro la han visto.

—Cierto —comentó Hitoka.

—Además, soy una persona común y corriente.

—La mayoría de las personas comunes y corrientes sonríen de vez en cuando, y no de una manera cínica.

Tch —chasqueó la lengua Kei, admitiendo para sí mismo que la rubia tenía razón—. Yachi-san —la llamó.

—¿Sí? —respondió ella, tapándose el rostro disimuladamente para ocultar su rubor. Aunque todos en el equipo la llamaban así, sentía algo especial cuando Kei lo hacía; sentía las famosas mariposas en el estómago.

—La pregunta que me hiciste anoche sobre "¿Cuáles son los tres límites?", ¿lo mencionan en El viaje de Chihiro? —preguntó Kei.

Hitoka asintió.

—Ah —dijo Kei, pensativo, y continuó caminando.

Hitoka decidió seguir caminando detrás de él. Le gustaba tenerlo cerca, observarlo y hablar con él. Le gustaba pensar que podría haber algo entre ellos, aunque en el fondo sabía que era algo improbable.

"Cada vez que la gente comete errores no queda remedio más que ver arriba y observar hacia el cielo azul. El camino parece que no termina y siempre lo creemos pronto serán capaces esas manos de hallar la luz", siguió cantando Hitoka. "Después de un adiós vacío se siente el corazón, los sonidos sienten cómo se silencia tu interior. El misterio de la vida, el misterio de morir y el mismo es el viento, y en las flores donde estás tú".

Kei, al escuchar a Hitoka cantar, sonrió para sí mismo, dándose cuenta de cuánto le gustaba la dulce voz de la rubia. "Es extraño", pensó Kei, sintiendo una calidez en su pecho, "Nunca me había sentido así antes."

Enamorada de TsukishimaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora